Cada hoja de hierba tiene su ángel inclinándose sobre ella y susurrando: “crece, crece”, El Talmud.
A propósito de mi participación en RTV Marbella cada jueves en directo a las 12 de la mañana, reflexiono sobre si allano lo suficiente el mensaje, si me expreso con claridad, sobre si hablo con respeto y con discreción. Quise haber escrito un artículo sencillo sobre el concepto de la creatividad para la exploración del ser, cuáles son los principios básicos a tener en cuenta cuando nos disponemos a rescatar nuestras capacidades creativas para nuestra vida. Todo esto de la integridad, la identidad, el concepto de la compasión y la posibilidad, la conexión, la seguridad, el poder, la ira, etc. Pero me di cuenta de que, a pesar de que trabajar todos estos conceptos es básico y relevante, los principios que a mí me resultan más importantes y necesarios son otros.
A continuación, los otros principios básicos (y difíciles) para el rescate de la creatividad:
La Chispa Divina.
La creatividad es para mí una experiencia espiritual, y no importa mucho si la creatividad me lleva a la espiritualidad o si la espiritualidad me lleva a ser creativa. El caso es que la creatividad que hay en mí se va haciendo notar de manera muy enérgica y el resultado es una sensación de plenitud y de buena ubicación en el tiempo y el espacio. Recuerdo, estando embarazada, haber visto un documental sobre la vida del bebé en el vientre materno justo desde el instante de la creación. Yo ya había visto otros documentales antes sobre cómo va formándose el bebé y sobre las fases que atraviesa y las cosas que hace, o la lógica del mundo en la oscuridad del útero materno y los fluidos protectores; pero nunca había visto el momento de la “chispa divina” representado en una imagen. No sé si eso será real, quizás sea sólo una imagen generada por ordenador, pero el concepto de la chispa divina me golpeó en la cara gratamente. ¿Sabías que, una vez se encuentran el espermatozoide y el óvulo y sucede la fecundación, sólo un chispazo eléctrico es el causante de la creación de una nueva vida? Un chispazo como azul y blanco y ¡voilá! De todos los avances y conocimientos científicos y médicos aún no hemos podido descifrar de dónde viene la vida, el por qué de la creación. A mí me fascinó el concepto, independientemente de la veracidad de las imágenes o la certeza científico – médica. Nuestra propia naturaleza es misteriosa y creativa a partes iguales; ambas cosas relacionadas con el poder de la divinidad ulterior. A la mayoría de las personas que conozco les cuesta bastante unir su capacidad creativa con su divinidad, no es mi caso. Y eso que yo, que me encuentro cómoda en misa, mantengo una enorme distancia emocional de Dios. Seguro que es para no rendirme del todo a los pies de mi propia creación, o para no rendirme a los pies de nada o para no inclinarme ante los pies de nadie. No. No es para nada de eso. Es para no culparle por las cosas que vi, en especial, el sufrimiento de mi hermano. Pero sigue siendo la creatividad una experiencia espiritual y un recordatorio de mi propia chispa divina a pesar de mis conflictos internos con mi unión a Dios, esa energía eléctrica que fui en el vientre de mi madre, esa pulsión por la vida, esa voracidad por ser dentro de mi madre, y ella ajena aún a tal cósmico espectáculo. Y, después, ese mismo pensamiento trasladado a mí misma con el vientre lleno de mi hija Sofía. La creatividad es parte del orden natural de las cosas y de la fuerza del ser humano por sobrevivir, por eso, es un desperdicio no atenderla como si de oxígeno se tratase. El desarrollo de mi capacidad creativa me hace un ser humano de mejor calidad, no sin defectos, no sin cometer errores: un ser humano más pleno y viviente.

La fuerza.
“Hay una fuerza creativa que subyace a todo cuanto vive, incluidos nosotros mismos”, Julia Cameron. Hace unos siete u ocho años me marché a Totnes en el Reino Unido a estudiar Ecología y Sostenibilidad en el Schumacher College con Satish Kumar y Vandana Shiva, dos grandes de la ecología. Fueron tiempos diferentes y, desde luego, aquel no era mi camino. Tampoco puedo decir que aprendiera demasiado pero me sirvió excelente para saber que tenía la brújula estropeada. No es que yo no sea alguien que vele por la ecología y la sostenibilidad, pero no me sentí ubicada en mi búsqueda personal de mi propósito de vida. Así, pues, allí me encontraba en mi amada Inglaterra con personas de muchos lugares diferentes y grandes profesionales y personalidades de la ecología. Dos cosas sí quedaron conmigo: Hugo, un activista portugués por la ecología muy atractivo que pedía permiso a su comida con los ojos cerrados antes de ingerirla, y una foto que tenían colgada en uno de los salones en la que se veía un débil y pequeño tallo verde fuerte con una hojita que se abría camino en un enorme mar de asfalto. Hugo parecía enfadado la mayor parte de las veces, poco interesado en los encantos de cualquier mujer, pero le traicionaba una sonrisa pura e intensa entre medias de sus rizos sin peinar y sus cejas espesas, y yo advertía en él un deseo ardiente por sentir y vivir, por encontrar algo, por crear su propio camino. Así que me puse a un lado y me limité a verle. Entendí que estaba en su propio proceso inadvertido e imparable de auto – creación. El esqueje quedó en mi retina y en mi memoria como símbolo de que la vida siempre se abre paso, de que existe un impulso creador que no podemos frenar y que, cuando lo hacemos, fomentamos la explosión a riesgo de romper el pavimento.

El concepto de Dios.
Cuando decidí tomarme en serio mis aptitudes creativas y mis actitudes de creación comencé a sentirme más conectada. Pero, ¿conectada con qué? Sé que lo menciono mucho y no siempre ofrezco una definición sencilla y directa. Cuando se trata de creatividad, la conexión es con el Creador, es decir, con el concepto que cada cual tenga de Dios. Dicho así, seguro que a alguien le escuece y le den ganas de contra atacar. El concepto de Dios no se menciona si uno quiere mantener cierta respetabilidad, pero la virtud es de los hombres y viene de los dioses del Olimpo. Para los que hemos estudiado Latín y Griego, hablar de Dios no es ninguna ofensa ni ningún agravio, puede servir hasta de unión mitológica entre tu cuerpo y tu imaginación, la prueba de tu flaqueza o el rastro de tu alegría. En mi terapia hablo de Dios. Abrirse a Dios es crear, es reconocer la calidad misteriosa de la vida, de nuestra propia existencia (como decía antes), abrazar nuestras limitaciones y embellecerlas con otros logros, ser fieles a nuestros canales de comunicación con nosotros mismos y generar vías de acceso para con los demás, crear tal y como hemos sido creados, dejar que fluya y admitir que no somos perfectos ni siquiera los mejores. La creatividad está presente en nosotros en formas sutiles y en formas aplastantes, también lo está en la forma inerte de las cosas a modo de inspiración. Y entonces me sentí más conectada, me dejé llevar por mi manera única de ser creativa, por mis apetencias de creación, y por los cuidados que necesito para nutrir mi creatividad. A veces paso por la puerta de la iglesia, a veces entro. A veces desayuno fuera, aunque puedo hacerlo en casa, pero mimarse es clave para conectarse y es que aporta una buena sensación de abundancia. Y la abundancia es una cualidad divina que nosotros podemos aclimatar. Dejó de darme miedo el auto-definirme como escritora. Sé que los escritores escriben. Algunos escriben libros, otros escriben otras cosas. Yo he escrito libros y he escrito otras cosas. Y las ideas para escribir vienen a mí, y los recuerdos se ordenan y se dejan traducir a palabras, y se me invita a dar mi opinión en ciertos foros. Y estoy feliz y agradecida.
La creatividad es poliédrica.
Y lo es al igual que el esfuerzo por aumentar el lenguaje propio genera felicidad. No son invenciones mías, son realidades que he constatado. Cuando uno se esmera en mejorar su lenguaje, la magia sucede. De pronto, el entorno te escucha además de mirarte, se cuestiona si te ha entendido bien, te presta atención. Ocurre lo mismo con el ejercicio de la creatividad en todas sus facetas. Hay personas que identifican el ser creativos con la falta de profesionalidad, con la falta de practicidad. No negaré que existen casos en los que esto es así, pero no es porque sean creativos; es porque no ejecutan, porque no enfocan. Cuando la creatividad está bien direccionada se convierte en una fuerza transformadora que no deja impasible a nadie. Hace unos años, una amiga me dijo que “ella era práctica”, que no necesitaba poner su escritorio bonito para hacer bien su trabajo. Por supuesto, tras esa frase pude percibir un latigazo enjuiciador en su percepción de mí. En aquel momento me dolió, pero hoy sé que ella también era y es una persona creativa intentando quedarse a flote. Lo que a ella le pasa es ese olor del miedo a uno mismo, ese miedo a no saber quién serás si te dejas explorar, una negación potente a sí misma. La practicidad que elimina la creatividad como recurso es un escudo ante la profundidad de cualquier emoción difícil de manejar o un posible seísmo creativo de otra persona que pueda desestabilizar un pilar meramente práctico. A través de la creatividad también se puede ser altamente efectivo, práctico y bonito. Si no, que se lo pregunten a Steve Jobs (en paz descanse).
Ser uno.
El mayor enemigo de sabernos suficientes es la idea de merecer más. Yo no tengo solo un sueño y muchas veces me veo pensando que merezco más. Pero yo ya sé que la idea de merecer más es absolutamente engañosa y viene directa de mi propio ego cegador. ¿Por qué merezco más? ¿Es que acaso no soy yo suficiente? Me gustaría decir que sí que soy suficiente, lo he aprendido en mi terapia y, a día presente, ya me he convencido. Menos mal que tengo un ego que se quiere salir del tiesto de vez en cuando, si no qué sería de mí todo el día centrada y siendo feliz, ¿verdad? Uno de los mayores sueños de mi vida es conocerme y quererme, poder mirarme con amor y saber aplaudirme. Por supuesto que mi hija Sofía es un sueño hecho realidad, que veo la vida de manera diferente gracias a ella; no es que todo haya cambiado desde que ella ha llegado, es que todo ha mejorado gracias a ella. Podría hablar y escribir mucho rato sobre mi hija, pero lo que quiero decir aquí debe tener que ver solo conmigo. Y, en lo que se refiere a mí, mi sueño más elevado es gustarme completamente. En este blog escribo mucho sobre mi carácter vil, mi temperamento endemoniado, mi inclinación hacia la violencia… no sin olvidar que hacer esto es catártico y que me ayuda a pulir esos accesos de ego descontrolado. Y no merezco más porque ya lo soy todo, porque veo en mí cosas buenas y malas y las integro juntas con la mayor conciencia del orden de la bondad que soy capaz de albergar. Y para ejecutar esa integración me acerco a mi capacidad creativa porque, no sólo es el lenguaje que uso para mis diálogos internos, sino la manera en la que salgo al mundo y me expongo y me expreso y apoyo mis pies sobre la tierra. Soy creativa para saber que no necesito ser nadie más que yo.
Y, después de todo y con mi propio permiso, me quedaré un rato con Hugo, el activista portugués que, tras siete u ocho años, quizás mantenga la sonrisa intensa y la melena espesa y quiera conversar en mi imaginación de otras cosas conmigo. Y, así, a mí me dé para un relato más parecido a los de Ana Gómez Perea.

Que cosecha mas buena, cuenta abundancia y belleza. Te manan los pechos y tú corazón se abre venciendo terrores atávicos de gigantes que eran enanos. En hora buena, sigues en estado de gracia y poder, dando gracias.
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Suscribo a tu madre, en estado de gracia estás » Jamia»!
(La brújula estropeada? jajajajajaja. Que vuelva la trenza de espinacas!)
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Tengo que hacer la trenza de espinacas,,, es verdad… ¡jajaja!
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Gracias por tus intensas reflexiones… me quedo con esa última de «ser uno mismo», sin esconder nada, y a la vez sin estridencias. Cuando uno rescata la esencia de su humilde ser, todo brilla y todo fluye. Un beso fuerte.
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Gabi! Qué alegría que sigas leyendo mi blog. Te envío un largo abrazo…
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No me lo pierdo 😊😘
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Un fuerte abrazo, Gabi. Gracias por seguir ahi.
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