Cuando mi hermano era pequeño y se tropezaba mi padre se quedaba observándolo sin ir rápido a atenderlo. Esto producía un efecto autoinmune en la actitud de mi hermano ante la caída y, después de unos segundos de decisión entre llorar o no llorar, se levantaba y seguía jugando.
“Hoy empiezo una quimioterapia de iniciación para el trasplante que se elimina cada cuatro horas duchándome. Esta quimio me la darán hasta el 16 de julio que me harán el trasplante. Sinceramente estoy de puta madre. No puedo estar más feliz, más emocionado, con más ganas de vivir… Estoy muchísimo más concienciado que en mi primer ingreso, es fascinante cómo la mente puede llegar a hacer tanto. Gracias de corazón a todas las personas tanto amigas como desconocidas que se preocupan por mí, es realmente emocionante. Hoy empieza esta guerra y juntos podremos ganarla. Este texto va dirigido a todas las personas que han superado una enfermedad, a todas las que la están pasando, a todas las que me animan, a todas las que me apoyan, a mis verdaderos amigos y, por supuesto, a mi familia #fuckyoucancer”, mi hermano Pablo desde su cámara de aislamiento en el hospital Carlos Haya en Málaga.
Me acostumbré muy rápido a la presencia de mi hermano en casa durante 26 días de permiso hospitalario. Tanto que me olvidé de los dolores pasados durante los dos meses anteriores en los que, a menudo, me angustiaba pensar en el sufrimiento de mi hermano pequeño o, incluso, la pérdida. Mejoró física y emocionalmente, y se preparó para su vuelta a las trincheras. Ahora ya no veo la leucemia o el cáncer como una guerra, a pesar de que esos sean los términos que habitualmente utilizamos para comunicarnos con otros que se preocupan por nosotros o los nuestros. Esto ya no es una guerra para mí, ni siquiera creo que lo fuese al principio. Hay tantos caminos inexplorados en nuestro círculo vital que sobrecoge el interior cuando te das cuenta.
Pensé desde muy temprano en la “suerte” de la enfermedad de mi hermano. Siempre podría haber sido peor. Y siempre podríamos estar cuestionándonos otras cosas que verdaderamente no nos conducen a ningún lugar donde quisiéramos estar. No me alegro, pero tenemos suerte. Tenemos una segunda oportunidad, mi hermano la tiene y nosotros también la tenemos. Hemos sido bendecidos con una llamada de atención a lo importante. Y nunca hay otra opción más que continuar hacia delante. Aprendí en mi terapia que sólo tengo que estar presente, no es necesario accionarse permanentemente. Estar ya es una acción, y puede ser justo y llanamente aquello que tú necesites o que necesiten los demás de ti en un determinado instante de la vida.

Apareció el miedo de golpe dos días antes de su ingreso. Apareció con tanta fuerza que me sentí mareada durante cuatro días incesantemente. Pensaba (y pienso) en lo inevitable de presenciar su debilitamiento, el dolor físico y el riesgo. Y aún me cuesta aceptar que tenga que ser asi. Y entonces cinco o seis segundos de paz me abordaron cuando recordé que estaría aislado y apenas podría estar con él o verle, sino que estaría mi madre a su lado. Y todo se mezcló con la culpa del alivio por no ver. Pero tuve que preguntarme, ¿es realmente no ver lo que quieres?
Tú, que estás leyendo esto, te lo pregunto a ti, esta pregunta también te sirve a ti:
¿es realmente no ver lo que quieres?
Nuestro mundo es dual, nuestra experiencia es multidimensional, nuestra emoción es infinita. Cuanto más sientas, más descubres. Cuanto más estés aquí, más equilibrio alcanzarás. Yo quiero ver. Quiero estar con mi hermano aunque no sea en cuerpo físico. Quiero saber acerca de todo lo que siente si me corresponde a mí conocerlo. No sólo es que quiero ayudarle, es que ahora mismo no hay nada mejor que hacer para mí que ser testigo de su vida. El miedo siempre acecha, existen límites que construyo constantemente para no herirme. Pero la calma es eterna, es cuestión de mantenerme en forma y entrenar mis virtudes.
Un día mi hermano fue a un campamento cuando tenía seis o siete años. No llevaba más de veinte minutos allí cuando llamaron a mi padre para que fuese a recogerlo: al acercarse a recoger unas flechas clavadas en una diana, mi hermano, ese niño inquieto y divertido, se clavó la parte de atrás de una en un ojo. Cuando salieron del hospital mi padre le preguntó si quería volver al campamento, la herida no era grave. Y el niño Pablo le dijo: “Papá, yo lo que quiero es jugar”.

Qué duro y qué bello, sólo una persona sabia y madura emocionalmente puede decir «Hemos sido bendecidos con una llamada de atención a lo importante»
Me gustaLe gusta a 1 persona
Gracias, Isabel Maeso. Te mando un beso…
Me gustaMe gusta
No hay que dejar de jugar en la vida…..Gracias por lo que he sentido al leerte. Besos a los dos.
Me gustaLe gusta a 1 persona
Diógenes, gracias por acompañarme😊
Me gustaMe gusta
No damos valor a lo importante hasta que sucede algo, tenemos demasiadas distracciones y estamos acostumbrados a que este siempre a nuestro lado. Muak
Me gustaLe gusta a 1 persona
Así somos….
Me gustaMe gusta