El Más Allá es aquí

Era febrero, otra vez. No me voy a extender mucho con este artículo, pero febrero siempre vuelve.

Mi madre estaba triste, nos abrazamos. Estábamos en la cocina. Habíamos hablado de cosas, de mi hermano, de la familia, de las rupturas, de las flaquezas de todos y de las virtudes de nadie. Ya lo dije el año pasado por este tiempo, febrero es puto. Hay frustración, hay demasiada pena. Me enfada y me deja triste después. No sé si he avanzado, dudo de mí; de si de verdad se puede avanzar en lo de echar de menos a alguien que se ha muerto. Se me quedan los pies helados.

Ahora ya no es así, pero a mi madre le llamó a su puerta la parca después de la partida de mi hermano. Y yo sentí los nudillos fuerte en mis tripas, porque ella quería abrirle la puerta. Ahora ya no es así, pero febrero aprieta las tuercas. Me da por pensar en el sentido de la vida, en si es verdad que estamos todos aquí. Me hablaron de las experiencias con la muerte, de esas personas que mueren clínicamente y luego hablan de detalles y aportan datos que solo podrían haber conocido de haber estado presentes de verdad; pero estaban muertas. Que si hay vida más allá de la muerte, que si solo es un tránsito. Médicos y científicos dudando de su conocimiento, admitiendo que somos algo más que un cerebro y un corazón latiendo en sincronía. Yo ya sé que somos algo más, pero no porque haya algo mejor en otro lugar, sino porque existe esa forma de conectividad innata que nos hace presentir. Y luego está la capacidad de observación consciente y la que es sin saber. Uno almacena datos en este ordenador dentro del cráneo y nos ayudan a recibirlos todos estos receptores que hemos llamado sentidos. Pero no se puede saber cómo pensamos, cómo los guardamos, cómo funcionamos del todo; siempre subyace el misterio de vivir. Las preguntas existenciales no son más que maneras de direccionarse, pero el misterio no es tanto sobre lo que hay más allá, sino sobre lo que está aquí delante de mí. Cómo es posible que esté aquí y no en otro sitio o de otra forma.

Me quieren consolar cuando me dicen que mi hermano está en un lugar mejor, que me ve a cada instante, que me acompaña y está conmigo y, admito, lo digo o lo acepto en sociedad porque no me suele apetecer contradecir a nadie sobre cuestiones que dan tranquilidad al sesgo mayoritario de la población. A mí no me parece que mi hermano esté aquí, me parece que no está desde que se enfermó. En ese instante comenzó su transformación y tuve la suerte de presenciarla, no sin sentir toda la pena sobre mis hombros día tras día, minuto tras minuto. La vida abriéndose paso de la manera más cruel, destruyendo tus órganos vitales. Pero la transformación sucedió delante de mí, alcanzó su propia luz en mi presencia, brilló desde su enfermedad, y luego se tuvo que morir. Porque uno no puede desprender ese fulgor y luego albergar su propia vida; y es que desde la perspectiva mortal, nada importa más que el oxígeno.

Confieso que no soy una mujer de Dios, pero solo Dios sabe que sí lo soy. Yo pienso como un mortal, como alguien que no cree en la magia más que a través de la apreciación de lo que soy capaz de entender. Qué hay más mágico que entender. No creo que pueda volar, ni caminar sobre el mar. Ni que algo mejor me espera en el Más Allá. Me angustia pensar en que hay algo más, ciertamente. No porque sea mejor o peor que esto de ahora, sino porque me parece que es un lenguaje no destinado a mi comprensión. Por tanto, una pérdida de mi escaso y valioso tiempo aquí. Y aunque todo lo que hago en este blog es cuestionarme si lo que pienso tiene sentido, si vale la pena seguir adelante o si fui lo bastante honesta conmigo, por fin hay una cosa por la que no me vale de tanto pararme a pensar: quien se muere se va y eso es lo que más duele de todo. No hay que describirlo más.

Entonces, me abracé a mi madre y en ese abrazo apareció una imagen. Mientras ella miraba por encima de mi hombro, se fijó en el suelo. La cocina es antigua, de esas que conservan los azulejos de antes, cuadrado e imitando las vetas de mármol caro. Un intento de esa clase media del siglo pasado que sí existía de adjudicarle cierta clase más elevada al suelo que pisarían los antiguos propietarios y sus hijas. Observo que cuanto más sufrimos internamente, más señales creemos ver afuera que justifican la importancia de nuestras vidas; importancia que, sin querer, ponemos en duda. No es una señal de nada que al pensar en mi hermano se cruce delante una mariposa blanca aleteando. Cuántas mariposas habrían de hacer falta, por decir una de las cosas. pero el ser humano, las personas, necesitamos seguir conectadas a los que perdimos, a los que ya no están. Y no suele valer solamente pensar en ellos, porque si solo pensamos en ellos, nada se manifiesta afuera. Y lo que pesa es que todos vean la mariposa y piensen en quien yo pienso. Y a la vez los rituales nos salvan de la pena honda, porque de ahí que nos sintamos más acompañados. Mi abuelo Narciso no salía de casa sin besar cada una de las fotografías de todos sus seres queridos. Se besaba primero el pulgar y luego pasada la yema por el portarretratos. Repetía esa acción con todas las fotos. El primer cajón de su mesilla de noche no contenía ni pañuelos ni calcetines ni rosario, presentaba una exposición de fotografías acostadas boca arriba encajadas como un puzle las unas con las otras. Y a todas ellas también les pasaba el pulgar. No podías abrirle el cajón, porque siempre percibía que alguien había estado trasteando por ahí. ¿Era útil el gesto? Para la humanidad probablemente no, pero para él de incalculable valor. Su respeto y su tranquilidad en cada beso. Mi abuelo no era la persona más ejemplar de ningún muestrario de nada, pero aprendí mucho de él. Yo no beso mis fotos, pero sí mantengo rituales que solo yo conozco. Y uno de ellos es no encararme con quienes creen cosas que yo no creo y dejar a los muertos descansar en paz. Y tampoco me parece bien que me abran el cajón de mi mesilla de noche.

La mirada se le paró en una forma de una de las losas y me estremecí con ella sin saber por qué. Este edificio donde vive mi madre fue construido un año antes de mi nacimiento, creo recordar, en 1980. Los antiguos propietarios reformaron el suelo de la cocina en los inicios de los años noventa, como decía. Nosotros no hemos cambiado aún esas losas. Mi hermano nació en 1996 y no se hizo popular hasta 2016, aproximadamente. Hemos pisado este suelo millones de veces, mis abuelos vivían en esta misma casa antes de su fallecimiento. Y ahora es la casa de mi madre. En 2023, Fernando Quirós ideó en un sueño este diseño, la silueta de mi hermano con su brazo levantado en su conocido «Siempre Fuerte»:

Y en 2025 mi madre y yo nos abrazábamos en la cocina y veíamos esto en el suelo de nuestra cocina:

Según qué creas, esto te parecerá una chorrada o te dejará ojiplático. A mí no me parece ninguna señal del Más Allá ni creo que sea ningún mensaje encriptado ni me resulta tan importante. Pero el ser humano necesita creer que volverá a tener noticias de esa persona que ama y a quien jamás podrá ver nunca más. Lo más impactante de todo fue el asombro de haberlo visto justamente en ese momento. Y me encanta la idea porque justifica mi teoría de que únicamente podemos ver aquello que conocemos. Y, si afino un poco más, solo podemos entender aquello que conocemos.

A pesar de haber pisado, limpiado, vivido ese suelo más de 30 años, nunca podríamos haber visto esta silueta porque mi hermano, para empezar, ni siquiera había nacido cuando estas losas fueron creadas y, más tarde, utilizadas en la cocina de mi madre. Podemos pensar que es alegórico, que sí que hay un mensaje, que el destino está escrito. Pero si esto es así, ¿por qué escribirlo en un lenguaje que ni siquiera podemos ver, mucho menos, descifrar? No es una forma de una losa al azar, es el mismo diseño repetido una y otra vez. Quiere decir que habrá otros hogares con esta misma figura en su suelo y pasará desapercibida, sencillamente, porque no esperan sentir la presencia de mi hermano con ellos en cada nano segundo de su existencia, como me pasa a mí.

No sé cuál es la respuesta, solo sé que me he extendido más de lo que pensaba en este artículo y que así mismo es la vida. Un misterio. Quizás la muerte no sea más que un trabalenguas más.

Hace tiempo que no recomiendo una serie y de esta ya he hablado antes: The Leftovers. Me fascinó el conjunto, las tres temporadas son magistrales incluyendo la segunda, que tiene toda la confusión de lo real y lo onírico, justo lo que la gente que ha tenido experiencias cercanas a la muerte describe. Era lo mismo, pero distinto, mejor, suelen decir. La serie explora todas estas cosas que acabo de contar, si hay vida más allá de morir, si vale de algo pensarlo, si es cuestión de averiguarlo y qué harías por volver a ver a tus seres queridos. Qué sería de ti si de pronto y al azar, desaparecieran millones de personas de la faz de la tierra y nadie supiera qué ha pasado…

8 comentarios en “El Más Allá es aquí

  1. Hace falta mucho talento para crear una disertación tan bella y triste a la vez, en torno a tres palabras: Febrero, cerámica, rituales.

    Pasamos la vida huyendo del miedo a la muerte y negando que lo sentimos.

    Gracias por exponerte.

    Una de las cosas mas difíciles de cumplir es la última voluntad de nuestro ser querido, ni mas ni menos que ser felices, tras su partida.

    Abramos la puerta a febrero, dejemos que nos atraviese su frio, su dureza, que recorra el suelo paranormal de la cocina y nos ayude a celebrar su vida, su legado y su amor.

    Le gusta a 1 persona

    1. Cumplir la última voluntad es para nosotros, y es difícil. Toda esta historia es triste, pero viene la pulsión de seguir adelante y de honrar a los que ya no están con los que sí estamos. Muchos besos.

      Me gusta

  2. Precioso escrito. Para algunos es febrero, para otros… echar de menos a alguien duele, digan lo que digan. Siempre habrá un momento, un olor, una canción, una frase… que nos recuerde que no está. Y somos nosotros, y solo nosotros, quienes sabemos cómo duele, y el tiempo dirá qué necesitamos en cada momento. Como siempre, gracias por compartir y siempre fuertes.

    /

    Le gusta a 1 persona

¡Deja un comentario!