Chitón

“No escojas sólo una parte,

tómame como me doy,

entero y tal como soy,

no vayas a equivocarte”,

Joan Manuel Serrat

Estoy convencida de todas mis contradicciones.

Podría comenzar con un resumen del año o una actualización de mi estado presente, o dando la explicación de por qué tardo tanto en escribir otra vez. Podría enumerar sabidurías aprendidas como hice hace poco. Podría escribir algo muy poético. Podría hablar de mi hermano… o de mis hermanos.

Mis conclusiones nunca son descubrimientos que, ya antes, no hayan sido avistados; mis conclusiones me sirven a mí para iluminarme, para elevarme, al igual que me ponen en posesión de mis propias contradicciones.

Me propongo hablar menos. Voy a hablar menos, lo que pasa es que muchos me verán hablar constantemente. Me propongo darme cuenta al máximo que pueda de que la cultura es un impedimento, sin embargo, absolutamente necesaria. ¿Un impedimento?

Vamos a imaginarlo…

Me doy un rato para imaginarlo. Chitón.

Mi madre está profundizando en el poder de la meditación como hábito diario, me da envidia. Yo aún no puedo hacer esto. Y mi hija se le acerca y respeta que medita y respira. Pues este es un momento que no tiene precio. Todo esto acompaña mis propias ideas porque, desde hace mucho (y quienes leen este inconstante blog lo saben) apuesto por callarme un poco más.

No se trata de no compartir, más bien, se trata de callarme para darme cuenta de las cosas. Para ver mejor al otro, para impedirle a mi intelecto que se ponga en el medio de todo, todo el tiempo, todo el rato, todos los días.  No intento ser lógica para que los demás me entiendan, intento ser coherente para no volverme loca yo. Y es que la locura está al otro lado, sí, parece lejana, pero se trata de pequeños instantes de mentiras privadas recurrentes en el tiempo: esas que pasan inadvertidas y que se dicen adentro.

Son mentiras sin importancia, esas que nos dicen que no estamos gordos, que somos buenos y que no decimos mentiras, por ejemplo. Que somos honestos. Y lo cierto es que para poder ser honestos hemos necesitado ser deshonestos alguna vez, y así.

He escrito sobre el rollazo eterno de dar opiniones a diestro y siniestro, y por eso no me gusta Twitter, por poner otro ejemplo contradictorio. Habrá un lugar virtual donde se hable más y más rápido y más alto que ese… cero silencio. Y el contrapunto está, precisamente, en el arte de usar pocas palabras para decir mucho. Se resuelven dudas con la RAE, ve uno un titular relevante, se ríe con otra cosa… Y así.

Todo esto como cuando digo que se me verá hablando, pero que he decidido estar más en silencio; que estaré en las redes con agrado pensando que tendría que irme de ellas; que revelaré alguna cosa públicamente para no creerme que no existo, pero que lo que realmente me hace disfrutar es conectar. Sin que se dé cuenta casi nadie. Conectar. Pero, ¿cómo se conecta? Y, ¿acaso conectar no es otro ejercicio de expresión?

Oralidad muda. Chitón.

Sobre lo de antes, lo de la cultura… movida por mi cultura académica y universitaria he necesitado usar muchas palabras para escribir. Además, es que el español necesita de muchos componentes para decir una cosa. Me refiero a la lengua española, no a un hombre español, pero basta con decirlo con ganas y no con tantos fonemas y sílabas y palabras y frases y oraciones… Este es otro ejemplo contradictorio porque, atención, yo amo las palabras.

Y luego está lo de conocer a alguien nuevo o conocer a alguien mejor. También, lo de enamorarse. Para eso hay que sacar de adentro, para eso sí hay que hablar y opinar, aunque el equilibrio entre el ruido y el silencio habría de ser exquisito: solo y para poder darle el sitio al otro. ¿No es acaso cuestión de darse eso de amar…? Amar, conectar. Hablar, callarse. Y cuando te dedican canciones sin dedicártelas o te envían una foto junto al gato o te saludan en la mañana; cuando te cuentan cómo va a ser el día y no se olvidan de las cosas que has compartido en esos momentos que son de hablar mucho; cuando te hacen guiños en las redes (añadiendo polémica a mis contradicciones más privadas) o cuando te dicen de palabras. Mi vida es pura contradicción y me siento cómoda con todas ellas porque, una vez detectadas, son fuentes de inspiración casi inagotables.

Escuché a Prince en una entrevista y decía que no le importaba nada la opinión de los demás, que esto simplemente era un reflejo de quiénes eran esas personas. ¡Y eso es cierto! Aunque a mí me sirvió la reflexión… sí, se refleja automático quiénes somos cuando opinamos o hablamos, pero, más que eso, reflejamos cómo estamos en ese momento. El matiz para mí está en que sí que me importa lo que los demás opinen sobre mí porque así se revelan ellos ante mí. No es necesaria mi reacción, pero sí mi atención.

Y para los que necesiten de una fórmula que todo lo arregle, hago el cálculo aquí:

A + conocimiento > + chitón

Y si aún hay dudas, la solución está en la respuesta a esta pregunta: ¿quién soy yo?

Contradicción perenne, la fuente de todo ser humano. Mandarme yo a callar, chitón, pero la mente, más que otra cosa. Sin necesidad de darle sentido a todo, pero con toda la necesidad de hacerlo urgentemente. La contradicción que soy yo algunos se toman la molestia de explorarla, esos son los más valientes. Un Quijote arrebatado, paciente: contradictorio sin más. Igual que yo.

Oralidad muda. Dale el significado…

7 comentarios en “Chitón

  1. “…Tómame como me doy…” la música de tu infancia . Que alegría sentir como germinas en lo auténtico; extraes perlas del desierto.
    “Hablar más y callar menos”. Lo estás haciendo , se ve, se palpa; enhorabuena, felicidades, muchas. Para poder silenciarse es necesario haber dicho antes.
    Conectarse, dar, amar no es sino volver al origen.
    A uno mismo. A la propia alma. La conexión es hacia dentro, primero. A partir de aquí empieza la respuesta a la pregunta: Quien soy Imprescindible; que bien que lo sabes y lo haces
    Eres maravillosamente hygge. Gracias por tanto, corazón mío.
    Silencio y Luz💫

    P.D. Menos mal que has aclarado lo de “…el español necesita de muchos componentes para decir…”

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  2. Esther, hace mucho que no te leo y me ha alegrado volver a hacerlo .
    La verdad , creo que no llego a pillar todo lo que dices entre líneas, y al mismo tiempo veo que es magnífico lo que leo. Ya quisiera yo saber quien soy, donde estoy, que estoy haciendo y clausurar mi lengua más a menudo.
    Me da esperanza que tú lo digas así.
    Y aunque te den muchas ganas de poner punto en boca , date y danos tiempo porque somos muchos y muchas los que necesitamos de tus reflexiones
    Mil Gracias bonita . Feliz 23

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  3. Chitón. Anda que no ni na; no hay na detrás de un chitón . Ese pulso equilibrado al escribir palabra tas palabra para que no sobre ni falte y se entienda. Como el andar en tacón fino de quien se siente observada y juzgada.
    Mancantao chatina . Te quiero

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  4. Niña , me has recordado al dicho ese de que para encontrarse hay que perderse. Y ahí andamos todos, buscándonos. Lo que me ha hecho pensar tú post es que solemos buscar hacia fuera y tú me has dado la clave con el silencio , de que es al revés, es hacia dentro donde nos vamos a encontrar. Que bueno.
    Un abrazo y muchos besos

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  5. Hace un par de mañanas, terminando un desayuno fuera de casa, di en leer un post en el que se repetía numerosas veces las palabras contradicción y silencio. Sin duda, tales palabras querían llamar la atención sobre sí mismas; y sin duda también, el concepto que transparenta cada una de ellas gravita sobre el encomiable empeño de crecimiento personal en armonía con la necesidad, humana necesidad, de conectar. En ese empeño, la superación del yo en sus contradicciones y el silencio como modo de rechazo de lo superfluo, lo inane y lo veleidoso, son dos fenómenos que se enlazan para la consecución del fin más preciado, cual es la conexión. Es así como el «yo» terminará en el «nosotros». Y es así lo que yo vi bajo la literalidad del post y sus licencias literarias, quizás abusando de una óptica demasiado abstracta.
    También pretendía suavizar esas palabras, pues creo que no se les debe sustancializar hasta tal punto que eclipsen el importantísimo papel del concepto de «reflexión» en ese empeño.Basta con que pensemos que las contradicciones nacen de las comparaciones (si no comparamos no descubriremos la contradicción), y que el silencio nace o más bien habita en la obervación (si no guardamos silencio -en su acepción mental, claro- nuestra conciencia no podrá observar -en el mismo sentido mental- aquello que es importante y sustancial). Basta pensar en estos paralelismos, para darnos cuenta de que ambos conceptos, contradicción y silencio, son sin duda inestimables baluartes para la empresa. Conducimos nuestras vidas, en gran parte, sobre las contradicciones y el silencio.
    ¿Y la reflexión? Si aquéllos conceptos son medios para mi vida-en-el-mundo,mundo donde están los demás, y hacia ese mundo me proyectan, ¿me sumergirá la reflexión en la vida-en-mí? La reflexión,según me parece, no me proyecta si no a mí mismo; porque es «re-flexión» me hace caer sobre mí mismo, y en ese movimiento de mágica prestifigitación me asoma al vasto terreno insondado o insondable, al páramo indómito de mi yo profundo. ¡Qué gozoso sería dominar ese salto infinito y a la vez temerario, prodigioso y aterrador! En gozar de esas dulzuras debe consistir la «meditación». Aquellos son conceptos mundanos,éste es sagrado sagrados deben ser los hombres y mujeres que a ella han llegado.
    Pues bien, este juego de ideas bosquejaba yo hace un par de mañanas, mientras terminaba un desayuno. Per tal fue la prisa que quise imprimirme, que en un momento de súbita confusión, perdí el control del clic: ¡a saber a quien se lo envié!

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