Gordofobia

También sirve de título «Gordofóbicos» o «crueldad escogida» o «voy a seguir pensando que los gordos son inferiores y no merecen lo mismo que yo porque puedo»…

La gordofobia, por si no estás familiarizada con el término, es el temor y el odio a los cuerpos gordos.

Alex Light https://www.instagram.com/alexlight_ldn/

Me afecta mucho cómo los medios de comunicación representan y estigmatizan a las personas con sobrepeso, cómo se comunican los profesionales de la salud sobre el peso corporal y la salud, o cómo se expresan los comentarios y chistes gordofóbicos en la vida cotidiana. Todo esto hace que una persona gorda termine auto-cuestionándose y robándose valor. Ese valor que es intrínseco al ser humano independientemente de su forma o cómo se adorne el cuerpo. Al final, el lenguaje que utilizamos para comunicarnos no deja de ser un reflejo del lenguaje que utilizamos para hablarnos a nosotros mismos.

He llegado a sentir el menosprecio social, familiar, íntimo y de mi círculo de amigos. Siempre ha habido un juicio con respecto a mi cuerpo. Yo soy diferente, siempre lo he sido y siempre lo seré. Tengo grabados en mi memoria instantes de mi vida en los que sufrí discriminación por mis piernas, por mi peso o por mi estatura. Muchos de esos momentos son de la infancia pero, muchos otros, son de mi juventud. En mi grupo de amigos íntimos jamás fue reconocida mi belleza porque convivía en un entorno altamente superficial. Estos amigos siguen siendo mis amigos hoy, aunque jamás les he contado que sentí su yugo eterno sobre mí por no ser tan delgada, tan elegante o tan guapa como mi mejor amiga o como las modelos anoréxicas que se pusieron de moda a finales de los 90. Sin embargo, en los noventa, precisamente, las modelos no eran tan anoréxicas como lo son hoy. Igualmente, existía una fortísima presión social por ser delgadas o por ser como las revistas de moda dictaminaban teníamos que ser.

No sólo fue el caso de mis amigos, también fue un entorno familiar en el que la comida se restringía (y nadie lo diría) o se ofrecía generosamente para comer en un plato pequeño. Mi relación con la comida no es solo acerca de qué como sino acerca de mi personalidad y la forma de mi cuerpo. El eneatipo 8, con el cual yo me identifico tras muchísimo tiempo de terapia, necesita sentirse fuerte y capaz; con libertad, autonomía y espacio. Un 8 sano es un líder natural que atrae y hace florecer lo mejor de cada persona. Si te da curiosidad qué es esto del eneatipo, te recomiendo las lecturas de los libros de Claudio Naranjo.

Haz las Paces con tu Cuerpo de Alex Light me ha dado luz y gran tranquilidad. Conocer su historia me ha dado bastante calma y la forma en la que ella aborda el tema destila una gran inteligencia emocional y muchísima fortaleza. Me gusta. También te lo recomiendo.

Ella escribe:

Gorda no es un insulto. […] La gordofobia es una forma de discriminación que equipara gordura con inferioridad, falta de atractivo e inmoralidad y provoca un sinfin de consecuencias nocivas, tanto físicas como mentales, a las personas gordas.

Para mí, el problema principal es la falta de responsabilidad de las personas hacia este tema. Todo el mundo (prácticamente sin excepción) cree no ser gordofóbico, sin embargo aplauden cuando una persona adelgaza si antes era gorda o minimizan la situación cuando una persona reacciona ante un comentario u opinión no solicitados sobre su cuerpo. Lo que yo experimento es que todo el mundo a mi alrededor ha normalizado que ser delgados es sano y ser gordos es enfermo; que ser flacos es elegante y ser gordos es ordinario; que ser flacos es atractivo y ser gordos es vomitivo; que los flacos pueden hacer lo que quieran y los gordos no. La lista no termina aquí. No he encontrado ni a una sola persona que admita su comportamiento gordofóbico y, sin embargo, las creencias sobre la gordura invaden la psique de nuestra mente social. No es favorecer la gordura, es favorecer que todo el mundo tiene derecho a existir y a ocupar el espacio que ocupa.

Y continúa:

Muchas de las convicciones internas que modelan los sentimientos hacia el propio cuerpo proceden de la infancia.

Como cuando tienes una madre con inclinación anoréxica, pero tú eres midsize. El término midsize se ha puesto recientemente de moda: engloba a personas que sin ser gordas, tampoco son delgadas. Que, sin ser normativas, encajan en algunas cosas sí y en otras no. Que, teniendo piernas largas, puedan tener una amplia barriga, y así, miles de características diferentes. Ni gordas ni flacas. Ni flacas ni gordas. O como cuando tienes una madre gorda, todos en tu familia son gordos, y tú eres gorda, también, sin haber podido hacer nada al respecto más que someterte al castigo social y familiar. Que si tú eres gorda, tu hija deba serlo. Que si tú eres flaca, tu hija no tenga permiso para «coger unos kilitos de más». Que si tu marido se siente atraído por las mujeres delgadas, tú restrinjas la comida que ingieres para complacerle… se me agolpan las situaciones. Estos comportamientos atienden a la infancia, a cómo interpretaste el mundo cuando eras pequeña, a cómo te dijeron sin palabras o con palabras qué tenías que ser para recibir amor, para ser merecedora del afecto que se te debería haber dado por derecho y nacimiento. Conozco en mi entorno al menos un caso de los ejemplos que acabo de citar, son realidades, casos verdaderos. Si te han dicho que la belleza es la delgadez, te costará una vida entera deshacerte de esa idea. Si, además, tu cuerpo coincide con esa idea, será casi imposible para ti creer que el mundo puede ser diferente. Y que, de verdad, la belleza es poliédrica. Multiforme.

Adelgazar = bien. Engordar = mal, ¿verdad? Pues no.

Aún teniendo un cuerpo no normativo, más de la mitad de mi vida la he dedicado a trabajos y actividades que incluían el aspecto físico, el culto al cuerpo o tener una imagen prolija como principal activo. Nunca he sentido la aceptación total. Nunca he encajado. Me he sentido muy sana toda mi vida y a la vez muy enferma. Nunca me funcionaron las dietas ni supe adherirme a ninguna realmente, en mi tiempo de juventud hacía deporte de manera semi profesional y esto me servía de herramienta para mantener una figura que la sociedad considerase más aceptable, más bonita, más atractiva. Qué desbarajuste en mi cabeza, en mi corazón, en mi alma.

Es lo que nos han enseñado -idolatra a las delgadas y condena a las gordas-, pero engordar, igual que adelgazar, es parte de la vida. Sucede por muchas razones: porque nos recuperemos de un trastorno alimentario o de una alimentación desordenada, por problemas mentales, estrés, problemas de sueño, medicaciones, enfermedades físicas, accidentes, menopausa, embarazo y muchas otras causas. En ocasiones sucede por una razón sencilla o inocua; quizá has cambiado de trabajo y ya no vas andando a la oficina o tal vez estés socializando más que antes y salgas con frecuencia a comer o a cenar. Sea cual se el motivo, las fluctuaciones de peso son normales en el ser humano y ni engordar ni adelgazar debería ser motivo de celebración o provocar sentimientos de culpa.

Y, aún así, todavía habrá alguien que diga: «Sí, vale, pero cierra la boca, ya verás cómo adelgazas». Es horrible. El factor psicológico que hace que engordes es el mismo que el que hace que estés delgada eternamente sin darte permiso para naturalizar tu estado físico con el mental.

Sin embargo, es muy difícil no decir «gracias» cuando alguien nos hace un cumplido. Aunque sea un cumplido de mierda como el que se hace celebrando que hayas adelgazado (si eres considerada gorda) o que hayas engordado (si eres considerada flaca). Lo tenemos tan interiorizado que es casi imposible no «ser agradecidos». Pero, de verdad que hacer comentarios sobre el peso o el cuerpo de otra persona está totalmente fuera de lugar. Y lo está porque, en una sociedad tan vacía y superficial basada en el aspecto físico como valor número uno, la enfermedad y la dolencia mental por el mismo motivo es estruendosa. Practicar no dar las gracias cuando alguien nos hace un comentario positivo con respecto a nuestro cuerpo será la única manera de generar impacto. Alex ofrece unas respuestas posibles que yo escribo a continuación a razón de comunicarnos desde un aspecto brutalmente honesto dentro de nosotros inspirando dignidad y respeto:

  • Sé que tu intención es buena, pero cuando me haces un cumplido por haber adelgazado tengo la sensación de que antes no te gustaba mi aspecto.
  • Me siento un poco incómoda, porque no era mi intención perder peso.
  • Estoy pasando una época muy estresante ahora mismo; el aspecto de mi cuerpo es lo que menos me preocupa.
  • He adelgazado, es verdad, pero eso no me supone ningún cambio, aparte de la apariencia.
  • Sí, he perdido peso, pero, por desgracia, no lo considero algo positivo.

Las posibles respuestas son infinitas. También puedes practicar el silencio, que es la que más me gusta a mí. Si sigues mis vídeos en Instagram, seguro que ya habrás visto la relevancia que le doy en comunicación al manejo del silencio.

Mi post en Instagram: https://www.instagram.com/p/C4DhKhZNAv1/

Te dejo aquí una de las preguntas del libro y te invito a responderla en comentarios o enviándome un email o escribiéndome por whatsapp o en redes, ¡como quieras!

Si te pido que imagines a una mujer «guapa»,

¿qué te viene a la mente?

3 comentarios en “Gordofobia

Replica a Esther Ráez Cancelar la respuesta