Duke Ellington, hoy considerado el maestro del jazz, nació el 29 de abril de 1899 y, años más tarde, dijo: “usando, simplemente, la energía que gasto haciendo pucheros escribí un … Continúa leyendo La ira es un blues
Duke Ellington, hoy considerado el maestro del jazz, nació el 29 de abril de 1899 y, años más tarde, dijo: “usando, simplemente, la energía que gasto haciendo pucheros escribí un … Continúa leyendo La ira es un blues
«El Hombre Transparente, a quien se ve y a través de quien se ve, el loco, a quien no le queda nada que esconder, se ha vuelto transparente gracias a la aceptación de sí mismo; su alma es amada, totalmente revelada, totalmente existencial; él es sólo lo que es, liberado de ocultamientos paranoides, del conocimiento de sus secretos y de su conocimiento secreto; su transparencia sirve como un prisma para el mundo y lo que no es mundo. Porque conocerte reflexivamente a ti mismo es imposible; sólo la última reflexión de una nota necrológica puede decir la verdad, y solo Dios sabe nuestro verdadero nombre.»
El Cuidado del Alma, Thomas Moore
El alma alberga todos los colores del espectro conocido, incluidos el gris, el azul o el negro y, a menudo, nos vemos en la encrucijada de tener que resistirnos a la tentación de creer que únicamente los tonos brillantes del blanco, el rojo o el anaranjado, por ejemplo, tengan cabida en nuestra alma. Pero esto está muy alejado de la verdad.
Admito no haber intentado con demasiado ahínco decir lo que pienso, quizás haya dejado pasar muchas ocasiones en las que hubiese sido posible emitir un juicio y cambiar el transcurso de los hechos. O quizás no hubiese cambiado nada. Ahora ya no lo sabré. Pero me cuestiono tantísimas veces por qué está tan de moda opinar. Observo que muchas personas hieren cuando opinan, en multitud de casos, intencionadamente, a sabiendas del daño que se va a provocar. Y yo me cuestiono otra vez, ¿qué tendría que ver una opinión con herir a quien nos escucha? Desde el lugar donde yo me encuentro para opinar hace falta saber. Saber implica templanza para adquirir el conocimiento y la experiencia. Y de ninguna de las maneras una opinión debe ser una expresión de malicia o furia desmedida o manipulación descarada. Y esto lo sabes cuando has aprendido a opinar. El resto, el herir con las palabras es expresar una creencia. Las creencias no son necesariamente justificables con hechos contados sino más bien esclavas de nuestros sentimientos encontrados e ideas obligadas (o no tanto). Opinar con propiedad y coherencia requiere de gran valor e infunde respeto. Cuando opinas sabiendo de tus palabras no hieres sino que construyes un puente con el otro, aún cuando tu opinión se enfrente a la otra. El peso de la coherencia no tiene rival y no hiere. No aceptaré agresiones disfrazadas de opinión, ni maltratos en situación de expresión de misterio como si de una opinión personal se tratase.
Hacer frente a una depresión también requiere de asombrosa fortaleza puesto que es un estado anímico absolutamente afín a nuestra conciencia de mortalidad. No te das cuenta pero tu cuerpo es quien primero se deprime y de ahí que muchísimos terapeutas recomienden el ejercicio físico para combatir los estados depresivos. Al mover tu cuerpo y sentir tu vitalidad cambia tu percepción y te dejas iluminar de nuevo por el espectro luminoso de tu alma. Pero no sabrías que estás deprimido si no hubieras sentido antes la luz y viceversa. Es decir, que no existe el uno sin el otro. La depresión, según Thomas Moore (autor y psicólogo mencionado más arriba en la cita inicial de este artículo), puede ser entendida como una fuerte conexión con la sombra de la muerte que se acerca al cuerpo. Es muy fácil para cualquier persona caer en la trampa de negar la muerte, tan sólo has de pensar en la desgracia de algún ser querido y rápidamente tratarás de negar en tu mente y tu corazón que eso pueda ocurrir.
En el espectro cromático oscuro del alma habita también la depresión junto con otros asuntos del espíritu. Hay ciertos pensamientos y sentimientos que parecen emerger solamente en un estado anímico sombrío, y estoy segura de que no te resultará extraña esta afirmación. Escribí mi primera novela a la vera del dolor de mi primer desamor y, sin embargo, a pesar de lo que puedas presentir, es una historia con final feliz. Cada vez que escribo un artículo es porque por una temporada corta o larga me asaltan pensamientos y reflexiones que trato de entender y encajar tanto en mi forma de ser como en mi vida y, casi siempre, los mejores actos cotidianos pasan desapercibidos por el murmurar de la rutina. Pero si suprimes ese estado sombrío del que hablaba hace un momento, si lo evitas y lo reprimes por sistema, también estarás suprimiendo, evitando y reprimiendo magníficas ideas y reflexiones que podrían estar dando respuesta a cuestiones de raíz o abriendo puertas hacia caminos nunca imaginados.

Valorar y contemplar el espectro cromático de tu alma es un canal para tus sentimientos positivos pero es a la vez un canal para los negativos. Naturalmente, los sentimientos amorosos dan origen a gestos de afecto. De la misma manera, el vacío y la grisura movilizan y despabilan una forma de conciencia en ti que se conecta estrechamente con una consecuente expresión de pensamientos que, de otra manera, permanecen ocultos bajo el velo de estados anímicos más alegres.
Algunos piensan que sólo hacen terapia los locos, los lunáticos, o los que tienen “problemas”, o los suicidas o los adictos. Este es el típico miedo a lo desconocido, la típica opinión sin fundamento ni preparación previa, la creencia más absurda apegada a los miedos más antiguos. Ármate de valor y honestidad y muestra tu espectro cromático con la ayuda de quien sabe lidiar con esos asuntos. El alma se percibe diferente en los estados de ánimo más bajos y es menos frecuente tener la suerte de poder extraer el elixir en esos instantes. Esa parte de tu alma existe, aunque quieras esconderla detrás del escaparate de esa felicidad impuesta de la que a veces se presume. Esa parte de tu alma existe tanto como la cara oculta de la Luna, no la ves pero está. Si quieres conocerla y explorarla y llegar a dominar tu interior con maestría y auto-liderazgo eficiente tendrás que adentrarte en lo que se ve y, sobre todo, en lo que no se ve.
Aunque a veces asociamos la depresión con el hecho de envejecer la mayoría de las veces tiene más que ver con la maduración del alma. Y aquí te presento la Fórmula Existencial:
Fórmula Existencial:
Edad + Experiencia = Maduración
Por tanto, si la edad me trae invariablemente alguna que otra decepción y la experiencia me dice que, tarde o temprano, “viviré un dolor”, no habrá maduración sin algo de tristeza o melancolía en mi alma y en mi cuerpo. Por el contrario, si niego la edad mi alma se desorientará y quedará perdida en un inadecuado aferramiento a la juventud.
El alma alberga todos los colores del espectro conocido. No explorarlos todos sería de ética ligera, de conciencia pusilánime, de plato roto. No quiero que se terminen mis días sin que haya podido decirles a los míos de aquello que construí en el lado oscuro de la Luna. No quiero que se me escape el tiempo sin haberme enriquecido de mi propia savia. No quiero que se vayan otros sin que sepan que yo tengo un alma. Que tengo un alma que sonríe todos los días y que se esconde a la sombra para germinar, que lo que crece sólo empieza en lo más oscuro y que allí es donde espero que todos los días salga mi estrella a respirar.
Y para que siga la introspección, mi Buen Doctor, Joseph Salama, y yo te invitamos a que continúes tu introspección y descubras esta maravillosa pieza de arte sedicioso de los ingleses y elegantes Pink Floyd… Nos vemos en el The Dark Side of the Moon…
«-[…] Yo cometí ese error con mi primera mujer, quería que lo entendiese todo sobre mí. Al no hacerlo pensé que me había fallado, que no era amor verdadero. Resulta obvio que te ha tocado vivir algo brutal y quizá él nunca pueda entenderlo del todo. Pero siempre habrá algo sobre él que te frustre. Estar vivo es esencialmente una propuesta solitaria. Casi siempre tenemos que llevar nuestra mochila solos. Nadie recibe la ayuda que necesita. Pero en el matrimonio es menos solitario, ¡sólo un poquito!… pero, hay una gran diferencia”.
The Affair, 2014, serie de televisión norteamericana de género dramático, Showtime.
No hay un solo ser humano que no tema a la soledad. Sin excepción. Pero todos nos acostumbramos a ella con una capacidad extraordinaria. Nos acostumbramos de tal manera que muchas personas rozan el extremo con la ilusión de sentirse acompañados. Es tan sobrecogedor el reconocimiento del camino en soledad que muchos se aferran al pensamiento opuesto con total convicción. No es que no lo entienda ni tampoco es que no lo haya vivido. Sólo es que no huyo mis sensaciones más privadas, y cada vez soy más diestra en reconocerme que a veces no me digo la verdad.
Muchos aparecerán con su argumento reforzado en el número de amigos o familiares o animales que les demuestran su lealtad y afecto, y otro tanto vendrá armado con una negativa rotunda enfundada en criticismo y acusación de negatividad. La soledad se apodera del calor del corazón, no importa cuánto quieras negarlo. En este blog, ya lo sabes, se habla bastante de solitudinis – solitudinum, es decir, de la soledad en genitivo. Y digo en genitivo porque puedo reflexionar muchísimo acerca de ella y de su lugar en mi vida y encontrar algunas respuestas que sólo me servirán a mí. Me pregunto si, tal vez, temer algo no es una señal lo suficientemente fuerte como para abordarlo sin excusas. Para mí, el estado ideal del hombre no es el estado de la felicidad sino el de la tranquilidad. Aquello que me asusta me altera… ¿no sería mejor preguntarle de frente a la amenaza en lugar de llegar al extremo opuesto de disfrazarla de otra cosa? ¿Cuánto te costaría esto?.
No creas que abogo por el matrimonio como remedio a la soledad. La enfermedad de la soledad se tiene sólo si se siente uno solo, no cuando se está solo. Quizás peco de idealista pero creo que para estar casado y no sentirse abandonado hace falta mucha valentía y unos férreos principios éticos. Llevamos solos nuestra mochila, tal y como dice el personaje de la serie de ficción en el fragmento escogido al principio de esta entrada. El matrimonio no soluciona las cosas, pero si la pareja es adecuada te abrigará el corazón.
Me he preguntado al menos un millón de veces si tú te sientes como yo. Y, si la respuesta fuese positiva y ya tuviéramos eso en común, por qué no nos hemos acercado. Dados los últimos acontecimientos tan dramáticos sucedidos en mi vida en el último año me da por sentir que quizás es hora de recalcular ruta. Es algo que me digo y de lo que creo haber iniciado los primeros pasos, y sin embargo, no podría decirte con exactitud cuáles son los movimientos. Soñé que trepaba montañas, que salvaba personas, que sobrevivía a maremotos y que saltaba fracturas de tierra sin un rasguño, sobre todo, que dejaba atrás algo importante con mucho dolor pero que me enfrentaba a otra cosa aún mejor. Que valía la pena el dolor. A fin de cuentas, qué soy yo sin encontrarle sentido a lo que pienso.
El final del año y el comienzo del siguiente hicieron zozobrar mi esqueleto emocional y, por un breve espacio de tiempo, recordé el amor que tengo guardado. Que la propuesta solitaria se girará otro grado de forma inesperada hacia el nuevo mundo. Que albergo la energía del molino. Que el faro que está afuera me alumbra desde adentro. No me olvido de que la luz brilla en la oscuridad. ni de que pocos son los que se quedaron a mirarme a los ojos cuando menos se veía.

Creo que fue Nelson Mandela quien dijo que mientras estamos haciendo brillar nuestra luz concedemos inconscientemente permiso a los demás para que hagan lo mismo con la suya. Y es un estadío de pensamiento muy curioso para mí. Pero, ¿qué es hacer brillar la luz propia? Y qué interesante elección de palabras al decir que “concedemos permiso inconscientemente”. Es, sin otra concesión, una de esas verdades que aplastan cualquier intento de boicot al respecto de manera fulminante. ¡Qué gran responsabilidad hacer brillar mi luz!.
Albert Schweitzer, médico, filósofo, teólogo y músico franco-alemán, fue Premio Nobel de la Paz en 1952. Dijo así: “La filosofía verdadera debe empezar con el hecho más inmediato y más comprensivo del sentido: soy ser vivo y deseo vivir, en medio de seres vivos que desean vivir«. La vida y el amor en su opinión están basados y siguen el mismo principio: respeto por cada manifestación de la vida y una relación personal y espiritual hacia el universo, y esto nos concierne a todos.
Cuando eso que creo es mi luz propia se apaga o se duerme o sufre de muerte (lenta o súbita) aparece inesperado el destello y la chispa que la vuelve a encender. He aquí uno de los primeros motivos para dar gracias en este nuevo año que acaba de nacer: a los que son mi faro o la chispa adecuada, y a todos los seres vivos que desean vivir.