En busca de la soledad

Hace unas semanas leí algo en algún sitio sobre la futura desaparición de los likes.Me gustó mucho verlo escrito porque esto yo ya lo había pensado y deseado.«Los likes», ese enemigo silencioso que se cuela en nuestra vida para que ya nunca más podamos estar tranquilos con nuestros verdaderos pensamientos.

Leí en la revista Ethic algo sobre la búsqueda de la soledad, cómo aún existen personas que no han averiguado cómo estar solas consigo mismas y cómo no harán el esfuerzo de cuestionárselo tampoco. Siempre será más recomendable tomarse un Diazepam para la ansiedad que hacerse preguntas. No soy muy bien entendida con esto de mis carentes habilidades sociales para reunirme con personas, quién lo diría dedicándome a la comunicación. Y, precisamente: para mí es urgente optimizar mis encuentros sociales con otras personas justo por esa energía híper-limitada que tardo eones en recuperar.

Digo que va pasando el tiempo y parece que voy a peor, pero lo que pienso de verdad es que va pasando el tiempo y, sí, conservo menos relaciones, pero me siento mejor. Me encuentro en búsqueda plena de soledad, esa que se elige y esa que tantos se empeñan en rehuir. «No quiero estar con otras personas», jolines, qué mal suena. Y todo lo que yo oigo es: «por favor, no me oigo por dentro, quiero sentir». En soledad se encuentran todos esos demonios, los que a una le ponen el cerebro y la vida del revés. Y tengo que encontrarme con ellos porque son muchos o, más que muchos, son grandes, tienen fuerza, me asedian y me roban, se llevan lo mejor de mí. El Diazepam no me funciona.

Esos espacios de soledad que yo busco, ese aislamiento, un ostracismo voluntario que me permite seguir siendo madre e hija y mujer en todas sus vertientes, hasta la de hombre, eso es lo único que me deja entrever quién soy de verdad, hacerme cargo de cuánto valgo. Me cuesta muchas veces recordar cuánto valgo porque no se puede medir. Me quiero desacompañar y quiero que lo entiendas, aunque sé que esto mismo es un koan. Seguro que son etapas de la vida, fases por las que alguien como yo debe pasar… dejar todo lo conocido, o casi. A Sofía no la puedo dejar, pero sí la quiero liberar, especialmente, de mí, que soy su madre: las madres y lo bueno y los yugos y el desierto. Si todavía no has matado a tus padres, estas últimas frases no te llegarán.

La incomodidad de estar solos o la necesidad de estar solos. Hoy mismo me he visto en otra de mis encerronas psíquicas habituales. Tanto explicar que las redes solo son un juego que tengo la lengua de esparto ya. Tanto escuchar a otro ser humano ocupar tiempo y espacio, y digo escuchar, no ver. Verlo, lo veo. Aunque es curioso que me resulte más fácil dejar de ver que dejar de oír. Es un incordio, me estorba y me interrumpe utilizar toda mi reserva energética social en una sola persona. Cuándo aprenderé. Quizás tú, que estás leyendo esto sepas la respuesta, quizás tú pienses que esto lo gestionas genial. Esto que hacemos en el trabajo de aguantar a otros para hacer negocios… ¡y si solo fuera en el trabajo! Venga, vamos, sé un poquito más honesto contigo. Tú tampoco sabes. Y, entonces, la encerrona… que yo quiero de pronto irme y estar conmigo misma porque yo no pienso en espiral descendente ni ascendente, que yo pienso en todas direcciones.

Los likes van a desaparecer, estoy segura. Y lo harán porque estamos enfermos de soledad. No hay cosa más antigua que reunirse con otros seres humanos y estar, claro que sí. Pero el ser humano fue desarrollando su cerebro y su intuición y empezó a tener otras necesidades de relación y otros deseos de soledad. Hablo de muchísimo tiempo atrás, a lo mejor, de cuando los cráteres de meteoritos gigantes o, yo qué sé, a lo mejor de cuando los neandertales… si de algo yo no sé es de ubicar la historia del hombre en el tiempo. Y, entonces, llegó internet. No, no, mejor todavía: y, entonces, llegaron los LIKES. ¿No habéis oído ya muchas veces esto de que darle «me gusta» o no darle genera ansiedad? Entonces no lo explicaré mucho más. Pues, esto mismo trasladado al mundo empresarial es ya la pera limonera.

Las redes, qué peligro. Pero, mirando bien, las redes es el patio de vecinos de toda la vida solo que más grande. O ese juglar que va de aldea en aldea contando los chismes y los cuentos del lugar anterior… en unos sitios con más éxitos, hasta con alguna que otra moneda de propina, pero, normalmente, cotilleando sin parar o «entreteniendo» en la plaza mayor. A veces trayendo noticias reales de palacio… pero, entonces, ya no son solo los juglares, sino los mensajeros del rey… o algo así. No lo sé. El caso es que cambia la vía, el medio, la plataforma y, por supuesto, la seriedad y la credibilidad.

Y, vamos, que yo misma sé de esto que ahora se dice de «yo no veo la tele» y es ya hasta un esnobismo. Lo siento… sí ves la tele. Ves Youtube y otros lugares en internet que te enseñan lo que pasa en la tele. Que yo me acuerdo cuando antes el esnobismo no era que yo no veo la tele, el esnobismo era «yo solo veo los documentales de la 2». Bueno, pues después de eso era que «yo solo veo Redes, pero Redes lo de Punset». Ahora es «yo no soy de redes» (las sociales), que me da la risa. Venga, pues, ahora digo yo lo mío: yo no veo la tele.

Se oyen risas.

Existe el temor real de que estando solo uno consigo mismo… uno se encuentre consigo mismo y se acojone de miedo y, entonces, el acabóse. Incapacidad muy bestia de convivir con nuestros pensamientos, de descubrir que no sabemos si tenemos alguna opinión propia o de si eso es incluso posible. Darnos cuenta de alguna obviedad no aparente hasta entonces para nosotros mismos como, por ejemplo, que no seamos tan buenas personas o que no seamos tan guapos o que no seamos tan necesarios. Todo es pavor. ¿Y si fuera verdad? Pero, ¿y si no? Si no es verdad, habremos transitado un espacio de transformación. Esto para mí está muy claro.

Total. Que he salido corriendo de una reunión de trabajo hoy. Es prácticamente literal.

Por cierto, que recomiendo recomiendo recomiendo, así, repetido y sin comas, la revista magazine Ethic. Te lo dejo en hipervínculo para que vayas a ver ahora corriendo qué es esto y por qué me gusta. Seguro que con un vistazo que le eches, ya ves que es de esas de «mis cosas». Que sí, que esto de Ethic sí es el periodismo con el que espero que me bombardeen los medios. Por supuesto, ni de lejos.

En busca de la soledad.

2 comentarios en “En busca de la soledad

  1. Me identifico con lo que dices . Es imprescindible la intimidad , el recogimiento interior para poder oírse a sí mismo .
    Hay que huir de esas personas que necesitan desesperadamente hablar sin parar «de lo suyo» pero no van al psiquiatra ; no podemos hacerles terapia porque su neurosis nos enferma. Hoy he tenido noticias de que Renfe dispone en el AVE del “vagón del silencio”, un gesto pionero magnifico. Enhorabuena Esther por tu magnífica disertación y gracias por querer un mundo sano ♥️

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