Calumnia

«No hay peor calumnia que la verdad»,

Nicanor Parra.

Dice la RAE:

  1. Acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño.
  2. Imputación de un delito hecha a sabiendas de su falsedad.

Las dos me suenan, las dos las he vivido, las dos me llegan a quitar el sueño. La calumnia es una de las formas más antiguas y efectivas de sembrar la duda. Una estrategia de comunicación oscura y cruel con consecuencias inevitables. Una forma de venta, de exposición, basada en lo que no es verdad, infundios y mentiras.

La emisión de juicios es una enfermedad letal. Sí, hemos luchado (o, más bien, nuestros antepasados) por la libertad de expresión, por poder, incluso, pensar lo que queramos. Y esto es algo genial, casi inalcanzable, impensable. Hoy, las redes sociales nos conceden a todos y cada uno de nosotros un altavoz para poder decir y expresar todo aquello cuanto queramos. Y, también, está la vida real, la que es offline, la que ya no son las redes sociales; esa que vivimos buscando la foto perfecta para publicar o la historia más impactante para enganchar a nuestros seguidores. Y aquí es donde aún más todavía me quedo estupefacta. ¿Cómo es posible que la mente nos juegue tantas malas pasadas? Maledicencia, calumnia, chisme y envidia.

La historia de las tres rejas no es mía, pero ahora hago como si lo fuera. Un joven discípulo de Sócrates llega a casa de éste y le dice:

– Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…

-¡Espera! –lo interrumpe Sócrates- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

– ¿Las tres rejas?

– Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

– No. Lo oí comentar a unos vecinos.

– Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?

– No, en realidad, no. Al contrario…

– ¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

– A decir verdad, no.

– Entonces –dijo el sabio sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Pues, sí, la historia está genial, muy sabia. ¿Quién lo practica? Yo no conozco a nadie. Ni siquiera yo, que a mí sí me conozco. A veces hablamos porque hablamos, porque sí, porque no escuchamos… Hace unos días me di cuenta de una dinámica tóxica que pasa desapercibida, esa que se usa para hablar de uno mismo, pero que parece que es para que hable el otro. Por ejemplo: ¿qué tal está tu hija? (Respondo). Ah… pues la mía (y ya jamás te vuelve a preguntar por ti y aquello se convierte en un monólogo. Un monólogo agradable, un monólogo que no parece un monólogo. Un monólogo que hace las veces de conversación, pero que pone de manifiesto la incapacidad para escuchar y, por tanto, para conversar). Hablar, hablamos todos. Hasta los mudos hablan. Y tampoco puedes decir que esa persona que solo habla de sí misma sea mala persona, tan solo es que no escucha. Y, digo yo, ¿no es eso bastante malo ya?

Otras veces se nos meten ideas extrañas en la cabeza, pensamientos que responden a nuestras conversaciones internas y se vuelve tan intenso que pensamos que esas conversaciones ocurrieron de verdad. Y entramos en maledicencia, calumnia, chisme y envidia. Y lo compartimos con otras personas, y hablamos de esa persona a quien, en realidad, estamos calumniando. La palabra en sí misma suena muy fuerte. Si acusásemos a alguien de calumniarnos es posible que se echase las manos a la cabeza porque ¡nadie calumnia hoy día! Todos decimos la verdad. ¿No?

A mí me hacen sufrir muchas cosas. Y no es para que se me diga ahora que el sufrimiento es una elección. El sufrimiento es una elección, pero mucho antes de que sea elegido, es una emoción humana, igual que el odio, la venganza, el rencor, el deseo de exterminar a otra persona, querer hacer daño. Y calumniar. Hay que procesarlo, comprenderlo, integrarlo, darle sentido. Y, después, pasar la página.

Yo sé de calumnias que se erigen contra mí. Y estas son mis dos conclusiones:

  1. No hacer nada.
  2. Saber que no hay peor calumnia que la verdad.

Honestidad Brutal. Con mi hija, Sofía Clara, y toalla de playa, «Siempre Fuerte».

2 comentarios en “Calumnia

  1. Si yo hubiera pasado por los tres filtros una calumnia, tú no habrías escrito este post.
    Que bien escrito es pobre , no me parece Justo , es magnífico , increíblemente limpio ❤️

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  2. «No hay peor calumnia que la verdad»,
    Esta sentencia es sublime , tremenda , arrebatadora, te noquea . Así me ha dejado a mi desde ayer que te leí , porque quien calumnia habla de sí mism@, está queriendo dejar de oír su propia voz , e inventa algo monstruoso que en realidad ha brotado de su propia psique

    Te admiro 💪♥️

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