Honestidad vs. Sinceridad

Ni siquiera yo, que voy con el lema #HonestidadBrutal a cuestas, he podido disociar y volver a conectar los puntos con facilidad.

No es sencillo describir conceptos abstractos y, mucho menos, cuando estos conceptos te importan. Si nos paramos a pensar de verdad, es muy complejo explicar qué es una idea, qué es el color amarillo o qué es la complejidad. Una no sabe la de cosas que le va a tocar aprender hasta que está aprendiéndolas.

Por ejemplo, yo pensaba que ya sabía explicar cosas hasta que mi hija ha empezado a enseñarme a la Sofía que hay dentro de ese cuerpecito de cuatro años y medio. A ella le surgen preguntas y me las lanza sin pudor, con ese aire genuino e infantil que es pura exigencia en realidad. Y yo, con buena tendencia a la reflexión, no me lo tomo a la ligera. Será porque yo ya me hacía preguntas antes de su nacimiento, pero, igualmente, no es lo mismo que uno se haga preguntas a que tu hija te las formule mirándote a los ojos: esperando con ilusión una respuesta satisfactoria, algo que su cerebro pueda procesar y, además, rendir.

A Sofía jamás una respuesta le parece suficiente. ¿Por qué será?

Sinceridad

Le he preguntado yo a ella, a mi hija, cuatro años y medio, casi cinco; le he preguntado si sabe lo que es ser sincero. Y ella me ha dicho que es cuando le dice todo a su amiga y la avisa de una cosa para que la seño no le regañe. Que la sinceridad es como quererse, eso me ha dicho.

Me deja asombrada. Porque la sinceridad es una expresión del momento presente. Es abrir el corazón y compartir lo que realmente sientes y piensas en ese instante. Ser sincero implica una transparencia emocional, una comunicación sin filtros que revela nuestro estado interior sin adornos ni reservas.

Brutal.

Honestidad

Sobre esto no le he preguntado nada aún, quizás la palabra sea demasiado vasta para ella ahora. O, quizás debería proponérsela. No lo sé. La veo muy pequeña, aunque su cerebro me impresiona.

La honestidad es un compromiso con la verdad y la integridad a lo largo del tiempo. Ser honesto implica una coherencia entre lo que decimos, hacemos y creemos. Va más allá del momento presente, abarcando una ética personal y una responsabilidad con uno mismo y con los demás. Actuar conforme a nuestros valores y principios, incluso cuando no hay nadie observando. Es una piedra angular en la construcción de relaciones sólidas y duraderas, ya que genera confianza y respeto mutuo.

Diferencias Esenciales (que esto lo he ido sacando de aquí y de allí y que me han gustado estas tres pinceladas; que si se busca por ahí, pues salen más cosas):

  1. Temporalidad: La sinceridad se centra en el presente, en lo que sentimos y pensamos ahora mismo. La honestidad abarca una perspectiva más amplia y sostenida en el tiempo.
  2. Profundidad Emocional: La sinceridad revela nuestro estado emocional y mental sin filtros, mientras que la honestidad puede implicar una reflexión más profunda y una alineación con nuestros valores y principios.
  3. Contexto: La sinceridad puede ser espontánea y surgir en conversaciones íntimas, mientras que la honestidad es una virtud que aplicamos en todas las áreas de nuestra vida, en todas nuestras acciones y decisiones.

Mira, aquí te lo cuento en un vídeo.

Un ejemplo de Sinceridad sería como cuando le dices a alguien lo que sientes y piensas sin suavizar tus palabras. Esto suele crear una conexión más profunda entre las dos personas, pero, también, tiene consecuencias. A veces, se genera un vínculo más fuerte, pero se cambia la perspectiva hacia al otro inevitablemente. Mi visión acerca de la sinceridad está en torno a la intimidad, que debe sucederse en un ambiente de seguridad y que, si esto no es así, se puede convertir en un Sincericidio. Esto no lo necesitamos (¿o sí?).

Un ejemplo de Honestidad sería como cuando te comprometiste a hacer algo o a finalizar algo, incluso cuando ya no te interesa demasiado o no te viene bien; o que sea muy difícil para ti hacerlo. La honestidad se manifiesta en mantener tus palabras y actuar conforme a tus principios, construyendo una base sólida de confianza y respeto. Que también uno debe valorar la posibilidad de entrar en los Honesticidios, es decir, mantenerse inamovible incluso cuando el tsunami nos pasa por encima. Bien, que la honestidad sea personal, interior y se transfiera al otro sin tener que anunciarla; pero que si hay que re-calcular ruta, pues igual es que estamos ante un escalón evolutivo, ¿no?

La sinceridad nos permite conectar profundamente con los demás y la honestidad nos ayuda a vivir de manera coherente. Yo no tengo respuestas (que para eso ya está mi Sofía), ni tampoco poseo los secretos mejor guardados; pero, sí sé que en esto hay mucho de equilibrio. Que el equilibrio se hace subiéndose a la cuerda floja, desafiando nuestro centro de gravedad y reorganizando nuestro jardín único una y otra vez, una y otra vez.

Cultivar ambas cualidades nos permite construir relaciones auténticas y vivir con integridad. La combinación de ambas es un arte, igual le pregunto a Sofía cómo lo hace ella. Porque yo creo que será mejor que, a partir de ahora, le haga más preguntas a mi hija, ya que a ella se le da mucho mejor que a mí encontrar las respuestas más honestas.

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