Brotó el llanto compulsivamente y volví a darme cuenta de la profundidad de la herida. Con frecuencia es inesperado el sentimiento y actúa a modo de válvula de presión dada mi tendencia a anestesiar mis sufrimientos. Un niño sin pelo, añade un desgarro más.

Esta es Anabel Melguizo y es psicóloga en la Fundación Luis Olivares en Málaga. Anabel también ha ayudado a mi hermano. Me pregunto qué será eso en su interior que la ha conducido hasta esta fotografía. No es acerca de su carrera profesional, o de sus decisiones a lo largo de su camino hasta hoy. Lo que me pregunto es acerca de esa pulsión que cada uno de nosotros tiene que nos dirige en una dirección o en otra. Está adentro del corazón y recorre la espina dorsal, a veces, con un calor intenso que llega hasta las palmas de las manos y, otras, está contigo cuando cierras los ojos. Un niño nunca debería estar calvo.
Atravieso una etapa de mi vida en la que casi todas las cosas que hago, digo y/o decido me resultan decisivas. Atravieso una etapa en la que, a pesar de haber perdido vista a una velocidad desorbitante, veo, paradójicamente, mejor que antes. Atravieso una etapa en la que confío en mí por encima de las otras personas para poder canalizarme hacia el bien. En esta etapa reconozco la pérdida de aquellos que creía eran mis amigos, pero no por causas exógenas a mí sino por mi propio cambio y evolución. Mis amigos siguen ahí, incluso, sonriéndome. Soy sólo yo, que ya no estoy.
A mí me impresiona que Sergio, el niño de la foto, hoy ya curado, haya pasado por una enfermedad grave. Me impresiona su familia porque no sé ponerme en su lugar. Y tú, que me conoces, dirás que yo he pasado por algo similar, que debería entenderles. Pero sólo puedo decirte que cuando la tormenta ha pasado y has recogido y limpiado los destrozos, una parte de ti se olvida de lo que sufriste para poder continuar. Así entiendo mi interior. Por eso no estoy capacitada para comprender a los padres de Sergio, y por eso admiro y me asombro con Anabel: estar tan cerca de tantos dolores y, todavía, volver cada mañana. Supongo que si hablase con ella me diría cuántas tantas otras cosas buenas ella ve. Yo, sin embargo, estoy tocada por la visión de mi hermano enfermo. De eso, quizás, nunca me recupere. Pero sigue a pesar de esto habiendo algo en mí que admira a las personas que están siempre en los momentos duros de otras personas, se convierten en testigos inamovibles de tragedias que cambian el rumbo de muchas vidas. Se convierten en personas cruciales.
Mi psiquiatra es una persona crucial para mí. Estuvo cuando me perdí, cuando me encontré y cuando me volví a perder todas las veces. Son casi cuatro años de terapia, de terapia sin medicinas y sin intromisiones; me ha dado tiempo a estudiar al lado y de la mano de mi médico, a aprender sobre el origen de la vida e, incluso, sobre el concepto de Dios. Su influencia en mi crecimiento es tan bonita que no se paga con dinero. He podido atreverme a abordar mis asuntos más dolorosos y he podido sacar de mi pecho espinas que me hacían sangrar, y aunque cada día es uno nuevo y las circunstancias siempre mandan, soy capaz de valorar cada vez con mayor intensidad la suerte que tengo. Me cuesta mucho enumerar las cosas que he aprendido junto a él, o más bien, decirlas todas ahora mismo… admito que, en el fondo, creo que no quiero decírtelas todas, me disculparás por esto, si quieres. Sí me nace contarte que he sentido siempre un respeto prístino y sólido de su parte cuando él me ha mirado, que sé que me ha visto y que sé que me ha reconocido. Al cabo de un tiempo me di cuenta de que había amor para mí en su corazón. No sé cómo lo ha hecho pero he entendido mi cuerpo de mujer y estoy ajustando mi mente femenina a las circunstancias que me visitan en mi vida con su ayuda. Y no sé cómo lo hace. No sé qué estrategias o qué modelos sigue para conectar conmigo, pero conecta.

No soy su única paciente, y seguro llegan historias a su mesa y a su sillón que no todas las almas soportarían. No me olvido de que es su trabajo, aunque sé que hay muchas personas que ponen su corazón en su oficio sin importar cuál es la tarea. Para mí es una forma de vida ir a terapia, y veo mucho por explorar tanto adentro como afuera de mí; como si yo misma fuese una fuente inacabable de asuntos por descubrir e intuyese que mientras esté viva seguirá siendo así. Sé que me expongo bastante al contarte acerca de mi terapia y acerca de lo que pienso cuando digo que todos deberíamos seguir una, al menos, una vez en la vida, pero no me quedan muchas más opciones que decir la verdad, tal y como en uno de mis artículos anteriores, La Estrategia, te contaba que decía Amy Winehouse. Y la verdad es que esta soy yo, tal y como aquí me lees y tal y como aquí me sientes.
Puedo ahora conectarte conmigo y con mi médico a la vez a través de la música. En mi terapia la música tiene un rol muy importante. Veo que es una herramienta bella y extremadamente poderosa que todos usamos (no sólo los médicos) para levantarnos y venirnos arriba o, incluso, para disfrutar un rato de nuestras penas cuando nos sentimos abajo. Mi médico y yo compartimos una atracción muy fuerte por la música y un amor nostálgico, yo por Inglaterra y él por la lengua inglesa, que no atiende a razones intelectuales sino, más bien, a las razones del sentimiento, si es que se pueden unir razones y sentimientos. A veces mi Buen Doctor me habla y/o me escribe en inglés, que es la lengua en la que mi corazón se abre mejor. Y esto es curioso porque yo no soy inglesa, pero te contaré el por qué de esta curiosidad en otro momento más adecuado. Lo importante para mí ahora es que sepas que averiguó cómo encontrar en el humor y en una lengua que no domina un canal de comunicación conmigo que le acercase a mi corazón mucho más directamente que indagando de otra forma. Pero, ¡no creas que hablamos en inglés todo el tiempo! Con sólo un poco de “gud-mornin-leidi” o “hau-ar-iu-tudei” se me relaja el gesto y me alegro de mi aquí & ahora, sea el que fuere.
Anabel, Sergio y mi Buen Doctor, cada uno en su parcela tocando las notas que suenan en mi interior. Los tres interconectados dentro de mí en mi camino singular, invitando a la mirada interior. Se anuncian cambios, podría ser que se avecinen turbulencias o que esté el viento callado… Podría ser que tuviese ganas de llorar otra vez, justo como cuando miro una foto de un niño sin pelo. Pero no quiero dejarte hoy sin contagiarte mi ritmo. Por si acaso el sol tarda un poco más en salir, Twist & Shout with me…

Gracias por ser agradecida .
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Un abrazo, PJRL❤️
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Hace falta valor.
Si, demuestras mucho valor al escribir tan bonito sobre tu psiquiatra y llamarlo así.
Tienes esa elegancia de los grandes periodistas que convierten en estrellas a sus invitados cediéndoles a ellos toda la luz
Haces que deseemos conocer a tu Buen Doctor para que nos vaya tan bien como a tí
Haces que queramos descubrir la estrategia de Anabel, esa fuerza que la mueve a ayudar y acompañar a los indefensos en los, quizás, momentos mas dramáticos de sus vidas.
Haces que necesitemos saber como es el pelo de Sergio ahora mismo
Haces que nos pongamos a danzar con tu música y agradecer tanto
No pares de escribir por favor, sigue, no pares
Gracias por enseñar-te-nos
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Querida Oprah, siempre tan cariñosa. Mi psiquiatra está comprometido conmigo, es lo que me transmite. Y creo que es una de las claves para que la terapia pueda funcionar, al menos, para mí. No es una cuestión tanto de valor como de necesidad. Pero me gusta mucho leer tus comentarios y me hacen sentir bien! Bendiciones, Oprah…
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Te seguiré leyendo siempre!!! Te admiro!!
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Querida Eu!!! La verdad es que me pone muy contenta que me escribas comentarios! Por favor, sigue aquí conmigo y por ahí transmitiéndome tu amor por el buen humor. Yo sí que te admiro a ti!!😘
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Hay personas que por diversas razones van pasando por la vida con una máscara, muchas veces, la mayoría, no saben ni que la llevan puesta. Esa máscara oprime, pesa, limita… a veces se la ponen otros, a veces es autoimpuesta…
Cuando alguien consigue quitarse esa máscara y verse tal cual es, en su esencia, en su ser más mundano y a la vez más divino, comienza a mirarse con amor, y una vez ese proceso comienza ya no hay vuelta atrás.
Todo a su alrededor comienza a evolucionar, pero es una pequeña ilusión… en realidad es uno mismo el que ha cambiado y todo a pesar de la dureza del cambio, comienza a cobrar sentido, es asi como el ser humano puede fraguar el camino para reconciliarse con su propia historia.
Querida Hadasa eres un ser valiente porque en algún momento te viste y decidiste quitarte tu máscara.
Mirar con los ojos del corazón, y ver lo bueno que hay en otros, como relatas en tu post, es poder mirarse a uno mismo y reconocer lo bueno que hay en ti misma.
Porque todo lo que hay en nuestro mundo, todo lo que valoramos y agradecemos no es un reflejo de lo que
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No es más que un reflejo de aquello que somos.
GRACIAS POR VERTE.
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Rooswell… Cuánto peso en tus palabras. Me encantaría que escribieses conmigo… 🌷
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