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Glíglico Impetuoso

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Rayuela, Julio Cortázar

El pasado lunes, como viene siendo costumbre todos los lunes en el último tiempo en mi circunstancia, atendí a mi cita íntima con la radio. Ir allí es importante para mí, es una de esas cosas que uno no sabe a dónde le llevarán pero que le hacen sentir que el presente tiene sentido.

Elegí el fragmento del beso en Rayuela, la aclamada contra-novela de Julio Cortázar publicada en 1963. Es fascinante para mí que en 1963 alguien escribiese sobre un beso y que esa emoción sea absolutamente contemporánea. Tanto, que hoy llegue a mí y tiemble mi carne. Y la carne tiembla y es trémula y vibrante cuando algo le emociona.

A veces me pregunto cuál ha sido mi suerte en llegar hasta aquí. Durante un tiempo de mi vida aprendí a compadecerme de las tristezas hasta que ya no lo hice más. Y, sin embargo ahora, comprendo que es el mejor momento de mi vida. No sólo mi carne es trémula de emoción a menudo sino que además mi sistema de pensamiento se estimula a cada momento y ni puedo ni quiero frenarlo. Es un momento, sencillamente, espectacular.

Rayuela relata la historia de los amores frustrados de un intelectual argentino y una muchacha uruguaya en el París de los años cincuenta. Al perder a su amada, el protagonista debe volver a Argentina, donde la nostalgia lo vuelve loco. Y no deja de ser este uno de los temas más antiguos de la literatura y del mundo: el amor. Aplaudo la maestría del autor, Cortázar, pero sobre todo por haber sido capaz de canalizar su tiempo al mío. Recuerda que Julio Cortázar falleció en 1984 cuando apenas yo tenía tres años.

Rayuela
Source: Pinterest

Es probable que no sepas que en este momento soy aprendiz de locutora de radio y que seré aprendiz de locutora durante bastante tiempo. Con la ayuda genial de algunas personas llegué a contactar con una emisora de radio local (daré el nombre y el dial al final de este artículo) y fui puesta en contacto con el locutor de otro programa en la misma emisora (desde aquí aprovecho la ocasión para darle las gracias por toda su paciencia y dedicación y por ser fuente de conocimiento para mí y, además, inagotable). Y desde entonces vengo sintiendo de nuevo aquella explosión de amor literario que sentí por primera vez en la universidad: aquella vez en segundo de carrera cuando me di cuenta en clase de Textos Literarios de que aquella era una de mis pasiones más vivas y a la vez más ocultas y privadas. Es decir, cuando te hablo por la radio, en realidad, te habla un yo más privado, te habla más mi pasión y no tanto mi razón. Soy más vulnerable. Recuerdo el poema que me hizo despertar la chispa literaria, y ni siquiera es mi poema favorito ni mi autor de cabecera, pero funcionó:

Oda a una Urna Griega

Tú, todavía virgen esposa de la calma,

criatura nutrida de silencio y de tiempo,

narradora del bosque que nos cuentas
una florida historia más suave que estos versos.
En el foliado friso ¿qué leyenda te ronda
de dioses o mortales, o de ambos quizá,
que en el Tempe se ven o en los valles de Arcadia?
¿Qué deidades son ésas, o qué hombres?
¿Qué doncellas rebeldes?
¿Qué rapto delirante? ¿Y esa loca carrera?
¿Quién lucha por huir?
¿Qué son esas zampoñas, qué esos tamboriles,
ese salvaje frenesí?

Si oídas melodías son dulces, más lo son las no oídas;
sonad por eso, tiernas zampoñas,
no para los sentidos, sino más exquisitas,
tocad para el espíritu canciones silenciosas.
Bello doncel, debajo de los árboles tu canto
ya no puedes cesar, como no pueden ellos deshojarse.
Osado amante, nunca, nunca podrás besarla
aunque casi la alcances, mas no te desesperes:
marchitarse no puede aunque no calmes tu ansia,
¡serás su amante siempre, y ella por siempre bella!

¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes
que no despedirán jamás la primavera!
Y tú, dichoso músico, que infatigable
modulas incesantes tus cantos siempre nuevos.
¡Dichoso amor! ¡Dichoso amor, aun más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
anhelante por siempre y para siempre joven;
cuán superior a la pasión del hombre
que en pena deja el corazón hastiado,
la garganta y la frente abrasadas de ardores.

¿Éstos, quiénes serán que al sacrificio acuden?
¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante,
llevas esa ternera que hacia los cielos muge,
los suaves flancos cubiertos de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad a la vera del río o de la mar,
alzada en la montaña su clama ciudadela
vacía está de gentes esta sacra mañana?
Oh diminuto pueblo, por siempre silenciosas
tus calles quedarán, y ni un alma que sepa
por qué estás desolado podrá nunca volver.

¡Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe
de hombres y de doncellas cincelada,
con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!
¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede
como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral!
Cuando a nuestra generación destruya el tiempo
tú permanecerás, entre penas distintas
de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo:
«La belleza es verdad y la verdad belleza»…
Nada más se sabe en esta tierra y no más hace falta.

John Keats (1795 – 1821)

No trato de hablar de poetas románticos como Keats o de mostrar ningún otro aspecto de la literatura más allá de lo que me atañe ahora decir. Lo que necesito es decirte que mi amor por la literatura nació de mi madre pero floreció con mi pasión por mi carrera y la literatura inglesa; que recuerdo esa clase donde mi profesora explicaba y desglosaba los recursos estilísticos y literarios del poema y de la época y sentí la chispa en mi interior. Después resultó ser que John Keats, en particular, no me resultó tan atractivo pero ahora sé que aquel fue otro de esos momentos decisivos parecidos al del presente radiofónico que me acompaña hoy. En cualquier caso, es un bello poema que apela a la belleza de una urna clásica. Por todos es sabido que el mundo clásico es raíz de muchos de nuestros porqués.

Te invito ahora a retomar la lectura del fragmento del beso de Julio Cortázar. Vuélvelo a leer antes de continuar, por favor. Pero, ¿por qué este fragmento de entre tantos tan espectaculares de la novela? Porque destila erotismo y sensualidad, porque los que se besan se idealizan y existe la belleza para ellos de forma constante. Porque no debemos desconectarnos del amor auténtico, debemos buscarlo incesantemente y, una vez encontrado, regarlo y nutrirlo sin cesar. Porque no es sólo un ramo de rosas o una cena bonita lo que expresa un detalle de amor sino una canción, una carta escrita de tu puño y letra o un fragmento bonito de un libro que te impacte por el motivo que sea… estas son las cosas que nutren el amor. Y porque la literatura tiene el poder de conectarte y ablandar tu corazón, entre tantos otros poderes.

JulioCortazar
Source: Pinterest (Julio Cortázar)

Sublime la visualización de la boca del ser amado: “Toco tu boca […] voy dibujándola como si saliera de mi mano […] hago nacer otra vez la boca que deseo […]”. Y soy llevada mágicamente hacia la visión de la boca de mi propio deseo. Es el polvo de estrellas de la literatura, la imaginación. Es la curvatura del espacio-tiempo y la creencia de que un amor no es amor si no se ama y se es amado.

Y atiende ahora a la metáfora del Cíclope porque es en esto en lo que se convierten los que se besan, en un cíclope de amor. Los amantes que se acercan se unen en una única visión y en un único sentir tibio que es el beso. Y, entonces, el beso sabe a fragancia oscura y es la fruta madura que regala su jugo. Si no es arte el de Julio Cortázar para hablar de un beso, entonces será que soy ciega y sorda y muda y muerta.

Lo especial de este fragmento reside en su carácter antagónico y complementario entre amor y sexo. “Mis manos buscan hundirse en tu pelo”, preciosa descripción del placer de acariciar el cabello del ser amado, en este caso, el pelo de una mujer. Y continúa, “acariciar lentamente la profundidad de tu pelo”, con una impresionante carga erótica. El sustantivo profundidad es lo que añade la sensualidad al erotismo de la frase.

 “Y si nos mordemos el dolor es dulce”, que suscita la excitación de las dicotomías sexuales y del placer.“[…] Y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua”, y como no es difícil imaginarse, Cortázar me invita a la incertidumbre de si apela a una simple descripción poética y romántica de la excitación de un beso o si implica algo de carácter sexual más poderoso o el clímax per se.

Dejo ahora en el poder de tu imaginación ese beso que recuerdas, esa boca que anhelaste y esos labios que tuviste. Me retiro a pensar en el ímpetu del Glíglico y en el poder del amor. Pero antes de eso permíteme lanzar estas cuestiones a tu corazón:

¿Prefieres amar o ser amado?

¿Besar o ser besado?

¿Desear o ser deseado?

En la estructura gramatical del lenguaje Glíglico (tipología de la lengua utilizada en Rayuela y creada por Julio Cortázar) nada cambia demasiado de la lengua castellana tal y como la conocemos. El punto de inflexión reside en que todos pueden hablarlo pero sólo los amantes pueden comprenderlo.

Te invito a que mañana te atrevas a amar desde esa parte glíglica que reside en tu corazón.

También te invito a escuchar mi próxima participación en el programa radiofónico Estamos en las Nubes cada lunes de 19:00 a 21:00hs en el 92.2 o a través de la web www.gestionaradiomarbella.com.

Gracias por seguir a mi lado.