Ladran, señal de que cabalgamos

Cómo tratar con personas difíciles

No discutir, no explicar nada, no justificar nada y no defenderme de nada, no importa lo que sea dicho. Aire.

Y eso que he podido decirlo muchas veces, escribirlo por aquí en el blog, decírselo a otras personas a modo de consejos no solicitados (qué bien yo). No, en serio, no es costumbre en mí dar consejos que no me hayan pedido. Me pasa poco y estoy pendiente de no caer, es como una trampa absurda que siempre está atenta para pillarte el pie al pasar. Y eso que he podido decirlo muchas veces, como decía, que ya lo sabía: pues me he dado cuenta hoy. Hay personas que, en lugar de asumir la responsabilidad de sus acciones, prefieren adoptar el papel de víctimas en los problemas que ellos mismos generan. Hoy mismo ya he dicho basta. He visto ya muchas veces esto de evitar asumir la responsabilidad de lo que digo o lo que hago y culpar a los demás de todo por sistema.

Uno de los aspectos más críticos en cualquier relación, ya sea personal o profesional, es la incapacidad de asumir la responsabilidad de nuestras acciones. Sin embargo, he notado que existen demasiadas personas que, en lugar de reconocer el daño que causan, evaden la culpa con soltura, distorsionan la realidad para hacer que los demás duden de sus propios sentimientos o percepciones. Todo, todo, todo es responsabilidad exógena.

Estar a la defensiva es una forma de relación profundamente destructiva y, por supuesto, si estoy a la defensiva es porque pienso que los demás me van a hacer daño. Así que, antes de que me hagas daño, ya te ataco yo con una buena actitud defensiva que, puestos a competir en el rankin de incapacidades emocionales, los defensivos crónicos se llevan la palma de carentes de empatía. Cuando alguien reacciona de manera exagerada a una crítica (especialmente si es un comentario sencillo o sutil), también manifiesta una sensibilidad extrema y una tendencia a percibir ataques donde no los hay. A mí me parece que este comportamiento suele estar enraizado en experiencias pasadas de disfunción familiar, donde se sobrevivió con críticas disfrazadas de bromas o con una expresión de la afectividad muy limitada. O, al menos, es lo que he observado en el caso más cercano que tengo. Son reactivos emocionalmente y perciben criticismo de manera obsesiva en sus relaciones. Es algo así como si tuvieran una adicción inconsciente al drama, a situaciones de bronca o a resolver conflictos a lo bruto. Qué tóxico.

Yo misma tuve una relación con una persona así y ha sido hoy mismo cuando me he dado cuenta de que ya estoy harta de tenerle miedo. ¡Yo! La experta en comunicación, no sabía cómo salir del atolladero. Claro, se juntan otros factores, se juntan la responsabilidad, otros seres humanos a tu cargo, la salud del devenir. Todo se vuelve complejo. Durante mucho tiempo creí estar siendo muy inteligente en mi manera de relacionarme, pero ha tenido que ser hoy el último día en el que voy a pasar miedo del carácter de otro ser humano. Hablo de ese terrorismo emocional inconsciente que las personas defensivas en extremo ejercen contra los que estamos alrededor volviéndose agresoras casi sin querer, hablo de ese momento en el que evitar sus enfados era mi logro del día. Madre mía… me liberé de aquello hace mucho y, al tiempo, por el lazo que nos unía, volví a caer en la misma historia. No hay que apagar la luz de una para que otro esté tranquilo. Fin de la historia. Cueste lo que cueste. Y debe ser a toda costa porque este tipo de reacción defensiva no deja de ser una forma de control muy potente y muy dañina.

Amenaza

«Las personas nos ven de la manera en que nos necesitan», esta frase es mía y me gusta haberme dado cuenta del significado. Si no, ¿por qué hay personas que nos odian sin ni siquiera conocernos? Cuando odiamos a alguien a quien tampoco conocemos realmente nos liberamos en seguida de la necesidad de ser responsables de lo que decimos o de nuestras acciones hacia esa persona. Como le odiamos quiere decir que es digno de nuestro odio, por tanto, no tenemos que rendir cuentas con nadie, mucho menos, con el objeto de nuestro odio. Comprendo que suene simplista, igual pensémoslo otra vez. Quizás sea más fácil de aceptar sustituyendo a la persona por una cosa: si detestamos un objeto nos resultaría fácil deshacernos de él, tirarlo a la basura e, incluso, maltratarlo. Lo más curioso de este movimiento que casi no podemos controlar es que sucede igual cuando enaltecemos a alguien, cuando ponemos a una persona en un pedestal. Al situarla ahí, la liberamos de tener que tomar responsabilidad de nada porque todo estará bien y, de nuestro lado, esa persona cargará con la dura carga de ser salvadores o guías o maestros que nos den ejemplo santoral. Estos son conceptos en los que ando yo reflexionando como cuando pienso que la procrastinación es una forma de miedo… esto lo dejo para otro artículo. Pero, piénsalo.

Y luego está el tema de amenazar a alguien, pero literalmente. ¿Qué clase de hedentino comportamiento de lo más bajandino es este? Yo creo que detrás de una amenaza lo que reside es, de nuevo, el miedo. Y justo antes del miedo está la envidia, claramente. El acto de la amenaza en sí mismo es de una pobreza alarmante, de una falta de clase irremediable y de muy limitado autocontrol. Te tienen que espiar y estar pendientes de lo que haces o lo que dices, tienen que empozoñar a tu entorno y tienen que estar realmente acojonados de ver quién eres y cómo creen en tu poder. Son todos esos que están en tu contra los que más te admiran, es solo que no han sido capaces de tenerte a su lado. Es que se ocupa mucho tiempo en odiar y atacar a alguien, hace falta dedicación. No sé cómo tienen tiempo para esto; yo me paso el día absorta en mis reflexiones, en mis conclusiones, en las revisiones que hago de mí, de mi proceder y de mi lenguaje interno. Y también soy mamá. Vamos, que, aunque quisiera, la amenaza sería la requeteúltima de la última y penúltima de mis pasiones. Que no.

Voy a volver al principio: ¿cómo tratar con personas difíciles?

No discutir, no explicar nada, no justificar nada y no defenderme de nada, no importa lo que sea dicho. Aire.

Y fue de manera simultánea que me llegó esta frase de Goethe: «Ladran, señal de que cabalgamos», ¿no es increíblemente alegórica?

2 comentarios en “Ladran, señal de que cabalgamos

  1. «Las personas nos ven de la manera en que nos necesitan»

    Anda que no ni na

    Genial , Esther, que definición tan esencial; en mi mente he visto dar una patada furiosa a una lata, y he oído : a ver si la reviento.

    Así nos ven a través del odio. Ese grito de guerra de Byron Katie que citas, es una atronadora destrucción de paz que aceptamos como regla del juego sucio.

    «Hedentino»
    Gracias por enseñarnos esta definición, te felicito de nuevo. Ese hedor que despide el miedo, sustento del que brotan las constantes actitudes y comportamientos tóxicos y trágicos y destructivos.

    Enhorabuena por manifestar ese BASTA de un alma amordazada, enhorabuena por decir NO a la negación de tus talentos y tus valores, de toda una vida en pos de la maldita necesidad de aceptación🌹. Enhorabuena por reconocerte y gritarte al mundo entero, y por ese ejemplo para tu hija y para las y los demás.

    Me emociona y llena de esperanza ver y oír tu voz como la gigante espiritual en la que te has convertido♥️
    Sigue cabalgando, hija mía, que ladren los perros es buena señal, son aplausos del otro lado, cada uno da lo que es.
    No hay que tomar por gigante lo que no es más que la sombra de un enano.

    «Nada hay tan oculto que no se llegue a descubrir, y nada tan secreto que no se llegue a saber» Jesús de Nazareth

    Le gusta a 1 persona

Replica a Esther Ráez Cancelar la respuesta