Siempre me ronda más de una idea por la cabeza que quiere ser escrita. Es algo así como una especie de olla que suele estar a punto de ebullición. Cuando una idea se me fija más, esa es la que tiene que salir. Lo encuentro arrebatadoramente interesante.
Mañana será 25N, me toca tele y es una oportunidad excelente que me brindan Nadia y Roberto (además de la 101TV Málaga) para explicar conceptos de comunicación que me resulten atractivos o que vengan al caso. ¿Nunca te ha pasado que alguien te hable de forma que no te gusta, pero no sabrías apuntar qué es eso exactamente que no te encaja hasta que ya ha pasado el momento? O cuando estás tú misma con una persona en conversación y esa persona reacciona de forma defensiva y no sabes muy bien por qué… no es siempre que los demás nos agredan con su lenguaje o sus gestos, es que nosotros también lo hacemos. Lo bueno de esto es que, aunque el acto de hablar/ comunicarse tiene un altísimo porcentaje de arrastre del inconsciente, es un ejercicio voluntario. Es decir, podemos controlar una buena parte de lo que decimos y cómo lo decimos; de lo que ocultamos y de lo que queremos visibilizar con nuestras palabras.
Algo sí que tengo claro y me deja fascinada cada vez que sucede: mi madre me dice unas cosas que son brutales. Me pongo a hablar con ella de cualquier cosa y termino compartiendo reflexiones diarias que ella me devuelve con otras que le dan mucho más cuerpo a las que yo ya vengo pensando. Como si ella también visibilizase su pensamiento a través de mí y, en conjunto, salieran otras ideas mucho más elaboradas y elocuentes. Si tienes una madre que se preste a este oleaje, explora, no lo dejes para mañana. Lo que puedas avanzar con tu madre es un camino que nadie más va a poder mostrarte, lo sé porque la tengo a ella; pero, también lo sé porque yo misma soy madre y la reflexión es mi modus operandi natural.
El lenguaje agresivo es un tipo de comunicación verbal o no verbal que busca imponer, dominar o intimidar al otro y, por eso, las personas que son más inquisitivas o que tienden a decirte lo que debes o no debes hacer terminan muchas veces utilizando un lenguaje agresivo aunque no sea su intención. Yo pienso que se usa como una herramienta de poder y control, pero no sin consecuencias (como todo) porque genera daño emocional y psicológico, no me importa si es solo un poquito de daño o es mucho: el daño es daño. Y aunque puede parecer una forma directa de expresar opiniones o emociones, tiene consecuencias negativas para las relaciones personales y profesionales, y está estrechamente relacionado con la violencia psicológica. En el contexto del 25N, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, el lenguaje agresivo adquiere especial relevancia, ya que muchas formas de violencia comienzan con agresiones verbales.
¿Qué es el lenguaje agresivo?
Para describirlo sin que mis reflexiones se metan mucho en el medio, diría que el lenguaje agresivo incluye palabras, tono de voz, expresiones corporales y/o gestos que siempre tienen un cometido un poco oscuro como herir emocionalmente a alguien o desacreditar, menospreciar o humillar. Esto, si el lenguaje agresivo es consciente.
También lo usamos para que el otro sepa que estamos frustrados (esto a mí me pasa mucho), enfadados o cuando despreciamos a alguien, así a lo bestia. Ni qué decir tiene (aunque lo voy a decir) que el lenguaje agresivo puede incluir abiertamente gritos, insultos, amenazas, cuando es verbal… y algo que va a levantar ampollas: sarcasmo. Es fácil identificar que alguien es agresivo con nosotros si nos grita, si nos desprecia y, por supuesto, si nos insulta. Pero, nos cuesta mucho el tema del sarcasmo porque, asombrosamente, se considera una cualidad de ingenio. Vale… sí, a mí también me parece muy ingenioso el sarcasmo, como que hay que valer, saber, estar ahí pendientes del momento justo donde decir una frase tremendamente hiriente y que el otro se la quede y se dé cuenta momentos después, días, meses e, incluso, años. Sí, para eso hay que valer. Pero, más que valer, hay que querer operar así. Ser esa persona. Mi conclusión es que nos gusta mucho, nos parece muy atractivo, saber ser sarcástico porque nos alucina ese poder, ser usuario de esa herramienta de forma casi involuntaria y natural es como si tuviéramos un súper poder. Pero, ¿qué nos hace pensar que nunca estaremos en el otro lado solo porque nos visualicemos en el lado del sarcástico? Los demás pueden utilizar la misma herramienta y arrojárnosla a nosotros. Ser víctima de un comentario sarcástico no-es-guay. Ser víctima, receptor, sufridor, esto no es lo que queremos. Esto duele. Así que ya parece explicado que no, no mola ser sarcástico aunque nos haga gracia; aunque sepamos que esas personas son muy inteligentes, aunque veamos que tienen un sentido del humor muy rápido (en muchos, muchos casos, también muy ácido). En mi mundo, la inteligencia se usa para el bien, porque el mal ya viene y reside por doquier.
Yo me hago consciente a voluntad de las características que esto trae, no solo el sarcasmo, sino el lenguaje agresivo en términos generales. El sarcasmo por sí solo es agresivo y puede doler, pero los sarcásticos no se dan cuenta de lo mucho que revelan de su propio miedo a ser heridos. Los que se definen a través del sarcasmo son personas muy frágiles que conviven con un miedo atroz a ser descubiertos en su vulnerabilidad detrás de la máscara del sarcasmo. Es difícil darse cuenta, pero fíjate. Estas dinámicas me dejan muy enganchada, soy como una adicta a los entresijos de las formas de comunicación de las personas, de la mía y de la de los otros. En general, detrás de una persona que envía sus mensajes con agresividad yace una intención de control, una necesidad de dominio de la situación o de la persona. La imposición que resulta de cuando somos agresivos con nuestra forma de hablar no permite un intercambio más equitativo de ideas y suele estar muy, muy cerca de la temible y pesadísima imposición de ideas, esa manía por convencer al otro de lo que nosotros pensamos o decimos o queremos que ellos terminen pensando. Qué desidia, por dios. No puedo olvidarme de que el lenguaje agresivo perpetuado en el tiempo, es decir, cuando eres ya una persona que habla de forma agresiva a diario o que utilizas el lenguaje agresivo como forma de comunicación, denota una grave falta de empatía: de pronto y casi sin darte cuenta (quiero pensar) decides que lo que el otro piense o sienta no importa y te lo vas a pasar por el arco del triunfo. Atención al tono de voz, porque esto lo disculpamos muchísimo y no debe ser así. Una cosa es hablar con buen tono, que suele referirse a hablar con tono seguro, no necesariamente alto, y otra cosa es hablar a voces o casi. Esto es agresividad social asumida. Pues, no. No me gusta que me hablen alto ni tampoco lo disculpo y suelo pedir que me hablen más bajo, incluso, a los niños. Mi abuelo hablaba demasiado alto y yo lo amaba, fue mi primera figura paterna, quizás la más importante; pero, mi abuelo, aunque era amoroso y me quería, fue un tipo duro y agresivo con sus hijos y con muchas otras personas, incluso desconocidos, y en mi presencia. Mi abuelo era un hombre de actitud agresiva, pero cómo no iba a serlo entendiendo su historia, que no viene al caso ahora. Y aún así, aún entendiendo la historia de alguien, no es motivo suficiente como para disculpar el comportamiento. Se entiende el trauma y se acepta, pero no se tolera el comportamiento. Te recuerdo que el comportamiento es voluntario. El lenguaje corporal también es un buen indicador, a veces son pequeñas señales como cerrar los puños sutilmente; otras veces los puños ya están preparados para el puñetazo. Empieza en tu entorno laboral, por ahí en las oficinas, los trabajos, suceden infinidad de momentos donde la agresividad debe ser reprimida (porque no puedes liarte a hostias con tu compañero ese que es un gilipollas, que todos hemos tenido uno o una). Es un buen campo de entrenamiento y práctica, aunque súper jodido y muy difícil. Y no te fijes solo en los puños, presta atención a la mirada, la postura corporal, los cambios faciales, la respiración. Las señales suceden. Pista importante: si me observas estas señales a mí, no te quedes cerca.
Esto te lo digo muy en serio y volviendo a lo que decía antes de mi madre, que ella me enriquece las conversaciones desde su propio plano, te acordarás de que siempre ando hablando de mi ira, de mi violencia. Seguro que ya has leído en más de un artículo de los míos que me describo como iracunda y violenta, pues parece ser que no me creen muchos cuando lo digo. Seguro que mi psiquiatra sí. Y mi madre también. Y mi hija, que es quien sabe de verdad con quién está tratando. Que yo albergue ira o reconozca mi parte más violenta no hace que aplique la ira o que ejerza la violencia, pero sí evidencia mi agresividad. Pienso mucho en ello, cada vez que me enfado (y es a menudo) pienso en qué me pasa, por qué quiero darle rienda suelta a mi lado más salvaje y agresivo y, luego, nunca lo hago. Me pongo a coser, me pongo a escribir, me pongo a pensar, me pongo a materializarlo en algo que me tranquilice. Y prometo que la ira que siento y la violencia que quiere apoderarse de mí es avasalladora. Y de esto hablaba con mi madre, que, siendo pacifista y muy tranquila, cómo puedo sentir ese dolor que arde de rabia y destrucción por dentro según la ocasión así se brinde. Y ella me dice:
-¿Es pacífico un león?
-A veces- respondo yo.
-¿Es pacífica una oveja?- me dice ella.
-Pues, sí- le digo.
-No, la oveja no es pacífica. El león es pacífico.
-¿Por qué?- me extraño.
-Porque la oveja no tiene opción, no está en ella la violencia. El león elige sus momentos, por eso encuentras la diferencia. El león se sabe poderoso y puede acabar con su presa cuando quiera, por eso puede permitirse tumbarse en la sabana y estar tranquilo. Y, por esto mismo, tú sabes que eres pacífica porque, pudiendo hacer mucho daño, eliges la paz. Tu dedicación a la exploración de la comunicación y de lo siniestro no es más que la prueba más tangible de ello.
#mymomrocks

Paradojas del lenguaje agresivo
Es curiosísimo que, cuando nos ponemos agresivos lo que queramos es impactar o intimidar y que el resultado sea, en el fondo, algo muy diferente a nivel más profundo. Es cierto que el efecto es este, asusta; pero, la percepción del poder es lo interesante aquí. Si yo quiero ser respetada y lo hago a través de la agresividad en lugar de a través de la cooperación, puede parecer que uso una herramienta poderosa y segura, cuando lo que indica mi «elección de arma» (weapon of choice) es inseguridad y una falta de control interno aberrante.
No suele tampoco funcionar bien como método de resolución de conflictos porque cuando somos agresivos generamos miedo instantáneamente o una respuesta defensiva por parte del otro, se tienen que proteger o defender de ti, aunque en el fondo sepamos que quien está siendo agresivo también se está defendiendo de algo más arraigado y mucho más profundo a lo que no tenemos fácil acceso. El rechazo y el resentimiento serán los resultados más rápidos. Muchas personas que son en realidad agresivas justifican su actitud con ejercicios de sinceridad o franqueza (qué basura es esto), cuando lo que están haciendo en el fondo es ser destructivas sin ningún apego al cuidado de la vida del otro. Lo que yo he observado es que los agresivos se justifican con gozo y alegría además de soltura y rara vez se disculpan de verdad por sus excesos. En las mujeres, por ejemplo, existe una gran confusión. Una gran proporción de las mujeres criadas y educadas en nuestra cultura hemos aprendido que «calladitas estamos más guapas» y, si esto no fuese viable, lo mejor es ser amables por sistema. Y si no, acuérdate de esos emails que escribes en el trabajo si eres mujer en los que saludas, preguntas qué tal va todo, introduces el tema, resumes en la última frase, te despides y pones tu nombre versus los mismos emails escritos por tus compañeros hombres. No hay color: nosotras siempre tenemos que ser más amables porque, si no, seremos tachadas de bordes o agresivas. Y esto no es lo que más confunde. Lo que confunde de verdad es cuando algunas mujeres se plantean estas cuestiones sobre la agresividad verbal, sobre lo que es aceptado socialmente aunque sea muy agresivo cuando lo analizas y, muchas de ellas, para reclamar su lugar terminan masculinizando sus cuestiones y actitudes con la consecuencia falta de apoyo de otras mujeres alrededor. ¿Por qué sucede esto? Muy sencillo. No se trata de que las mujeres hagamos como los hombres, se trata de que las mujeres y los hombres hagan cada uno haga a su manera sin que ni uno ni otro tenga que apoderarse del uno o del otro. A mí mi padre me enseñó a cambiar una rueda del coche (eran otros años y otros coches), cosa que está genial; pero no me enseñó a decir que no, el primero, a él mismo. A reclamar mi espacio femenino que incluye un espectro masculino en sí mismo, y a los hombres igual, pero al revés. Todos somos uno y, a la vez, muy, muy diferentes. Los hombres agresivos no-molan-nada, pero es que las mujeres agresivas tampoco. Entonces será que la agresividad no es sí misma (o no debería ser) un método de comunicación o de relación con otros ni una cuestión exclusiva de género, sino más bien una herramienta que debiera utilizarse como lo hace el león. Eso sí quiero decir, que la mujer que a día de hoy todavía no se haya enfadado con los temas del machismo y no haya dado un puñetazo en la mesa y haya dicho con enfado ¡ya basta! y no haya dejado de disculpar a los hombres solo porque el suyo sea un santo… ahí sí que veo yo que hay que sacar ya un colmillo.
La agresividad está íntimamente ligada a la violencia psicológica. Es cierto que no siempre implica violencia física, sino que es una forma de abuso emocional y un paso previo a agresiones más graves. Igual que lo es el acoso. El lenguaje agresivo puede ser una señal temprana de dinámicas de poder desiguales en una relación, ya sea en el ámbito familiar, laboral o social. En muchos casos, es el primer eslabón de una escalada de violencia que, si no se detecta ni se interviene a tiempo, puede evolucionar hacia formas de maltrato más severas, incluidas las agresiones físicas. Estudios en psicología y criminología sugieren que el abuso verbal a menudo precede a la violencia física (no lo digo yo, sino que son estudios de los entendidos), ya que los agresores prueban los límites de la víctima y buscan establecer control a través del miedo y la intimidación. Esto lo digo aquí porque es probable que estés leyendo este artículo el 25 de noviembre o posteriormente y me resulta relevante la punzada en el estómago que a mí me producen estos enunciados. Muchísimas mujeres hemos sido víctimas de abusos y situaciones peligrosas, pero es que muchísimas personas (no solo mujeres) son víctimas actualmente de estos asuntos y son actoras o sufridoras o las dos cosas a la vez de esa punta del iceberg que yo estoy llamando ahora Lenguaje Agresivo.
Escucha, lee este resumen, lo he sacado de la web de las Naciones Unidas. Te lo dejo así para que cliques y se te despliegue con la intención de que sea voluntario leerlo. Me gustaría, sin embargo, que sí lo leyeses. Es demasiado fuerte como para no hacerlo y mirar a otro lado, pero tú decides:
Sobre la violencia contra las mujeres y niñas.
La violencia contra las mujeres y las niñas sigue siendo una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas y generalizadas del mundo. Se calcula que, a nivel global, casi una de cada tres mujeres han sido víctimas de violencia física y/o sexual al menos una vez en su vida. En 2023, alrededor de 51.100 mujeres y niñas de todo el mundo murieron a manos de sus parejas u otros miembros de su familia. Es decir, se asesinó a una mujer cada 10 minutos. Se trata de una lacra que se ha intensificado en diferentes entornos, incluidos el lugar de trabajo y los espacios en línea, y se ha visto agravada por los conflictos y el cambio climático.
La solución radica en acabar con la impunidad, adoptar y financiar planes de acción e invertir en soluciones que proponen los movimientos por los derechos de las mujeres. El lenguaje agresivo es una de las primeras manifestaciones de la violencia de género. Se estima que el abuso verbal precede a otras formas de violencia, como la física o sexual. En el contexto del 25N, es fundamental visibilizar cómo el lenguaje agresivo:
- Normaliza la violencia: frases cotidianas como «Las mujeres son malas conductoras» perpetúan estereotipos dañinos.
- Erosiona la autoestima: especialmente en relaciones de pareja, donde el agresor utiliza palabras para menospreciar.
- Es un mecanismo de control: la agresión verbal busca dominar y aislar a las víctimas.
Demasiado acostumbrados a lo bestia, perdona que lo diga así.

Estamos acostumbrados a lo bestia, a que socialmente las cosas se disculpen porque tampoco te ha hecho sangre. Mucho de lo escrito en este artículo no te hace sangrar físicamente, no veremos la sangre deslizarse por tu cara, pero sí lo sabrás tú en tu fuero interno. Todos nosotros hacemos daño, somos agresivos porque está en nuestra naturaleza; pero, está igualmente en nosotros la capacidad de hacer el bien, de ser más amorosos, de tener más cuidado. Podemos con nuestra capacidad intelectual mejorar nuestras habilidades comunicativas, leer más, escuchar con más presencia, dejar al otro expresarse, no tomarnos las cosas como puñales al pecho y dejarles a los otros ser y estar con sus temas. A veces, igual hasta podremos ayudar.
Y, aquí debajo, otro desplegable:
Una ayudita para detectar el lenguaje agresivo.
- Contenido verbal:
- Palabras despectivas o insultos.
- Uso excesivo de acusaciones o críticas.
- Tono y volumen:
- Hablar gritando o en un tono cortante.
- Interrumpir constantemente al interlocutor.
- Expresiones no verbales:
- Gestos de burla o desprecio.
- Invasión del espacio personal.
- Patrón recurrente: el lenguaje agresivo no suele ser un evento aislado, sino una conducta repetitiva.

El lenguaje agresivo es una forma de violencia sutil pero devastadora. En el marco del 25N es crucial destacar que el abuso verbal no solo causa daño emocional, sino que también abre la puerta a otras formas de violencia. Promover la comunicación asertiva y educar sobre el impacto del lenguaje agresivo es un paso esencial hacia una sociedad más justa y respetuosa. Es necesario nombrarlo, ser capaces de verbalizar que alguien se dirige a ti de forma agresiva, aunque sea tu amiga, tu madre o tu hermano. Tienes la responsabilidad de informar sobre tus límites, de decir que no quieres que te hablen así, que busquen una alternativa para decirte lo mismo en términos más amables. A fin de cuentas, ayudemos educando. Tu tono debe ser el mismo con el que deseas que los demás se dirijan a ti. Siempre hay quien no lo pilla, pues esos, cuanto más lejos, mejor. No hace falta culpar a los demás de cómo nos sentimos, aunque en el fondo sí tengan algo de responsabilidad. Muchas veces llegamos más lejos yendo a meollo y obviando la paja.
Y, si el caso es más grave, si estás en peligro tú o los tuyos, busca ayuda.
Acostumbrándote a lo bestia por sistema no avanzamos.
Un último recordatorio: según Gisèle Pelicot, su marido era el vivo ejemplo de un hombre respetuoso y amable, que la cuidaba y trataba siempre con cariño en la intimidad y en presencia de sus hijos y otras personas. Aquí te dejo las últimas declaraciones de Dominique Pelicot. La agresividad tiene muchas formas, incluida la forma del lenguaje del amor.
Y, de carácter informativo si vives en Marbella, aquí tienes las actividades que sucederán en Marbella el 25 de noviembre de 2024: Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Soberbio Esther. En fondo y forma. Escribes rematadamente bien.
Me gustaLe gusta a 1 persona
Muchas gracias, José. Este es un tema muy duro y muy desconocido. No la violencia contra la mujer, pero sí el de la conciencia sobre el lenguaje agresivo. Parece que no nos dado cuenta de lo
Importante que es que nos hablen bien y er conscientes de cómo nosotros hablamos. Gracias por seguir leyendo mi blog después de tantos años😘😘
Me gustaMe gusta
Tú artículo es valiente, audaz, imprescindible, psicoanalítico y a la vez brillante, hermoso y cubierto de luz y color porque abre la puerta al No , no me gusta tu tono , no me gusta que me hables tan alto , no me gusta que me empujes, no me gusta que te atribuyas mis méritos , no me gusta que me robes mis artículos , no me gusta que te atribuyas la autoría de mis ideas, no me gusta que me llames lista y a ti inteligente , no me gusta que comentes mi aspecto , no me gusta que me des opiniones que no te he pedido , no me gusta que me respondas mentiras envenenadas de sosa cáustica , ósea sarcasmo . Etc, etc., etc. No me gustan estas maneras y no las acepto .
Quizas una redefinición del sarcasmo sería: sarcáustico (quien se comunica así bebe en el pozo de la sosa cáustica) porque como bien dices se considera el sarcasmo como un sustrato de inteligencia , pero a mí me parece que es como el humor que genera risas degradando a otros. O como la violencia que denigra y asusta disfrazada de paternalismo.
El sarcasmo pasaría los tres filtros: es bueno , es verdad , sirve para algo bueno ?
Me gustaLe gusta a 1 persona
Es muy duro que no sepamos muchas veces que nos están hablando con una carga de agresividad tolerada socialmente y que esta carga es brutal. Esta tan asumido que no sabemos que podemos reclamar más amabilidad, mas cuidado. Gracias por leer mi artículo y tu comentario. Me ayudas mucho.
Me gustaMe gusta
eres mi maestra amorosa ♥️
Me gustaLe gusta a 1 persona