Etiqueta: muerte

Pues eso

Hoy mamá me ha contado que recordaba perfectamente lo que estaba haciendo un día como hoy, 23 de febrero, hace 40 años. Embarazada de mí de 7 meses, se veía huyendo a Francia ante el Golpe de Estado del 81. Ya sabes que mamá, por mucho que haya tratado de ocultarlo y aunque no sepa bailar, es una rebelde.

Suceden cosas diariamente y sucede nada diariamente, es según el ángulo desde el que se mire. Yo ahora quiero contarte algunas cosas importantes que han pasado desde que no estás y me sitúo en esa perspectiva en la que solo yo veo y nadie más puede. Una de las cosas más extravagantes con las que convivo es la idea de que, para poder tragar saliva cada vez que pienso en ti, he tenido que convencerme de que ya no existes. Muchas personas se acercan a mí y me hablan de eso que parece consolar a tantos, de eso de que tú estás siempre conmigo, de que jamás habrás muerto siempre que alguien te recuerde. También es eso verdad. Yo, por el contrario, he necesitado distanciarme para poder hablar de ti. Es paradójico porque puedo hablar de ti, pero no puedo mirarte ni hablar contigo ni escuchar tus vídeos ni pensar en ti, sería como mirar al sol. Me desintegraría. Sucede esto cada día, sin querer, a veces me doy cuenta, otras no. Pero sucede todos los días. Y, si esto pasa cada 24 horas, ¿cómo es que nadie se ha dado cuenta? Por eso, lo más importante es invisible a los ojos.

Me hubiese gustado haber tenido la oportunidad de explicarte quién soy, de haber podido reparar algunos de los daños que te causé, creo que todos ellos sin querer. Digo algunos porque todos sería imposible, quién puede reparar un corazón al completo. Cuando enfermaste se rompió mi corazón. Y cuando decidiste morir salí huyendo despavorida de tanto sufrimiento, pero todos me vieron en el mismo sitio. Me quedé con todas las palabras que tenía reservadas para ti atascadas en la garganta, me quedé con todo el amor inflamado en mi columna. Perdí. Yo te vi enfermar y sufrir hasta morir.

Te convertiste en noticia, no sé si sabes que todos querían un pedazo de ti. Los medios, los periodistas, los desconocidos, los conocidos, nuestra familia. Todos querían un trozo de tu carne. No supe hacer otra cosa más que proteger y ocultar ese poco que me quedó de ti, esos últimos momentos contigo, nuestra mínima parcela íntima. Tú y yo, hermanos. Yo sé que no aprobabas mi opacidad ante los medios de comunicación, sé que piensas que quizás no te apoyaba, pero yo sólo quería protegerte. Entiendo que te convertiste en propiedad de todos, pero que todos entiendan hoy que para mí tú eres mi hermano pequeño, ese que siempre quería hacerme reír, ese que se escondía en cualquier sitio, ese que me suplicaba que lo llevase con mis amigos a la playa, ese que me dibujaba con botas de suelas enormes, ese con quien me he reído hasta no poder reírme más y con quien he hecho playbacks y coreografías de todas las canciones más cursis de Britney Spears. Tú eras mi alegría. Y entiendo que pasaste a ser compartido por todos, pero incluso hoy, cuando te veo en las paredes de Lagunillas o en cualquier otro sitio me parece una broma pesada. Me he convencido de que ese que ha cambiado el curso de la historia de las donaciones de médula y ha dejado preciosos mensajes para todos, ese, no existe más.

Y admito que vivo en plena contradicción, Chico, porque tú sí existes. Te veo en mi hija, tu sobrina Sofía, a quien mamá te ha presentado muchas veces. Ella conoce tus fotos, y pronto, verá tus vídeos, leerá tus posts. Me hará preguntas. Y es que cada vez que me hago la valiente y pienso en ti, a riesgo de quemarme viva, me encuentro con esa realidad que eres tú, que fuiste en mi recuerdo de verte en la barriga de mamá, y de verte nacer. Naciste prácticamente en mi mismo día de cumpleaños. Mamá siempre nos dice que somos gemelos: uno nació en el 81 y el otro en el 96. Acuérdate de cómo nos parecemos a pesar de los caracteres tan diferentes. Te echo tanto de menos. Me falta tu presencia, verte con Sofía. Abrazarte. Y, sin embargo, no puedo verte.

Suceden más cosas, mamá ha hablado de ti. Ha hecho un trabajo precioso y muy valiente. Se ha formado y ahora es terapeuta y sabe mucho sobre los eneatipos y sobre el duelo. Ayuda a otras mujeres que también tienen hijos que han muerto y, sobre todo, quiere ayudar por encima de todas las cosas. Creo que eso lo ha interiorizado a través de ti. Estarías muy orgulloso de ella. Y, también, te reirías mucho de ella a tu manera. Y es que un hijo es quien mejor te conoce, no porque lo sepa todo de ti sino porque a través de él una madre cataliza. Una madre aprende de ella misma. Quería contarte que me habría encantado hacerme fotos embarazada y contigo, y que extraño no conocer a los hijos que tú habrías tenido. Eso me duele. Durante un tiempo estuve enfadada contigo, me dejaste con nuestra familia que, al final, se rompió. Me quedé sola, y sufro el dolor de mamá. Pero comprendí que este es mi camino y este es el sendero que yo debo caminar. En mí ha quedado ponerme las botas de trekking o dejarme las chanclas y clavarme cada chino rocoso. No valgo para perpetuarme en el sufrimiento. Así que continué. Tampoco conocerás al padre de Sofía. Más que nada, por saber del origen de ella. Él y yo nos separamos, pero hicimos una hija, que es tu sobrina, y viene a contarme de lo lista y lo bonita que es.

Sucedió que, cuando di a luz, no estuve contigo. Y si estuve un momento, fue sin darme cuenta. Me conecté irremediablemente con el proceso de vida más que con el de muerte. Quizás muchas personas no entiendan esto, pero no se trata de algo negativo. Se trata de vivir el presente con coherencia y toda la garra que hace falta. Parir es un ejercicio de arraigo y de expansión, de fuerza y de instinto. Estuve más conmigo que con nadie más. También tuve miedo, y mamá me protegió. Atravesé todos los dolores para, al final, parir por cesárea. Mi parto fue doloroso y tremendamente emotivo. También tuve mucho miedo y pensé que Sofía había muerto al nacer. Respiró líquido y vi cómo bajaba sus bracitos inerte. Se la llevaron y no pude ir a verla hasta que desperté en reanimación, aunque no voy a contarte aquí todos estos detalles. Luego, la vi y pensé que no había hecho nada tan grande en toda mi vida y me sentí pequeña e importante y, por solo un segundo, me imaginé que estabas allí.

La pena es compañera, es una frase que le robé a Anabel. Es una frase profunda y positiva, solo negativa en la superficie. No puedo estar cerca de ti, pero mi pena me acompaña y al sentir la compañía una ya está menos sola, aunque sea con ese peso que nunca leva. Se convierte en un conector tranquilo con el paso del tiempo y añade contundencia al sentimiento. No quiero decirte que estoy triste, Chico, yo te echo de menos y vivo momentos de dureza conmigo misma. Pero otros momentos, muchos de los momentos, son de alegría por haberte conocido, por haberte acunado. Cuando yo era adolescente tú eras mi roca. Tu existencia me mantenía presente, aunque no lo sabía en esos días. Entonces, yo solo quería irme a bailar a Puerto Banús con Tifenn y Jomer… y creía que un día sería libre de todo. Pero miraba a la cama de al lado y te veía pequeño, delgado, tan bonito y tan vulnerable, y me hacías sentar el corazón a tu lado. La pena es compañera porque añoro que estés vivo.

Y te subiste a La Concha y extendiste tus brazos, te veo en la foto. Y me imagino en la barriga de mamá el 23 de febrero de 1981 a 5 cms de piel del inminente peligro. Pero mamá es guerrera, mamá es de acero. Igual que tú, que te armaste de la fuerza de la templanza para sufrir tu calvario físico y tu despedida espiritual. Y me pediste que estuviera a tu lado, y me quedé hasta el último momento. Y sigo dándome cuenta de cuánto me importa reparar los daños que a ti te causé, los daños que yo sufrí, aun cuando no estás ya. Me siento ligada a los jóvenes y es ahora que entiendo que debo ayudarles a ellos a encontrar su motivación y a que lo hagan de la manera más creativa posible. A través de ti, Chico, sigo aprendiendo. Deja que siga un poco retirada, ya cada vez me queda menos. Tú ya sabes que mamá es la fuente, todas las madres lo somos, las que bailan y las que no.

Salama siempre me dice que yo amo sin que me importe si me aman a mí. Que quien ama, ama porque no puede evitar amar, que en eso no se manda. Pues eso.

El Propósito (por Anabel y Hadasa)

«What if nothing exists and we´re all in somebody´s dream?», Woody Allen.

(¿Y si nada existe y estamos todos en el sueño de alguien?, Woody Allen)

Una vez me dijeron que en esta vida todos los seres que convivimos en el planeta venimos con un propósito, hasta el ser más diminuto y aparentemente más insignificante, tiene un propósito en la Tierra. Por consiguiente, respetar la vida y el camino de cada uno de los seres con los que nos cruzamos ya sean personas, animales, plantas, árboles, aire, agua… es respetar y aceptar cada uno de los propósitos de su existencia.

Nunca comprendí este mensaje con tanta claridad como soy capaz de comprenderlo ahora y por eso me complace poder compartirlo desde mi humilde experiencia con todos vosotros, por si en algún momento puede dejar una semilla en vosotros, como en su día lo hizo en mí.

Todos venimos al mundo con un propósito, y nos han regalado nuestro tiempo ya sea largo o corto para que disfrutemos del camino aprendiendo y buscando nuestro propósito en la vida.

El propósito a diferencia de lo que muchos creen no es nada extraordinario ni grandilocuente, suele ser tan sencillo y divino y a la vez tan sumamente esencial y sencillo como el propósito de una planta, o el del agua o el de un mosquito. El propósito de cada uno de nosotros no es un trabajo, ni unos estudios concretos, ni una casa nueva, ni un coche último modelo, ni un grupo de amigos, ni una pareja, ni ser exitoso o respetado o triunfador, ni siquiera ayudar a los más necesitados, ni ser bueno o malo, es mucho más profundo que todo eso, te conecta con tu verdadera esencia, con tu ser.

El propósito es el motor que te mueve cada día, por el que respiras, por el que tu corazón decide seguir latiendo en este mismo momento y tiene que ver lo primero contigo mismo, con el más necesitado de todos para ti mismo, que eres tú. No venimos a dar ejemplo, ni a ser abanderados de ninguna causa, ni si quiera a ayudar a los demás… eso viene después, viene solo, si es que tiene que venir…la primera causa de tu existencia eres tú. Esfuérzate a fondo en conocer a esa persona con la que vives todos los días de tu vida, tú.

A pesar de lo que muchos creen, en los últimos años he podido comprobar, que no existe un “ayudador” y un “ayudado”, más bien un conjunto de caminos y de personas que se cruzan y en el que casi siempre me he sentido más ayudada que lo contrario, y si además por ese camino pude tender mi mano a alguien y ésta le dio calor, siento alegría por esa persona, al igual que lo siento por mí misma por todas aquellas manos que yo recibí. Las apariencias, lo que nuestros ojos ven, nos puede confundir muchas veces, (yo diría que siempre), y si en algún momento pude ser de ayuda, y recibo un “gracias”, me sentiré bendecida por ello, no exploro en qué grado ese “gracias”, es fruto de mi trabajo o no, simplemente me siento afortunada por recibirlo.

Esta forma de entender el mundo, a las personas y la ayuda al otro, cambia mucho el concepto de altruismo y solidaridad que manejamos actualmente, que, a mi parecer, muchas veces responde más al ego. Es una verdadera paradoja lo que escribo y lo que pienso, precisamente si ponemos todo nuestro empeño en ayudarnos a nosotros mismos primero, es más probable que en algún momento alguien se pueda sentir ayudado por nosotros y es precisamente este modo, el que muchos calificarían de egoísta, el que más carece de ego.

IMG_6706

Es un trabajo duro, lleva su tiempo, el autoconocimiento. Una vez conozcas ese propósito del que hablaba, todo cobrará sentido y podrás entregar tu existencia a aquello que desees de corazón, sea lo que sea, esté fuera de ti, o esté dentro.

Cuando conoces tu propósito en esta vida, la muerte ya no da miedo, ya no asusta, deja de ser mala y triste, la muerte se convierte en una amiga que, como la vida, van de la mano permitiéndonos y regalándonos cada segundo para que aprendamos y recorramos nuestro camino.

Tener la certeza de que me voy a morir en cualquier momento y aceptarla desde lo más profundo de mi ser, ha sido el regalo más importante que he recibido en lo que llevo de camino. Al contrario de lo que muchas personas piensan saberte perecedero en este cuerpo y en este lugar, más que hacerte infeliz, te hace la persona más completa y viva que pueda existir, porque cuando aceptas a la muerte como parte de esta vida, ya no importa cuando tenga que llegar y como lo haga, porque llegado ese momento, ten por seguro que tu propósito se habrá cumplido, al igual que una mariposa en toda su belleza cumple su propósito en apenas unas horas.

Esto que ahora escribo, puede ser mal interpretado, hacia el tan recurrido, “carpe diem”, “vive intensamente cada momento”, o “disfruta de la vida”, tan vacíos, superficiales y carentes de sentido, si no se profundiza y no se entiende el mensaje. Vivir el momento es aceptar que no todos los momentos van a ser buenos, que hay momentos malos, momentos duros, que no siempre voy a estar feliz y alegre, que puedo sentir, miedo, pena, tristeza, vacío, dolor, sufrimiento… vivir el momento es un compromiso con la vida más allá de lo que ocurra en ella… en fin, nada que ver con lo que nos venden, requiere de “algo más” que querer una vida “perfecta” y es un aprendizaje mucho más profundo de lo que significa vivir.

Creo que somos tremendamente afortunados por ser capaces de descubrir y explorar todos los entresijos de nuestro paso por aquí, y aunque no es algo fácil y parece no estar muy de moda, a lo largo de estos años, solamente he aprendido a acompañar en el camino a las personas que se cruzaron en el mío ya fueran niños, jóvenes, adultos o familias, ya acabara su camino por esta vida con la muerte en ese momento en el que ofrecí mi acompañamiento, o continuaran su camino por aquí, ya estuvieran enfermas, sanas, felices, tristes, solas, acompañadas, solamente he aprendido, cuando de corazón y desde lo más profundo de mi ser, sin ataduras, ni ego, ni superficialidades de nuestra vida cotidiana, he aceptado mi propio propósito y por ende el propósito de todos los seres que me rodean y en comunión con todos ellos comparto esta existencia.

A pesar del dolor, de la pena y del sufrimiento tan humanos como el mismo respirar, y tan necesarios como el alimento, a pesar del miedo a lo que no conocemos y a la muerte, tan terrenales como nuestro propio cuerpo, toda vida ya sea corta o larga, complicada o sencilla, dura o fácil, sea como sea, tiene un propósito en sí misma y desde ese sentido y en unidad, si es que ha de ser ese tu camino, si serás capaz de tender tu mano a aquel que, quien sabe, la pudiera necesitar.

Gracias, Anabel Melguizo Garín, por estar a mi lado y construir nuestra amistad de mi vera. Es precioso que sientas el deseo de dejar tu huella en mi blog. Bendiciones para ti y que nuestra fuerza nos acompañe.

Hadasa