“El infinito excede la realidad”,
Charles S. Peirce (1859).
El jueves 28 de Agosto será mi última aparición en el programa de verano de RTV Marbella con mi sección de conocimiento personal a través de este blog. Por eso y por mi necesidad de ubicar dentro de mí todo lo que me sucede, me gustaría escribir sobre algunas de las cosas buenas que he experimentado al asomar la cabeza por esta ventana que es la tele de manera personal.
Cuando fui invitada a participar, me sentí halagada y automáticamente sobrepasada por el compromiso, pero lo acepté. No ha sido fácil. Con mi hija, que acaba de cumplir un año, todas mis energías y atenciones están en ella. Sin embargo, algo dentro de mí se accionó y me invitó a aceptar el reto de pensar. Participar en la tele con mi propia sección me ha nutrido e hidratado por dentro y me ha concedido la posibilidad de darme cuenta de que a mí lo que me llena es reflexionar sobre la vida, sobre las cosas que me suceden y las cosas que veo, aquello que me irrita, lo que me desestabiliza. Ahí encuentro la mayoría de las respuestas, en mis propias reflexiones. Y, después, no hay nada que me haga sentir más viva intelectualmente que escribirlas. Cuando escribo ordeno el pensamiento, coloco la emoción allá donde debe estar y termino sin saber que voy a terminar, porque sólo puedo escribir a través de ese algo inexplicable que viene del infinito y que me usa de vehículo. En el acto de escribir se encierra una íntima ligadura de conexión con mi forma más oculta y, para mí, acorta el camino hacia mi autenticidad. Cada semana he quedado atenta a mis emociones para llegar a conocer cuál será ese tema que necesitaré explorar.
Estoy viviendo con alegría el final del programa por la satisfacción de haberme dado cuenta de que cerrar los ciclos es una buena manera de vivir sin angustia. Cuando era más joven no pensaba tanto en esto de terminar lo que se comienza sin resquemor. Me habían inculcado que no hacerlo era un signo de fracaso personal, o así yo lo había interiorizado. Y, hasta cierto punto, esto también puede ser una certeza. A veces no podemos concluir nuestras historias o proyectos porque la vida sucede mientras hacemos cosas y nos ofuscamos o disfrutamos. Pero es en esos instantes en los que estamos siendo más sordos y ciegos ante las circunstancias porque, si la vida nos dice que recalculemos ruta, lo más saludable será hacerlo. Ahora, que ya soy más mayor, me observo más calmada y más serena y admito que me es más sencillo darme cuenta de que darle cierre a mi participación en la tele es una forma sana de relacionarme con el tiempo invertido, las personas que lo han facilitado, mis propias cualidades e, incluso, alguna que otra crítica sin demasiado cariño. Siento que he construido en mi interior y que he avanzado. Me he atrevido a hablar en primera persona de lo que pienso sobre lo que siento y de las cosas que me pasan, y lo he hecho públicamente.
Una de las cosas más mágicas que me ha sucedido en este tiempo ha sido comprender que estos escritos recientes y las palabras que he compartido en la tele me han ayudado a mí misma por encima de todas las cosas y de todas las personas. He puesto en valor mis cualidades comunicativas y me he dado todo el amor cuando me he puesto manos a la obra. Fue una especie de iluminación ver cómo me ha gustado relacionarme conmigo misma mientras me preparaba para salir por la tele más en el sentido del interior. Mi diálogo interno, bondadoso y equilibrado. El poder de hacerlo por mí.
Y, acerca del diálogo, no recuerdo muchas otras ocasiones en las que me haya hablado a mí misma tan bonito durante un tiempo prolongado. A menudo, he sido víctima de mi propio ego machacándome por esto o por aquello, a menudo atiendo a la susceptibilidad de mi carácter, rasgo que sólo me lleva por caminos de gran ansiedad. Quisiera dar algún ejemplo de las palabras que me digo, pero no es tanto una palabra o un diálogo en sí mismo como un estado de bienestar y máximo cuidado para con mi persona y mi yo interior. Mi cuerpo ha reaccionado químicamente a los placeres del buen trato.
Tratarme bien es acerca del reconocimiento de mis capacidades y de mi esfuerzo personal. Desde que soy madre, una revolución silenciosa e interior tiene lugar casa diez minutos, es una especie de sincronización constante con mi intuición y mis auto-consejos más sabios. Quisiera saber explicarlo mejor… ser madre en este momento de mi vida también cierra un ciclo de búsqueda por mi propia ubicación en el mundo y en mi vida. Cualquiera diría de mi fortuna, pero he necesitado verla yo misma. Vivir con menos estrés y menos ansiedad, sin angustia, con menos cargas emocionales por aquello a lo que no me enfrento, construye una mujer mejorada y bien alineada sobre mis pies. También se cierra este ciclo con la finalización de mis apariciones en la tele. Acabar lo que empiezo garantiza la salud de mi vida.
Y por mantenerme sana y a salvo quiero seguir reflexionando. Quiero seguir agradeciendo a mis personas queridas su apoyo, sus lecturas. Y quiero mantener una línea especial de cariño con las personas que están ahí aunque yo no las vea, esas de quienes no soy consciente. Este está siendo un momento precioso e inolvidable de mi vida, una etapa de gran aprendizaje personal y crecimiento (no se dan siempre las dos cosas a la vez ni son lo mismo para mí) y un momento de un gran afianzamiento íntimo como mujer. Este ciclo también se completa, se termina de dibujar la circunferencia del círculo.
Doy las gracias a RTV Marbella por la confianza y, a Carmen y Eva Villén, por sus cálidas y respetuosas entrevistas; a los técnicos que se ocupan de mis conexiones por la paciencia y, muy en especial, a la bella Doris Lancheros, de producción, por su aprecio y su cariño y por creer en mí. A mi familia, de donde yo vengo.
Enhorabuena Esther, por cerrar el círculo de manera tan consciente y sana. La vida es cíclica y sin embargo nos empeñamos en muchas ocasiones en todo lo contrario. El miedo al buen cerrar, supongo que es.
Un abrazo!
Me gustaLe gusta a 1 persona