Hipersexualidad

La hipersexualidad, por definición, es una conducta sexual compulsiva. Y tú dirás: «¡venga ya! yo no tengo sexo de forma compulsiva». Puede ser que no, pero también pueda ser que sí y no te hayas dado cuenta. La hipersexualidad es, además de una conducta sexual compulsiva, una respuesta al trauma que puede confundirse fácilmente con ser una persona de mente abierta.

Pienso mucho en la hipersexualidad porque tengo una hija pequeña, una niña, Sofía; pero es que, antes de ella, también me preocupaba. Las mujeres tenemos integrado ese chip que nos dice que no debemos hablar abiertamente de sexo, que no debemos disfrutarlo abiertamente y que, muchísimo menos, debemos ser promiscuas. La promiscuidad es más bien un asunto masculino por historia, pero siendo más honestos y reales, la promiscuidad es uno de los comportamientos más antiguos del ser humano de todos los sexos posibles. Es cierto que en muchos casos tiene que ver con la búsqueda hedonista del placer en superficie, pero, en términos de la edad contemporánea que vivimos, la promiscuidad es una respuesta clara al trauma. Tampoco sería justo decir que este trauma esté únicamente ligado al patriarcado, pero también; el patriarcado nos tiene invadidos a todos, hombres y mujeres, desde que nadie ya puede recordarlo. Está en las decisiones magnánimas, y está en las decisiones micro. Y, por supuesto, en el medio de todo eso.

Pero no te quedes con la única idea de que quiero echarle la culpa de las prácticas promiscuas o de la hipersexualidad exclusivamente al patriarcado, porque quiero afinar muchísimo más. Me gustaría que vieras mi punto de vista sin necesidad de otros tengan la culpa, sino trabajando la capacidad que todos tenemos (en mayor o menor medida) de analizar nuestro comportamiento en función a la experiencia de vida que hemos tenido y tenemos. Quisiera que pusieras en duda tu propio comportamiento sexual, ese que solo tú conoces, para que pudieras examinarlo. Debo decirte que no empezó mi camino terapéutico por cuestiones de índole sexual, pero al poco tiempo me di cuenta de que la vida sexual refleja un comportamiento innato de instinto de supervivencia muy gráfico. Por eso me parece tremendamente útil que, una vez pasado ese proceso de trabajo personal en el que te empiezas a conocer mejor y dejas de estar tan encantada/o de haberte conocido para pasar al amor propio verdadero, puedas comenzar a analizar en qué momento te encuentras a nivel sentimental, emocional y sexual. Que sepas explicarte a ti misma/o cómo y por qué has llegado hasta aquí.

Algunas personas interpretan su alto deseo sexual o disposición a explorar como una forma de apertura sexual: abrazar la libertad, rechazar la vergüenza y disfrutar del placer sin límites. Pero, ¿y si no se trata solo de una elección? Cuando el sexo se convierte en un mecanismo para evitar el malestar, demostrar valor o sentir algo en ausencia de una conexión más profunda, no es apertura, es supervivencia. La verdadera libertad sexual viene con una elección consciente: sin resentimiento, sin culpa, sin vergüenza, sin arrepentimiento, solo deseo genuino.

La hipersexualidad, en cambio, no es una elección, es una transacción. Sé que suena fuerte, pero las cosas hay que nombrarlas. La hipersexualidad es una moneda de cambio. Entregas tu cuerpo para sentirte deseada/o, para evitar el abandono, para silenciar el miedo a no ser digna/o de amor. Se moldea a partir de heridas del pasado, de experiencias donde el amor se sintió condicional y la validación debía ganarse. En lugar de generar intimidad real, te mantiene atrapada/o en un ciclo de búsqueda de aprobación a través del sexo.

La hipersexualidad puede parecer libertad, como si estuvieras abrazando plenamente tus deseos sin presión. Pero si después sientes culpa, vergüenza o resentimiento, ¿fue realmente una elección? La diferencia no está en el acto en sí mismo, sino en el por qué. Si el sexo se siente como un medio para probar tu valor, evitar la soledad o ganar validación, no es apertura mental, es una estrategia de supervivencia. Una elección genuina no te deja cuestionando tu propio valor. Todo esto lo sé no solo por haberlo trabajado en terapia, sino porque he examinado mi comportamiento y mis decisiones en mi vida sexual, incluyendo el por qué de elegir a mis parejas sexuales. Y he sabido indicar con el dedo cada una de las situaciones en las que después me vi cuestionando mi propio valor como mujer y como ser humano. No necesariamente por haber cruzado límites que no quisiera cruzar, sino por haberme visto atrapada en el deseo de ser amada sin saber cómo conseguirlo. Para esto y para todo, debemos nombrar las cosas y hablar de lo que es tal y como es. Fuera prejuicios limitantes. Una vez que hemos vivido cosas y hemos aprendido, tenemos la responsabilidad de ser mejores y, en mi caso, enseñarle a mi hija a quererse a sí misma de la forma más sana posible. Y que se entienda a ella por encima de todas las cosas.

La libre elección suena como: «Quiero hacer esto», «Esto me hace sentir bien». «No». «Sí».
La hipersexualidad suena como: «Si me desean, entonces valgo», «Si les doy mi cuerpo, me amarán», «Si sigo teniendo sexo, no tendré que ser vulnerable de verdad». «Si tengo pareja, tengo que acostarme con ella/él siempre que ella/él quiera», «Si dejo que me haga lo que quiera, me querrá».

La elección se basa en la confianza en uno mismo. La hipersexualidad se basa en el miedo. No se trata de placer, sino de demostrar que eres digna/o de ser querida/o, incluso a costa de ti misma/o.

Escucha, últimamente leo mucho sobre la sexualidad de las mujeres. Y he llegado a diferentes libros que presentan historias, unas muy liberadoras a nivel de tabúes sociales y otras que te duelen. Hay uno en especial, Mujeres Que Follan de Adaia Teruel: me parece un libro necesario. Por el título, por las historias y porque hay que nombrarlo todo, como siempre digo. En ese libro no se mencionan demasiado los por qué reales de cómo llegan las mujeres a esas situaciones aparte de contar los hechos, los datos de las historias, en mi opinión. De ese saldría una magnífica secuela explicando la experiencia de vida que a cada una de ellas les llevó a preferir unas cosas sobre otras. Para mí, Esther, ese seria el libro que no podrían arrancarme de las manos; pero apoyo libros como este porque muchas personas necesitan leerlos, incluida yo. Si no es hablando de la realidad de la gente, entonces ¿cómo?

Otra forma de acercarte a la sexualidad de otras personas es a través de la literatura. Oye, que ya muchas hablaron de sexo antes que nosotros, que parece que se nos ha olvidado… Safo de Lesbos en el Mundo Clásico además de autores hombres como Ovidio, Platón y Aristófanes; ¡El Kamasutra!, Bocaccio y ¡Christine de Pizan en la Edad Media!, hoguera a las brujas. Y, luego, Baudelaire, Marqués de Sade, ¡yo qué sé! ¡Muchos! Menos mujeres, pero también: Mary Wollstonecraft, Madame de Staël, Kate Chopin, Tennessee Celeste Williams, Edith Wharton, Marguerite Yourcenar y D.H. Lawrence, que, aunque es un autor hombre, su obra fue fundamental para comprender cómo la sexualidad y el deseo pueden verse como temas de libertad y liberación, especialmente para las mujeres, en un contexto social y de clase. Y te digo que estas cosas yo las estudié en la universidad, y a mí me licenció Juan Carlos I, eran otros tiempos aunque no tan lejanos. Hoy ya existen miles de mujeres autoras que escriben sobre sexualidad. Y también hay librerías especializadas en ello y en muchas otras cosas como el colectivo LGTBIQ+. Aún así, poco me parece.

La hipersexualidad no es solo un hábito, está arraigada en el cerebro. El sistema límbico, responsable de los instintos de supervivencia, impulsa comportamientos compulsivos cuando el trauma no se ha resuelto. Cuando las necesidades emocionales no se satisfacen, el cerebro busca alivio a través de patrones como la hipersexualidad. No se trata solo de convencerte de que eres valiosa/o, sino de experimentarlo. La sanación no ocurre solo a través del «respeto propio», sino creando un cuerpo y una mente que ya no necesiten validación para sentirse completos.

Sanar no es dejar de sentir deseo, es aprender a sentirlo desde un lugar de amor propio y no de carencia.

¿Qué pasaría si el deseo naciera solo de ti y no de tu miedo?

Un comentario en “Hipersexualidad

  1. El miedo detrás de todo. Enhorabuena , Esther, eres sabia y valiente, te admiro

    Necesitamos nombrar las cosas, los sentimientos, las emociones, las acciones, para sanarnos.

    Gracias, Jabata

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