Hola a todos los que lo dejan para luego

Lo más importante que voy a decir en este artículo lo digo ahora: la procrastinación no es un asunto de productividad, sino de emociones. Lo digo otra vez y ahora entre comillas: «La procrastinación no es un asunto de productividad, es un problema de emociones».

Me pregunto por qué hay tantísimas personas con pereza para convertirse en mejores personas. Me lo pregunto constantemente; pero, lo que también me pregunto es por qué me lo pregunto si yo lo que deseo para todos es que cada uno sea como quiera ser. No animo a ninguna persona a que ayude a otra ni a que haga nada por nadie si antes no lo ha hecho por sí misma.

Muy perdidos vamos si seguimos creyendo que con una mejor gestión del tiempo dejaremos de procrastinar. Esto de procrastinar es una adicción a algo que nos sienta mal, como todas las adicciones. Digo que nos sienta mal porque cada vez que procrastinamos o que «lo dejamos para luego» sentimos el peso de ese asunto no resuelto, de esa conversación no tenida o de ese trabajo no entregado. Atenta contra nuestra propiocepción y contra lo que pensamos de nosotros mismos. Es como un veneno que nos va anulando los sentidos, nuestros radares de conocimiento del mundo pero, sobre todo, va inhabilitando ese sensor que nos ayuda a conocernos mejor. Si procrastinar es una adicción, quitando Netflix de nuestra vista, eliminando todos los chocolates de nuestra cocina o anulando las salidas o intercambios sociales no conseguiremos dejar de hacerlo. Lo único que podrá funcionar será un compromiso con nosotros mismos, investigando mucho más profundo las razones por las cuales no emprendemos esas tareas que, sabemos, debemos acometer.

No hablo de obligaciones, ni de compromisos. Hay muchas cosas que hacemos (cada uno sabe las suyas) que, aunque están revestidas de trabajo, de compromisos con otros o de situaciones que no nos apetece vivir, si nos ponemos manos a la obra, el resultado es una satisfacción interna con nosotros que no tiene comparación. Ni es perfeccionismo ni es obligación ni es competición: se trata de esfuerzo personal para con uno. La única persona que de verdad nos juzgará por procrastinar somos nosotros.

He conocido a procrastinadores profesionales. Yo no me considero una de las profesionales, pero sería muy ruin por mi parte no admitir que yo también procrastino. El caso más grave de procrastinación lo vi en un novio que tuve hace tiempo. En la superficie podría decir que «era tan flojo que no se activaba ni por sexo», que ya es decir. Pero la procrastinación no tiene nada que ver con la flojera ni de dejar de hacer algo de manera voluntaria, va mucho más allá. La procrastinación es el arte de hacerse daño a uno mismo. Esta descripción ha salido de mi mente espontáneamente ahora, pero sé que es de alguien muy entendido que ahora mismo no recuerdo. Es de una de estas eminencias en procrastinación, creo que un americano… en fin, que no me acuerdo del nombre, pero que no es mía la frase. Ahora, sin embargo, la hago mía porque es una idea que comparto. Procrastinar solo puede hacernos daño y se convierte en un hábito súper nocivo. Cuando dejamos de hacer una tarea para postergarla, no solamente lo hacemos conscientemente, sino que sabemos que no ponernos manos a la obra nos va a hacer sentir muy mal, nos va a hacer sentir más próximos a ese fracaso interior que es silencioso y que se come la ilusión y las ganas de vivir. Tal y como le pasaba a este novio que yo tuve. Muerto en vida.

Y yo me pregunto: si hacer algo que sabemos que es negativo es contraproducente por descripción, por defecto, ¿por qué, aún así, lo hacemos igualmente? A sabiendas de los sentimientos tan jodidos que van a empezar a aparecer en nuestro cerebro y el lenguaje tan venenoso y hasta soez que nuestra mente comenzará a usar contra nosotros. Para mí, se trata de adicción a ser tu peor versión. De esta manera, nadie puede exigirte nada más, nadie puede hacerte preguntas y tú no tienes que esforzarte más. Si no lo haces para contigo, mucho menos lo harás para mejorar la vida o la experiencia de los demás. Esto es muy peligroso porque terminamos perdiendo la empatía y nuestra humanidad. Si no hay nada que me mueva de la casilla donde estoy, ni la recompensa más sabrosa, el sufrimiento o el dolor de alguien delante de mí, al final, no me hará ni pestañear.

Es una incapacidad muy ruidosa que lo ensordece todo para lidiar con las emociones propias o las emociones ligadas a una tarea concreta. Ser vago no es sinónimo de procrastinar, pero tener miedo de uno mismo sí. Y esto del miedo a mí mismo, del miedo a mi éxito, a conseguir aquello que yo quiero de verdad conseguir, a ser de esa manera en la que realmente yo quiero vivir, tiene unas consecuencias drásticas. Yo no me propuse ayudarle (vuelvo a ese novio que tuve), pero sí le hablé de las cosas que yo observaba, de las dinámicas auto-drestructivas que también me afectaban a mí. Me dijo abiertamente que no quería moverse de donde estaba y, entonces, quedó claro para mí que tenía que marcharme. Le hablé del miedo, pero creo que para él ya había un límite cruzado. Quizás esté en el punto de no retorno. Tampoco lo sé a ciencia cierta. Su capacidad para procrastinar eternamente despertaba en mí sensaciones de muerte.

Esther escribiendo.

Si haces una lista, aunque sea una lista mental, de las cosas que son importantes para ti además de las cosas que quieres conseguir… no es que tengas que atenderlas todas right now, pero esa debería ser tu hoja de ruta. Cada una de esas cosas que no atiendas hará que tu sensación interior sea cada vez más desagradable. Te enseño una de mis listas anti-procrastinación:

  1. Preservar mi energía al máximo: para esto debo reducir mis intercambios sociales al máximo, reducir el uso de mi teléfono móvil al máximo y respetar mi ritmo, pase lo que pase. Nota: no es nada fácil y no hay siempre entendimiento del entorno, pero igual sigo con mi listado adelante.
  2. No «tomar café» para charlar con nadie. Se trata de mi reserva energética social y de mi tiempo real.Lo de «tomar café» no es literal.
  3. Y el punto 2 es importante porque, gracias a respetar esto, tengo más tiempo de calidad para mi hija. Hay quien dirá que todo se puede y yo solo digo que sí, que todo se puede; pero yo solo quiero ciertas cosas, no las quiero todas.
  4. Trabajo a mi ritmo, no al ritmo de los otros. Todo tiene su punto negativo, ¡no es sencillo! pero no canjeo esto por nada diferente, mi auto-respeto ha florecido desde que procedo así.
  5. Espacio y tiempo para mis reflexiones y mis escritos. Pueden mis escritos no interesarle a muchas personas, pero es que me interesan a mí. Si yo reflexiono, esto tampoco es fácil, pero ya tengo mucha práctica y me resulta natural. La reflexión no es muy amiga de la procrastinación.

Tengo más listas. Una de ellas se refiere a la gordofobia, otra se refiere a las relaciones emocionales, otra se refiere a los hombres, otra se refiere a la alimentación, otra se refiere a mi imagen, otra se refiere al lenguaje, otra es sobre el concepto de lo social, otra es sobre ser distinta, y no termino. Es muy interesante para mí hacer el ejercicio de vislumbrar cómo podría haber algo de procrastinación por mi parte en todos estos temas… pues igual te pasa a ti. Hay cosas que no abordas, aunque en un mundo ideal, lo harías si se dieran determinados factores. Siempre hay cosas que son difíciles de atajar porque nos afloran sentimientos y emociones que, o bien, no queremos afrontar, o bien, no podemos afrontar. Pero justo ahí mismo están todas las respuestas. Así que, queda justificada la idea de que no se trata ni de gestión de tiempo, ni de flojera, ni de capacidad de trabajo, ni de ninguna de estas cosas que son superficiales y que atienden al juicio externo; se trata de la gestión que hago de mis emociones y las cosas que creo sobre mí alrededor de una tarea concreta. Si a mí me está costando mucho trabajo hacer algo sencillo como devolver una llamada, la idea sería explorar la incomodidad, ni siquiera averiguar tanto el por qué de la incomodidad de llamar. Más bien, averiguar de dónde proceden las emociones negativas.

A veces uno dice: «Joé, es que limpiar el baño… como que no me apetece». Claro, a nadie le apetece. Creo que no tengo que entrar en explicar los beneficios de limpiar el baño. Sin embargo, sí puedo decir que, si lo postergas lo suficiente, empezarás a sentirte igual de mierda que la mierda que se acumule ahí dentro de tu propio baño. No hay secreto. Esto del baño es una forma de procrastinación que es fácil de justificar: «a nadie le gusta limpiar un baño». Hay otras situaciones en las que ya va a ser más difícil no dejarse afectar por ese lenguaje negativo. Supongamos que eres una persona a quien le cuesta mucho expresarse por escrito. Cada vez que tengas la oportunidad de hacerlo, por ejemplo, comentar en mi blog, no lo harás porque pensarás que no tienes nada relevante que decir, que tu forma de expresarte es burda (porque así has aprendido a creerlo) y que, igual, hasta yo podría reírme de aquello que pudieras decir. Tampoco creo que haya que explicar mucho la dinámica, después de todo este artículo justificando la forma en la que procedemos en cuestiones de procrastinación. Si te atreves a escribir y comentar, irás comiéndole terreno a esas emociones negativas en torno a la escritura. Además de ponerme a mí muy contenta doblemente.

La procrastinación tiene un arma de destrucción masiva que yo llamo «Pensamientos Rumiantes» (bueno, no es que lo llame yo, también lo llaman otros, pero ahora lo uso yo). Visualicemos el pensamiento rumiante, pero antes, ¿los humanos rumiamos?

Pues, resulta que lo único que somos capaces de rumiar son los pensamientos. Los humanos digerimos. Yo me lo imagino como ahí dentro de la boca del estómago o en la puerta del cerebro o justo ahí mismo, en la misma boca por donde hablamos, comemos y besamos. Rumiando. Rumiando emociones negativas, pensamientos destructivos, generando ansiedad, culpabilidad, estrés, promoviendo un amor propio muy frágil y destruyendo nuestro auto-concepto. Por favor, no tomes la procrastinación como algo que puedes tratar de forma sencilla con unas sesiones de coaching y cuatro meditaciones guiadas. Esto es genial, pero hace falta mucho más que eso. Rumiar pensamientos es destructivo por naturaleza, inclusive, si lo que rumias es algo bueno hacia ti. El hecho de rumiarlo lo prostituye sin remedio. Entiende la diferencia entre rumiar y reflexionar o meditar. Cuando rumiamos no podemos salir de ese pensamiento o esa emoción, estamos en riesgo de caer en espiral de pensamiento, en hablar con nosotros mismos de la peor de las maneras. Y, encima, creer todo eso que estamos pensando.

Esto de rumiar los pensamientos nos pasa a todos y, de hecho, es muchísimo más común de lo que parece. Hace poco, por ejemplo, he recibido unas amenazas de forma directa y he pensado en cuánta rumia ha sucedido en la cabeza de alguien, y cuánta rumia se ha digerido en ese aparato digestivo que usa el intestino como cerebro real de nuestro organismo. Hay algunos tipos de personalidad que son mucho más proclives a rumiar. Yo creo que son los más mentales, los que se atrapan en datos y buscan la seguridad en atesorar información para encontrar cierta estabilidad mental. Rumian. Aunque no es exclusivo de ellos, todos rumiamos llegado el momento. Yo, lo que aquí digo es que podemos ser más conscientes de nuestros procesos mentales y que no hace falta gastar mucha energía en rumiar cosas. Es mejor encargarse cada uno de lo suyo. El miedo es un freno tsunámico y silencioso, lo sentimos y, por carga y hábito social, no sabemos ni podemos expresarlo. Y, así, enfermamos de procrastinación y de miedo.

Así que ya puedes ponerte a limpiar el baño y luego a escribirme un comentario, vaya a ser que te pille una vaca rumiando.

Gracias, Virginia, por querer leer sobre lo que pienso acerca de la procrastinación. Este artículo ha sido propulsado por ti. Un fuerte abrazo.

8 comentarios en “Hola a todos los que lo dejan para luego

  1. Hola, Esther , felicidades , vaya artículo más potente e incómodo. Nunca había visto la procrastinación como tú la has expuesto , un auto maltrato . Creo que es una definición magnífica. Y por qué somos perezosos para ser buenos . De excelente ni hablamos

    A veces imagino que tras mil último suspiro me pregunten , no si estuve cómoda , sino si hice en mi

    misma todas las mejoras que podía ?

    sudores me entran porque me gusta mucho estar cómoda

    Muerto en vida , ese otro apartado que mencionas , muy familiar y creo que tú haces que brilla ahí la muerte , de verdad queremos ser muertos en vida ?

    Gracias por tu luz , por el faro con el que vas rondando los corazones , porque a ti hay que leerte con el corazón , si no apaga y vámonos

    Gracias , gracias , gracias

    Le gusta a 1 persona

    1. En realidad, no hago más que buscar mi lado más oscuro para aclararme de verdad con aquello de bueno que hay en mi. Sé que algunos se incomodan y se molestan con lo que escribo, pero tiene gracia, porque yo todo el
      Tiempo hablo de mí. Sobre tu último suspiro… yo solo sé que te echaré de menos hasta que me vaya yo.

      Me gusta

  2. Es verdad, no estamos acostumbrados a reflexionar por escrito, perdón no voy a generalizar. No estoy acostumbrado a reflexionar por escrito, y si, es por miedo a no expresarme bien y mucho más si lo que voy a expresar va a ser público. Si, soy procrastinador, aunque no lo había pensado de la manera que tú lo has expuesto y es verdad que es más por miedo que por ser vago, miedo a que no salga bien, a que no te den la respuesta que tú querías, o simplemente que es una labor tediosa que no estás acostumbrado a hacer, y si, rumio mucho y se envenena y me siento mucho peor persona de lo que posiblemente sea. Yo lo de procrastinar no lo relaciono con las tareas rutinarias diarias o semanales como la de tu ejemplo, limpiar baños, hacer la compra… si dejas de hacer eso tan básico no puedes hacer lo más complicado, como el ejemplo de un soldado americano que decia que si no eres capaz de hacer tu cama todos los días, imaginate alguna tarea mas complicada. Bueno, es mi humilde visión, creo que es la primera vez que te escribo un comentario de tu blog, aunque creo que me leído la mayoría, también me he visto un poco obligado😜. Un saludo y por favor, no dejes de escribir, aunque sea solo para ti y no lo publiques.

    Le gusta a 1 persona

Replica a Ernesto Capuani Cancelar la respuesta