«Para mandar hay que ser justo» y un ejercicio práctico

Tú dirás que cómo se me pueden ocurrir tantas ideas para escribir, pero es que no soy solo yo trabajando en mi propio beneficio; tengo a mi lado a mi madre con sus propias reflexiones y su estudio profundo de la psicología lanzándome perlas a cada rato (como el título de este artículo) o dejándome notas en mi mesa o soltándome un libro que le ha gustado sin ni siquiera hablarme de él concretamente. Me lo deja al lado, yo lo veo y, al tiempo, resulta que me sirve para algo. Pues, así, siempre.

A mí me importa mucho la idea de justicia, ¿soy la única?

Me planteo preguntas del tipo reflexivas; si es acaso posible liderar sin ser justos, si siempre queda alguien desfavorecido en esto de guiar a otros, cómo explicar la importancia del concepto de justicia y equilibrio para cualquier persona en una posición de poder. Si las personas que llegan a cierta altura saben de verdad que la justicia es uno de los conceptos más importantes a la hora de ser líderes. Es sencillo darte cuenta de la importancia: cuando hay falta de justicia, derivamos inequívocamente en la desconfianza y el cuestionamiento de la autoridad. Y si este no es el desenlace, me preocupo porque hay que desafiar de vez en cuando (si no siempre) a la autoridad pertinente. A lo mejor ahora piensas que me refiero al gobierno… pero no en exclusiva. La autoridad también pueden ser los padres, por poner un ejemplo. La pareja: no niegues ahora que en la pareja exista este juego de poder constante. Por favor, no lo niegues.

La RAE dice:

Pues, la RAE dice muchas cosas. A mí me encaja la primera acepción para lo que vengo escribiendo pero, igualmente, ahora digo lo que yo creo que es la justicia. La justicia en mi sistema de valores se refiere a ese equilibrio profundo entre el respeto, la equidad y la verdad, aplicado tanto a nivel de sistemas como en las relaciones humanas. Es una brújula ética que orienta nuestras decisiones y acciones hacia lo que es coherente y digno, buscando siempre que las personas se sientan escuchadas y valoradas en un contexto de respeto mutuo. No se me ocurriría relacionarlo con una aplicación fría de normas solo, esto se me quedaría muy corto. Me hace falta considerar la empatía, la transparencia y la humanidad como elementos imprescindibles para construir confianza. Ser justa implica adoptar una postura íntegra que tiene en cuenta las necesidades y las realidades individuales sin caer en favoritismos o prejuicios, y siempre teniendo en cuenta el bien común. La justicia tiene también una dimensión práctica que hace que una persona se sienta segura y comprendida, y para establecer relaciones y proyectos con bases sólidas, donde cada uno se sienta libre de expresar y recibir ideas sin temor a ser menospreciado o manipulado. A mí esto no me ha pasado muchas veces, igual por eso creo que el concepto de la justicia está muy mal entendido y muy poco practicado.

Para practicar la justicia es muy, muy importante que uno trabaje la seguridad en uno mismo. Es necesario que confíes en ti, en tu criterio y en tus intenciones. Para esto, es primordial que antes te hayas dicho la verdad sobre quién eres y qué lugar ocupas en tu propia vida; si lo que piensas es de buena calidad, si tus acciones aportan algo bueno y si no es así, por qué es esto. Decirte la verdad te va a doler, y si no te duele, no es verdad. Las personas somos egoístas, no hay forma de escaparse de esto. Un ejemplo de personas tremendamente injustas (si me lees a menudo sabrás que me gusta dar ejemplos rompedores de conciencias) son aquellas que son tibias. Los tibios no van ni a la derecha ni a la izquierda, ni hablan alto ni bajo, ni son guapos ni feos, ni dicen sí ni dicen no, ni están allí ni están aquí… es decir: no puedes contar con ellos y, como resultado, nunca sabrás de sus verdades salomónicas.

Los tibios tampoco mandan, ni se equivocan mucho, ni aciertan nada, y, así, pecan por omisión todos los días.

De todas maneras, quién quiere que le den órdenes, ¿no? Pues, ¡sorpresa! Hay infinidad de personas que solo funcionan a base de órdenes. Si lo piensas, recibir una orden es muy fácil, no hay que pensar en nada, solo hay que obedecerla. Para ser liderado también hay que estar muy bien preparado y amueblado, no solo es el líder quien debe prepararse. Recuerda que el líder se nutre del ejercicio de liderar pero, si lidera a personas que le siguen con conciencia, el espectáculo es maravilloso porque surge la conexión y el crecimiento global. No solo es necesaria la conciencia y el autoconocimiento para liderar, sino que hace falta tener una magnífica propiocepción y una atlética profundidad psicológica para hacerlo; además de saber cuándo estás siendo liderado, permitirlo con gracia y soltura y participar activamente del proceso. Esta es la diferencia principal para mí entre ser liderado y ser mandado. Cuando eres liderado eres parte fundamental y respetada porque sin tus aportaciones y percepciones el proceso está más que cojo. Cuando eres mandado, tu identidad no es necesaria. A partir de ahora, no te machaques por ser «un seguidor». Todos somos seguidores en algún momento de nuestras vidas o en determinadas situaciones. Acuérdate de la importancia de saber seguir para poder liderar y viceversa. Es que no hay dos sin tres. Si no, lo único que haces es escalar en el poder.

Me preocupa la idea de si todos estamos capacitados para impartir justicia.

Normalmente, asociamos la palabra justicia con el sistema judicial, con las leyes, y, de hecho, muchas personas, cuando no saben la respuesta a una cuestión, se apoyan en el código de leyes para dar la respuesta. Bueno, no es la peor de las actuaciones. Sí, es cierto que el código penal o el libro de leyes oficial (no sé ni cómo referirme a ello, la verdad) es útil y debe estar y existir y utilizarse, que para eso lo hemos elaborado. Pero, ¿hasta qué punto es de uso común? ¿Cómo es que solo lo entienden los abogados y los que pertenecen al sistema judicial? La justicia es de todos… ¿por qué es tan complicada entenderla a niveles básicos? No solo está la justicia en mayúscula, es decir, la Justicia, esa del Tribunal Superior, de las Cortes (que no sé si estas cosas se escriben en mayúscula, imagino que sí, no lo he contrastado); existen otros tipos de justicia como la procedimental, la retributiva, la ambiental y muchos otros que no conozco demasiado bien. Me interesa mucho la justicia social y la que se refiere a lo personal, que parece que no tiene nombre más que cuando decimos «sé justo». ¿Y esto cómo se hace? Lo que yo pienso es que esto se hace a través de la honestidad íntima, pero, también, a través del sentido común, los valores éticos y el compromiso con el bienestar colectivo, no solo el propio. Debe beneficiar, al menos, a dos participantes. No solo a ti. Lo del número dos es importante porque saca el foco de la exclusividad uno mismo. Digamos, mejor, a partir de dos.

Porque sí que es un percal grave eso de creerse uno capacitado para todo, para impartir justicia al nivel que sea, y que luego sea un desastre que no puedes ver por esa ceguera que la borrachera del poder parece otorgar a los que lo ostentan. No es solo por política, es por ego del ser humano. Hay personas que se sienten con poder, ¡yo misma! Y no soy nadie. Sentirse uno con poder cambia las reglas, los que nos creemos poderosos tenemos que tener un cuidado extremo, más que los demás. Nosotros podemos equivocarnos y, precisamente, ejercer la injusticia con mucha facilidad. Si crees que tienes poder, es posible que así sea. Como esto de los poderes de los súper-héroes: si no lo controlan, todo se vuelve del lado oscuro. No es ninguna exageración. La chulada más brutal sería que, si te sientes con capacidad para el poder, para liderar, que lo trasmutaras en inspiración. Esta es una buena forma de estar más a salvo de esas trampas del ego que sufrimos las personas poderosas: hacer que toda esa fuerza sirva de inspiración a otras personas.

Propongo un ejercicio de Práctica Consciente del Poder.

A mí lo que me gustaría es que me contaras cómo te ha ido con este ejercicio, pero con que lo hicieras ya me sentiría muy contenta. Necesitarás un cuaderno, un lápiz y algo de intimidad. Puedes hacerlo en una semana o en el tiempo que decidas o necesitas. Se trata de lo siguiente:

  1. Reconoce tu poder propio.
    Dedica unos minutos a pensar en las situaciones de tu vida en las que has actuado desde tu poder interior, aquellas en las que has sido fiel a tus valores, defendido tus creencias o superado desafíos. Pregúntate:
    • ¿Cuándo me he sentido realmente fuerte y auténtico?
    • ¿Qué cualidades me permitieron superar esos momentos? ¿Fue la valentía, la empatía, la claridad?
    • ¿Qué creencias o valores me impulsaron a actuar desde mi poder?
  2. Escribe tu declaración de poder.
    Usa tus respuestas para escribir una declaración en primera persona, breve y concisa, que capture quién eres en tu esencia poderosa. Puedes usar esta estructura como guía:
    • «Yo soy ___ (valiente, creativo/a, resiliente, etc.), y mi poder radica en ___ (mi capacidad de conectar, crear, transformar, etc.). Estoy aquí para ___ (compartir, inspirar, guiar, etc.).
  3. Visualízalo y siente la inspiración.
    Lee tu declaración en voz alta y observa cómo se siente en tu interior. Repite este paso varias veces, con intención y calma, permitiéndote conectar con el poder que surge de estas palabras.
  4. Actúa desde tu declaración de poder.
    Durante una semana, intenta actuar de acuerdo con esta declaración, tomando pequeñas decisiones diarias alineadas con ese poder que has identificado en ti mismo. Observa cómo tus palabras y acciones inspiran a otros, ya sea con tu seguridad, autenticidad o creatividad.

Al final de la semana, reflexiona en tu cuaderno sobre cómo te ha hecho sentir este ejercicio y observa cómo tu comportamiento inspiró a los demás.

Pues, sí, como dice mi madre: «para mandar hay que ser justo».

No hay muchos otros caminos. Me gustaría saber de la reflexión sobre la relación entre justicia y poder: ¿el poder sin justicia es sostenible? ¿Cómo puedes asegurarte como futuro líder o líder en el presente y en tu entorno, tu vida, que tus acciones reflejarán justicia y respeto? Yo ya he dado mi perspectiva… si haces el ejercicio, seguro que tendrás respuestas.

Tal y como he leído recientemente en una cita que parece ser de Martin Luther King (no estoy muy segura de la autoría):

«Aunque supiera que mañana el mundo se hará pedazos, seguiría plantando un manzano».

Cuéntame.

2 comentarios en “«Para mandar hay que ser justo» y un ejercicio práctico

  1. Amén. Para mi la justicia está al nivel del respeto, me parece básica para relacionarse. Sin justicia no hay liderazgo posible…..hay gente a la que «mandas» o «manipulas» (a veces solo crees que manipulas, pero te hacen caso por que ostentas un poder)…

    Ojalá fuésemos todos más justos. En mi opinión ir por la vida es mucho más fácil de lo que parece, sólo hay que preguntarse a uno mismo con honestidad: si esta acción que voy a realizar me la hiciesen a mi, ¿me dolería? y con la respuesta honesta, sin prejuzgar al destinatario de tus actos, debería ser el camino a seguir

    Me gusta esta reflexión.

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    1. Querida Auxi:
      Qué alegría saber de ti y qué Alegría doble de saber que te ha interesado mi artículo. Espero estes muy bien. Ya sabes que el ser humano es imperfecto, a veces se nos suben los cargos a la cabeza y olvidamos lo importante, que es el interior de las personas. No podemos hacer absolutamente nada somos en esta vida… y se pierde el foco con facilidad cuando nos creemos más que otros. Pero por eso reflexionamos algunos y me encanta que tú también lo hagas. Es una forma de mantenernos en salud mental. Muchos besos. Muchas gracias.

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