Lispenard Street

Que no te cuento aquí ni de qué van los libros en profundidad ni cómo terminan. Nada más que unas pinceladas de lo que me hicieron sentir.

Este artículo es uno liviano, así que, si estabas ya un poco apabullado/a con mis escritos, este te va a dar algo de oxígeno. He leído un buen puñado de libros este año y me gustaría recalcar algunos aquí. No tengo intención de hacerme crítica de literatura, pero sí me gustaría decir qué me han aportado estas lecturas.

Lejos de deciros si son buenos libros o no, son historias relevantes y admiro a los escritores, a las escritoras que sacan sus historias de adentro y se ponen ahí delante para que tú luego digas cosas, muchas veces, sin cuidado alguno. Cómo es el ser humano. La circunstancia es tal que se brinda dentro de uno otra historia que se mezcla con la que estás leyendo, y conectas. A veces me preguntan: pero, ¿por qué prefieres quedarte leyendo? Responde a fases, a épocas de la vida; ahora necesito muchísimo tiempo a solas. Quizás porque soy madre de una niña de 5 años, quizás porque llevo mi propia empresa a cuestas también yo sola, quizás porque estoy saliendo de mi última piel y vistiéndome con la nueva.

Ah, un aviso importante, especialmente, para las personas más puristas: escribo, pinto, subrayo y marco todos mis libros. Uso todo tipo de lápices, bolígrafos, rotuladores, sub-rayadores, marcadores, post-its, notas. Los doblo y separo las páginas, las pliego si no tengo marca-páginas o doblo la punta y espero que estén un poco estropeados tras su paso por mis manos. Bueno, lo de la punta no me suele satisfacer mucho porque los suelo llevar en el bolso a cualquier lado y pierdo la página por donde voy leyendo a veces, así que no es solo la esquina sino todo el triángulo que da. Mmm… no, no pierdo la página nunca, pero temo perderla sería más preciso decir.

LOS REYES DE LA CASA

Los reyes de la casa, de la autora Delphine de Vigan

Cuando leí esta novela me reafirmé en la idea de controlar con muchísima más atención lo que mi hija ve no solo en internet, sino en la propia televisión. Pensamos que porque ven dibujos, todo está bien. Necesitamos prestar más atención. Y no solo porque mi hija deba desintoxicarse muchísimo más que yo de lo digital, sino porque ellos, los niños, se convierten en adictos a una velocidad muchísimo más trepidante que nosotros, los adultos. Cuestión de minutos. Al menos, la televisión les roba el control, no pueden decidir si pasar de pantalla porque no les guste un episodio. Tienen que esperar. E, igualmente, se convierte el algo tóxico. Además, esta novela presenta la idea de la necesidad de aprobación. Perdemos el contacto con la realidad cuando lo único que buscamos es que nuestra casa se parezca a una de revista (o de Instagram) y se nos escapa entre los dedos nuestro presente, que es mucho más sencillo. Deja los cojines tal cual quedan conforme te levantas. Estás viviendo.

Extracto Los reyes de la casa.

Me alucina la facilidad con la que nos disculpamos de comportamientos que, sabemos, son nocivos y nefastos. Esto de pensar, como me dijo una amiga el otro día, que no hace falta restringir Youtube porque el mundo es digital y no podremos escapar ni salvar a nuestros hijos de las pantallas me parece una mierda. Así de claro. Claro que no podremos escapar y claro que no es mi intención convertir a mi hija en una niña índigo que ha bajado de la esfera celestial para evangelizarnos a todos en el Método Montessori. Lo que digo es algo que no es diferente de lo que digo siempre: más compromiso, más atención.

CADÁVER EXQUISITO

Cadáver exquisito, de Agustina Bazterrica.

Se me quitarán las ganas de confiar en el alma del ser humano, pero antes quise hacerme vegetariana (sí, he usado futuro en la primera frase y pasado en la segunda). Me dieron pena todos los animales, iba al súper sintiéndome fatal y, durante bastante tiempo (si no a partir de esta lectura siempre), he mirado con recelo a todos los carnívoros declarados sin ningún pudor. De estos hay muchos, como quien se declara amante de la naturaleza o fan de Taylor Swift. Todo bien, pero no. Le presté este libro a una amiga y me lo devolvió de la angustia que sintió. No lo pudo terminar. Esta, considero, es una reacción de fiar. No tanto la mía, que devoré el libro no sin asco hacia mí misma como perteneciente a la raza humana. Es una distopía y, como todas las distopías, hacen que que te cagues de miedo y que te parezca todo muy posible. Pues, imaginemos ahora que las manitas de cerdo que se compran en la carnicería para hacer ese plato exquisito que a tantos les fascina o las tripas y entrañas para hacer callos pasaran a ser carne de segunda; que la carne de primera ya no sea la de animal.

Extracto de Cadáver Exquisito con una anotación mía y un dibujo de mi hija que me encontré entre las páginas. Es una carta para su mejor amiga.

HAZ LAS PACES CON TU CUERPO

Haz las paces con tu cuerpo, de Alex Light.

En este libro están escritas la mayoría de las frases que yo siempre he pensado acerca del cuerpo, de mis cambios corporales y sobre mi imagen. El juicio de los demás en torno a mi peso ha sido algo constante: si estás delgada es sencillo, es porque te cuidas. Si no lo estás, pues no te cuidas. Engordar va mucho más allá de una buena dieta, de lo que ingieres. Digamos que esa es la punta del iceberg. La gordofobia me ha asediado en todos los niveles y círculos de mi vida, el social, el de los amigos, el laboral, el personal e íntimo y, cómo no, el familiar.

Cuando encontré este libro me sentí aliviada. Y justo después comencé a seguir a mujeres gordas y a tratar de mirar el mundo desde esa perspectiva, comprender su situación y su dolor. Mi peso no es importante, lo que es importante es qué me pasa, qué siento y cómo educar al entorno para cambiar ciertos paradigmas híper-obsoletos y degradantes. Para saber y constatar que alguien no se cuida no es suficiente solo con observar sobrepeso, es necesario notar muchos otros factores (que no es este artículo para comentar esto). Sencillamente, el sobrepeso indica muchas otras cosas. A nivel bio-energético, existe muchísima información sobre por qué engordamos y cómo lo hacemos. También a niveles de familia y sistémicos, como psicoterapéuticos. Además, de condicionantes físicos, medio-ambientales y sociales. La parte cultural es una pesadez.

Extracto de Haz las paces con tu cuerpo.

Seguro que ahora se esperaría que yo dijese aquí: «Así, pues, si conoces a alguna persona gorda a quien creas que puedes ayudar regalándole este libro, es una magnífica recomendación». Pero, no. Las personas gordas no necesitan este libro, lo necesitan todas aquellas que crean que decirle gordo a alguien es un insulto, que decirle a un niño o a una niña que qué bien que ha adelgazado está bien, que aplaudir a alguien cuando pierde peso es bueno, que decirle a alguien que se adelgaza muy fácil (solo tienes que cerrar el pico) es un buen consejo, que decirle a una persona que lo que lleva puesto le hace gordo/a es de agradecer, que pensar que un gordo o una gorda no sea suficientemente inteligente sea admisible, que creer que el sobrepeso no es elegante es una creencia positiva o que a los gordos solo pueden amarle otros gordos o, decididamente, nadie sea una realidad. Que los gordos no pueden estar en forma… ¡ay, Señor! No termino la lista… A todas esas mentes brillantes que no hacen el esfuerzo de evolucionar, ¡felicidades! Este libro es para vosotros.

Los gordos, claramente, nos salimos del tiesto metafórica y literalmente. Y yo a propósito. Os remito a uno de mis artículos sobre este tema: Gordofobia.

Uno de mis reels de este año, marzo 2024, sobre la GORDOFOBIA:

TAN POCA VIDA

Tan poca vida, escrito por Hanya Yanagihara.

Sí, hay a quien este libro no le ha gustado ni impactado ni llegado de ninguna de las maneras. A mí esto, aunque lo puedo comprender, me hace sospechar. Me da muchísima información sobre esas personas. Debo confesar que es duro, al principio podría parecer aburrido, y comprendo que a algunos no les haya gustado por este motivo y lo hayan abandonado. Pero, si este es el motivo, estás a salvo de mi juicio (ya ves que no soy un ser con alma de santa). Si lo has abandonado por aburrimiento, vale. Si lo has leído entero y no te ha llegado, esto sí que es preocupante. Quizás parezco muy radical, no tengo por qué suavizar lo que pienso en este caso ya que no hiero a nadie en particular.

Tan poca vida me rompió el corazón. No he vuelto a leer nada igual. Salvando las diferencias entre el personaje principal y yo, Jude, que así se llama, Jude St. Francis, es una especie de alter ego para mí. Su forma de sufrir, su forma de convencerse a sí mismo, el cariz de su dolor, sus razones, su necesidad de ser amado, sus auto-lesiones. Su belleza y su introversión. Eso que los demás admmiran de él y que él mismo es incapaz de ver, su agresividad en el trabajo y falta de amor propio con la puerta cerrada. La cantidad de palabras en su interior y tan pocas siendo pronunciadas. Esconderse. Ojalá leas este libro y, si lo haces, puedas llegar al final y, si llegas, te deje una marca indeleble. El único aviso que puedo dar ante esta lectura es que si eres sensible a temas como la homosexualidad, el abuso, las auto-lesiones y la exclusión, te dolerá mucho conocer a Jude. Además de que nunca le olvidarás.

Existe la sospecha de este libro es una historia real, aunque la autora (que yo sepa) jamás lo ha confirmado ni desmentido. Lispenard Street es la calle en la que sucede el inicio de la historia. Si vais a Instagram y buscáis «Lispenard Street», os aparecerán un montón de fotos de personas que son o viven o han viajado a New York y han ido a Lispenard Street, al edificio donde, según el libro, vivió Jude. Ni qué decir tiene que, si un día viajo a New York (tal y como prometí a mi hermano), iré antes a Lispenard Street que a la Estatua de la Libertad.

Aquí os dejo un detalle de una publicación que hice no hace mucho, just a trend, pero a modas así sí que me apunto:

Leer es un acto profundo y hermoso que me conecta con el mundo de una manera impredecible. No solo comprendo mejor la vida que me rodea, sino que también me encuentro con otras almas, otras historias que se entrelazan con mis propias vivencias. Cada relato me permite descubrir personas, emociones y situaciones que, de un modo u otro, me resuenan en lo más profundo, ya sea por lo vivido o por lo soñado. La lectura es maestra de la paciencia; no tiene prisa. Me invita a detenerme, a habitar el tiempo, a reflexionar y digerir cada palabra. No es un acto pasivo, sino una actividad que exige una entrega silenciosa, un encuentro meditativo conmigo misma. A través de los libros, me reconozco en otros, como me ha pasado con Jude o con otros personajes, y también entiendo un poco más de lo que ocurre en mi propia psique. Otra manera de aprender, de calmar mi mente y de descubrir los misterios que habitan en mi interior.

Leer es un refugio. Y, si bien disfruto mucho de la lectura, escribir me llena aún más. No leo con prisa ni persigo grandes premios literarios o reconocimientos. Lo que busco es algo más íntimo y valioso: acercarme a mí misma, a lo que siento, a mis conclusiones, a lo que soy. En cada palabra, en cada frase, hay un diálogo constante entre Esther y lo desconocido.

Y eso, sin duda, es lo más hermoso de todo.

8 comentarios en “Lispenard Street

  1. Yo leo gran parte de los libros que me recomiendas porque me inspiran tus gustos y también tus penas. Puedo decir que tus palabras son sanadoras y que tienes hechuras de profeta.
    Invito a tus lectores a probar tus sugerencias, tienen múltiples beneficios.

    Enhorabuena, Esther 🌹🎈

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    1. Gracias por tomarte en serio mis recomendaciones, no es lo mismo cuando no te hacen caso. Hace poco me ha pasado (otra vez) esto de que no me tomen en serio. Una bofetada para el ego, sí, el mío, pero, a la vez, les haría un «choca esos cinco», pero en la cara y con un libro. Leer «es bien», como dice una amiga mía inglesa que no habla español. Tiene gracias, es bien. Gracias por estar conmmigo.

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      1. Eso de que no te tomen en serio no es una bofetada al ego es tu contención para no cagarte en su puta madre. Pero tiene remedio: Responde, emplea tus dones. Esa tristeza, esa angustia de rabia e ira contenidas tiene que ser volcada en el recipiente adecuado. Las mierdas machistas (da igual quien las vomite) y despectivas, siempre vienen de gente hueca, que hay que tratar con la misma moneda: palmadita en el hombro, sonrisa fingida y un sonoro : ¡ tú podrías hacerlo mejor chaval , no te lo tomes así !. Aunque no sea ni el contexto que lo originó , incluso aunque sea otro día.
        Pruébalo por favor

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        1. ¡Jaja! Me ha encantado tu comentario. Y tienes muchas razón. Es mucha contención, no de ahora, de años. De haberme dejado invisibilizar para encajar en una organización que no representaba mis valores básicos, por ejemplo. Y otras cosas. Ya estoy en ello. Un fuerte abrazo y gracias por comentar.

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  2. Gracias por tus recomendaciones, me apunto el de «Los reyes de la casa», los niños y las pantallas es un tema que me preocupa.

    Para mí leer es un placer del que disfruto poco, le gana la inmediatez de las publicaciones, reels y demás chorradas que es un «placer» pero a la larga se sabe que no . ¿Que hay tiempo para las dos cosas? Si, lo habrá pero cada uno carga con otras muchas cosas que le quitan tiempo y estamos de acuerdo que hay que dormir unas 8 horas diarias, para estar un poco cuerdo en el día a día.

    No querrás ser crítica literaria, pero lo podrías ser. Sin duda.

    Un saludo.

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    1. Desde luego que necesitamos descansar como principal tarea. Y nosotros, que tenemos hijos, lo tenemos más difícil. Es una cuestión de prioridades y de seleccionar en qué cosas invertimos el tiempo. Lo de las redes es algo que hay que restringir cuanto más mejor, nos hace conectarnos con lo virtual, pero más te conectes con eso, más te desconectas de ti mismo. No tiene secreto. No todos tenemos que leer, tenemos que hacer lo que queramos hacer. Si te ha interesado Los Reyes de la Casa, te sorprenderá. ya me cuentas. Besos y gracias por comentar por aquí.

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