El final no es más que otro principio

Ya van a ser 7 años desde que mi hermano murió. Las cosas se van viendo diferentes y lo mismo.

Me gustaría poder decir que he encontrado la paz, que me ha servido su muerte para algo útil. Quizás no era el plan que me sirviera a mí, sino a todo un enorme montón de personas que le sienten como suyo. Tampoco encuentro sosiego con eso.

Ahora mi hija tiene 4 años y medio y no ha conocido a su tito Pablo más que en fotos y a través de nuestros recuerdos de él. Ella le conocerá, aunque será de una forma muy diferente. Nunca hubiese imaginado que no estarían juntos aquí, en la Tierra, en el mundo que yo conozco. Lo peor de todo es que me parece que no está en ningún sitio, salvo en interior, en el cuerpo de mi madre a donde ha vuelto, de donde vino. Y así es todo, que por mucho que intente pensar que nos transformamos, que estamos en todos sitios y en ninguno a la vez, a mí no me consuela; que yo hice mi duelo, que yo hice las terapias, que lo estudié en profundidad, que absorbí y bebí de cada fuente que vi fluyendo. Lo único que me tranquiliza es saber que, después de mucho sufrimiento, tras vivir aquello que nos toca, ya no existimos más.

Están a punto de cumplirse los 7 años de su marcha. No quiero sonar derrotista porque no lo soy. Quiero sonar alegre y agradecida, con mucho que hacer y muchos proyectos que desarrollar. Una hija que amar a quien darle todo lo mío. Mi madre. Es solo que pensar en él nunca deja de ser triste.

Me adiviné muy pronto sabiendo que nunca serían las cosas igual, que sería culpada por mis enemigos y que habría una guerra sangrienta contra mí. Lo que esto quiere decir es que la muerte de mi hermano acabó con todo el amor que había en mi familia y ya nunca más fuimos los mismos. Mi hermano se me apareció en sueños hace años, solo una vez (puede que dos). Nunca me dio un mensaje. Las personas sabemos muy bien cómo corregir a los demás y no atinamos cuando se trata de mirar hacia dentro. A mí no me gusta que me juzguen, ni para mal ni para bien. Empezaron a pensar que mi familia era un ejemplo a seguir, una unión de personas excepcional, porque de ahí nació y brotó quien mi hermano fue. Y no digo que no fuera una parte así, tal cual. El caso es que todos los integrantes de mi familia son y somos seres humanos con un millón de flaquezas.

La pena es compañera, ya lo he dicho un montón de veces. Qué sabe nadie.

La pena es compañera y es buena compañera. Mantiene mis pies arraigados en lo importante, no quiero que nunca se vaya. No deseo martirizarme, bastante hace ya mi ego por mí. Me recuerda que a este lado del río hace sol y que al otro no. Me ocupa con cosas que son importantes para mi corazón, no porque la alegría no lo haga, sino porque esto para mí es una cuestión contradictoria que tiene todo el sentido. Yo reclamo mi derecho a ser humana, a querer tener razón, a amar porque sí, a que me salga bien y a ocupar más espacio. La pena viene a todos sitios conmigo, aunque nadie puede verla como yo. Todas las veces que siento mi latido, ahí está mi dolor. Me lo quedo como esa falta que me hace haberle dado a mi hermano una sobrina. Esta sobrina que habría sido la luz de su vida, el inicio de su amor paternal.

El final no es más que otro principio y siento todas las ganas de llorar. Febrero no se deja, febrero me apabulla. «They say an end can be a start» cantan Phoenix. Pon esa canción ahora porque de ahí saqué la fuerza para escribir hoy en público que siento pena y dolor y que quiero llorar. Que peno, que me duelo y que lloro. Es una canción preciosa, positiva y profunda; nostálgica y callada. Consciente. Hay tantas cosas en mi vida que no puedo controlar y quiero aceptarlo.

El mes de febrero es puto. Aquí muere mi hermano y muere mi abuelo. Morimos todos los que le hicimos. Es cuando morí yo.

«Si alguna vez me siento mejor,

recuérdame echar un buen rato contigo», Phoenix.

«Sabes que no pretendo hacerme la lista, la brillante o ir de superior. Soy tan verdad como el hielo, tan verdad como el fuego», Phoenix.

Expresar el dolor no hace que uno no sepa gestionarlo, escribirlo aquí no necesita consejos. Lo que hace falta es una buena lectura introspectiva y que, mientras este escrito se lee, el lector piense en sí mismo y no en mí.

Besos para todos.

Siempre Fuerte.

Esther Ráez, Nirvana.

5 comentarios en “El final no es más que otro principio

  1. El último párrafo es, tan solo, magistral. Enhorabuena por atreverte a contar tu sentir y apostillar que no estás pidiendo opinión ni consejo.
    Para acompañar en el dolor basta con acompasar, sobran las palabras

    Mi niña valiente y siemprefuerte💪🌹

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