El amor en mi cuerpo así como Sansón y su pelo.
Esther Ráez
Por si acaso todavía queda alguien pensando que yo no creo en la pareja, en la institución del matrimonio o en los valores tradicionales.
Por si acaso aún queda alguien dudando de que quede algo de amor y pasión en mi corazón.
Por si acaso hiciera falta recordar que el dolor es momentáneo, pero que transforma la esencia de quien lo padece.
La montaña no se disculpa por el inmenso espacio que ocupa, ni siquiera cuando el hombre no puede subirla ni cuando los pájaros no alcanzan su cima. Ni el mar pide perdón por ser así de profundo, vasto e imponente. Solo son. Es cuando no se acepta su naturaleza que su carácter se vuelve aniquilador; cuando uno quiere cambiarlo y solo tiene dos manos y una boca. De nada sirve más que aceptar.
El amor en mi cuerpo así como Sansón y su pelo. Como cuando cantaba esas canciones de Aoife O´Donovan y esperaba a que el agua me tocara los dedos de los pies en la playa, sentada al lado del amor que tenía en mi corazón. Y los dedos se dejaban tocar por la arena de la playa y el sol bajaba naranja y todo era bonito en Tarifa o en Marbella o en Corea o en cualquier otro lugar.
Se deja de pensar así, como si todo tomase un color diferente o, para que brillase, uno tuviese que accionar la maquinaria más pesada. Y, después de todo el esfuerzo, una perdió su luz. Se deja de pensar así, pero no se llega al final de todo. Se deja de pensar así porque se cambia, se aprende, se progresa; porque el amor se siente diferente dentro y se siente diferente en la carne. Ahora hacen falta otros criterios y ya no se quieren subir montañas ni aquietar las olas. Ahora, lo que se quiere, es que el espacio sea reclamado y que ni el mar ni la montaña se rodeen de muros infranqueables.
De tantos tipos de amor que hay, resumimos en uno, el más grande, el más importante: el amor por ti mismo. Por eso ya no encaja el romanticismo ni el cortejo infantil, porque aquello se refiere todo el tiempo a la necesidad propia de conseguir algo que está afuera. El romanticismo nos deja a oscuras de lo que es importante. Y, para mí, qué habrá más romántico que una verdad dicha a tiempo cargada de una mirada reflexiva, empapada de autoconocimiento y expuesta con pudor y cohesión. Por dar un ejemplo más visual, no se trata de no enviarme flores, se trata de para qué me las envías.
Una gran diferencia entre hombres y mujeres y una gran distancia, probablemente, insalvable.
Que si viene el amor me corta el pelo, que si me corta el pelo me desaparezco. Que yo soy primero, que yo soy montaña y soy un mar entero; que no quiero tijeras ni peinados ni te daré el pelo que me cortes porque ya me lo estarás quitando. O yo misma te lo entregaré como ofrenda de paz. Pues esto no lo quiero.
Que a mí el amor me suena a country triste y alegre y a más que no diré. Que me recuerda que mi pelo es espeso y moreno y casi rizado del todo. Y que tengo todo lo que hace falta. Pero, si tú crees que a ti te falta, que te pongas una música que te despierte un quejío y otra que te resuelva los pies; que yo tengo mucha música, pero no tengo la tuya.
Pero, si vuelvo a Aoife O´Donovan no es porque sea mi favorita, solo es porque esa canción me recuerda a la Esther que era joven y pensaba que la tradición también era para ella, y la pareja, y la institución del matrimonio. Que yo sí creo; es solo que, ocupando el espacio que ocupa mi montaña y respetando la profundidad de todo mi mar, no encajo.
Hice cuanto todos me pidieron, hice lo que mis entrañas clamaban. Y ahora estoy aquí, que no espero nada más que ser yo más genuina, excelsa y contundente. Que quien se acerque se quiera quedar, pero que yo ya no voy. Y me sirve para todas mis relaciones de amor, que van a ser todas las que he tenido en mi vida, tengo y las que tendré. Porque el amor no es sexo, aunque, en muchas ocasiones, lo incluya. El amor es lo que yo te doy porque yo quiero. Que genuina, excelsa y contundente no significa perfecta.
Esther es como Sansón en buena medida. Pero, como ya sabes cuál es mi estilo, si quieres conocerme mejor, tendrás que leer la historia por tu cuenta: la críptica, la de verdad.
Besos.

Dijo J.P. Sartre que el otro es el infierno.
Cada vez hay más personas que solo quieren estar con sus mascotas , que sustituyen a los otros , y se los tatúan . Las mascotas no nos quitan la razón , no discuten , no contestan .
Mejor no lo puedes explicar, Sansón de Mares y montañas, porque tienes la gracia divina del niño que disfruta, se sorprende y quiere ser sorprendido.
Has evolucionado tanto que te das cuenta de que estar en paz es estar en continuo caos, nadando y subiendo, siendo arrebatadora mente tú. Gracias por tu olor a sal, tú frescor de cumbres y tú fuerza insondable
Me gustaLe gusta a 1 persona