Think Different, Apple.
Cuando tenía menos años que ahora me intenté esconder bajo el brillo de las luces que se encienden por la noche y durante un tiempo que nunca fue ni corto ni largo me sirvió para huir. Hace mucho que esto ya no me sirve para nada.
Una de las anécdotas más impactantes que he leído en los últimos tiempos es bastante sencilla pero altamente cautivadora para alguien como yo. Y digo “alguien como yo” porque albergo la creencia de que mis ideas no son buenas ni geniales ni me harán rica… ¡y quizás no me equivoque! Pero leí sobre cómo el líder del equipo creativo de Steve Jobs le demostró por qué una sola idea poderosa es mejor que cinco ideas poderosas. Fue entonces cuando me di cuenta de que lo único que me faltaba era una explicación lo suficientemente convincente y arrolladora para mí misma de por qué yo sí soy brillante y poderosa, de que yo sí puedo albergar una idea buena, genial y que quizás algún día me haga rica (no sabemos en qué). La cuestión es que Steve Jobs reunió a su equipo creativo para lanzar el siguiente iMac y se mantuvo firme en su creencia de que eran cinco las ideas que deberían quedar expresas en un anuncio de 30 segundos. Por supuesto, no iba a cambiar de opinión. Lee Clow, su líder creativo, cogió rápido su cuaderno (porque aún eran tiempos de cuadernos de papel) y arrancó cinco hojas haciendo cinco bolitas. Dijo: “¡Steve!”, y rápido le lanzó una de las bolas por la mesa. Steve Jobs la atrapó y se la devolvió. El líder creativo le dijo: “Este es un buen anuncio”. A continuación le lanzó las cinco a la vez, y Steve no pudo agarrar ni tan sólo una: “Steve, este es un mal anuncio”.
Tengo una especie de fijación constante con preguntarme a mí misma por qué algo capta tanto mi atención, qué ocurre dentro de mí para que sólo me fije en eso o para que me rapte el pensamiento. A veces lo llego a entender y a veces no, pero no abandono. Y, entonces, después de leer la anécdota de Steve Jobs y su líder creativo, comencé a pensar sobre cuál de mis cinco bolas sería la que yo tiraría al mundo. Cuál sería mi anuncio, aunque no hablo de venderme. Qué es aquello que puede atrapar a los demás acerca de mí.
Yo también soy de aquellas personas que piensa que el ser humano es dual (ya anteriormente en otros artículos lo he mencionado) y que dentro de esa dualidad, por ejemplo, existe la paradoja de la inexplicable necesidad de confundir y de la inexplicable necesidad de volver a lo simple. Parecen como dos axiomas inconexos, pero nada parecido. Algunas personas creen ganar relevancia o autoridad complicando mucho lo que dicen con ese enrevesado argumento que te lleva inevitablemente a no recordar ni siquiera el motivo inicial de la conversación. A este tipo de persona le cuesta resumir, le molesta admitir un error e, incluso, diría yo, se esfuerza por no estar jamás equivocada con el ahínco de los aterrorizados. A veces, las personas que no somos naturalmente así, nos vemos también envueltas en situaciones en las que las circunstancias nos obligan a complicar el argumento para ser tenidos en cuenta. Y esto es agotador. Lo es para mí. Ahora ya tengo la fortuna de poder decir que me encuentro cada vez en este tipo de situaciones con menos frecuencia. Supongo que en gran medida es gracias a la madurez de pensamiento que no se puede frenar ni intentándolo. Desde aquí se vislumbra la necesidad inexplicable de algunos por confundir… quizás sólo sea una estratagema de las más básicas para que no veas que no hay nada que ver, ni una sola bola de papel salvable (si me dejas ser cruel). O quizás no es más que un grave acento en un sentimiento de desvalorización infantil… quién lo sabe. Mi carácter natural se inclina más por la idea mínima cuando duda, por la inexplicable necesidad de volver a lo simple. Podría ser que me inclinase por la extrema polaridad de las cosas si es que tengo que tomar una decisión que me trae inquietud. Yo creo en la dualidad de mi ser tanto como mujer como individuo y creo que no se puede simplificar algo que no ha sido complejo antes. A mis ojos y ante mi corazón existe muchísima más simplicidad en las cosas, en las personas y en la vida pero sólo porque antes todo ha sido complejo y, en algunos casos, doloroso.
El mundo en el que vivo impera sobre mí de tal manera que muchas veces me siento obedeciendo. No es que esté particularmente incómoda siguiendo las normas pero admito que algunas son verdaderos conjuntos de basura con buen aspecto. Obedecer las normas sociales del tipo que sean es un salvoconducto hacia el paraíso de nuestra era social, lo cual es muy agradable para lograr una buena y saludable convivencia en nuestro sistema, pero no te garantiza absolutamente nada más. Al menos, a mí no. Ahora que ya las fiestas navideñas están a punto de acabar me doy cuenta de la exposición a la que me someto cuando salgo a brindar con amigos o a socializar con conocidos y extraños al mismo tiempo o al tomarme esa otra copa de vino que hace que ya no me duela nada. Sin duda, atiendo a la llamada social de mi era y acepto las normas de convivencia, practico de vez en cuando e intercambio sonrisas, pero la exposición social sin medida llega a vaciar mi interior de forma tan absoluta que siento miedo. Siento algo que sólo suplo con la esperanza de que la celebración termine. No se trata de no saber celebrar, mis habilidades sociales las conservo equilibradamente desarrolladas, se trata de no seguir una orden sino, más bien, un consejo. Se trata de que me resulta fácil obedecer y, por consiguiente, vagamente interesante, poco desafiante, plano, destructivo. Lo que quisiera es tener la certeza de que puedo elegir seguir los mejores consejos según mi entendimiento de la vida. De que puedo estar afuera sin vaciarme, o volver a confiar en que lo de afuera no me robará lo de adentro. Quiero ser valiente para nunca más estar vacía.
Una de las campañas publicitarias más impresionantes desplegadas en Nueva York hace años por Apple ha sido de gran inspiración y consuelo para mí en momentos de auto-extrañeza, aunque ahora mismo resulte extravagante decir aquí que una campaña publicitaria signifique algo para el interior de una persona. Pero, por favor, fíjate bien:

Yo no quiero ser Yoko Ono. Ni tampoco John Lennon. Ni soy ecologista ni tomo drogas. Ni tampoco soy pacifista, ni podría, creo, mantener una iconografía semejante acerca de mí misma. Pero años después de esa foto alguien creyó que esta pareja era el reflejo de un libre pensador, de alguien que piensa diferente (think different) y que eso era lo que el mundo necesitaba atestiguar. Es cierto que no es más que una campaña de marketing pero ahí está la justificación a mí forma de sentir: emotiva y tranquila, sin demasiados abalorios. Sencilla. Simple. Ellos proclamaban la paz, y lo hacían porque no la encontraban en todos los lugares a donde miraban. Y como no estaba afuera se convirtieron en ella. Déjame apartar aquí el resto de las historias que se conocen acerca de la pareja… lo que me importa es el ejercicio de la sencillez. La valentía y la fuerza que hace falta y la elegancia para vivir que representa.
Las luces que brillan no son bonitas. Las luces que brillan me distraen y me vacían, pero me recuerdan dónde está el camino de vuelta a casa. Mi verdadera cama yace en la cara trasera, donde la luz da la espalda. Ni siquiera hay una bola de papel que lanzar y es que al pensar de esa otra forma que no se puede evitar (aunque sí esconder) me convierto en esa misma bola y yo misma soy. Encuentro mucha dificultad en los placeres de la luz aunque no me falta arrojo para abordarlos. Sin embargo, me recojo en el lado oscuro que no es más que el lugar donde nace la luz.
Hoy quisiera dedicar este pedazo de pensamiento a modo de artículo reflexivo a mi padre, Paco Ráez, por llevarme de la mano. El carácter intimista y la tecnología con sentimiento en mi vida son frutos de su carácter visionario y su empuje hacia lo que es mejor. Él (y no Apple) es el precursor de mi rasgo vital “Think Different”. Te deseo todas las bendiciones posibles en este año 2016 que acaba de comenzar.
Te quiero, Papá.
Nota:
Este artículo está inspirado en la lectura añeja de un fantástico libro que recomiendo desde aquí titulado Increíblemente Simple, de Ken Segall (creador de la legendaria campaña “Think Different”), y por la influencia y consejos de mi padre.

Como siempre una lectura cautivadora Hadasa!
Gracias!! Muak
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Tania! Gracias a ti por tu lectura. Buena suerte y ¡arriba Orgánico Box!(www.organicobox.com)
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Querida y dulce Hadasa, es muy emocionante leer tus sentimientos.
Las emociones puede ser alegres, divertidas, tristes y también dolorosas. Hoy, leyéndote siento todo eso junto.
Bendita seas porque tambien eres curativa. Tu propio hilvanado de sentimientos y emociones hace que se clarifiquen los mios y me ayuda a poner el te en la tetera y las tostadas en el horno y no al revés, como empecé esta mañana. O como me pasa muchos dias, que me pregunto : por qué Señor, por qué.
Tu haces que la pregunta sea : «Para qué» y entonces le pongo la atención y la intención a que no se queme el pan ni se derrame el te. Solo por hoy. Mañana te volveré a leer para empezar un lunes nuevo.
Eres preciosa
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Qué graciosa eres, Oprah, con tu «por qué, Señor, por qué!!»… Gracias por tu apoyo incondicional y por inaugurar mi blog también este año 2016! ❤️
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Querida Amiga, qué bien lo dices todo ! También quiero ser valiente para nunca más estar vacía. No dejarme «robar»…
Feliz 2016 de todo corazón 💜
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Gracias seguir leyendo!! Un abrazo, preciosa❤️
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Hadasa, tu eres una estrella con luz propia🌘
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Stephanie, un gran abrazo, querida lectora🌷
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