Etiqueta: leucemia

Un Año

“The capacity to learn is a gift; the ability to learn is a skill;

the willingness to learn is a choice”, Brian Herbert.

 

(La capacidad de aprender es un regalo; la habilidad de aprender es una destreza; el deseo de aprender es una elección, Brian Herbert)

Una de las primeras cosas que aprendí durante mis años universitarios es que el proceso de aprendizaje es un camino repleto de errores. A veces era tan simple como llenar un cubo de agua y otras tan complicada como llenar ese mismo cubo de agua teniendo un agujero (ayudándome de la metáfora del cubo y la fuga, “Leaky Bucket”, que atiende no sólo a cuestiones de la Lingüística sino a muchos otros asuntos relacionados con la economía, la ecología e, incluso, el comportamiento humano).

Lo más lógico hubiese sido tapar el agujero e impedir la fuga para poder llenar el cubo, pero, también, hubiese sido necesario localizar el punto de pérdida en primer lugar. Y esto es lo que complica las cosas. Averiguar dónde está el problema. De esta forma, tanto yo como muchos otros de mis coetáneos podríamos haber ganado muchísimo tiempo y muchísima habilidad en esto que se conoce como la Pirámide del Aprendizaje, que no deja de ser una explicación de forma estadística de la forma en la que aprendemos y la cuantía de lo que asimilamos. No dejé de pensar en ningún momento que para aprender hay que errar, y hay que errar de manera constante para mejorarse. Equivocarse es la única manera de aprender. Quien evita el error se esfuerza mucho por no aprender.

La fuga. Lo que a mí me funciona y seguro funciona a muchísimas personas es que una vez te propones aprender algo debes hacerle una especie de mapa mental que a ti te sirva, discutir el asunto con otras personas, buscar las ideas más importantes y distinguir el relleno que sólo decora de lo esencialmente relevante, escribir con autonomía sobre ello sin necesidad de ser un buen escritor, o quizás grabarte a ti mismo contándolo… prueba a hacerlo todo, no sólo una de las cosas. Te aseguro que aprenderás. Pero para aprender no puedes ser perezoso ni debes dejarte abordar eternamente por el miedo porque aprender requiere esfuerzo y valentía y cuanto más mayor eres más esfuerzo necesitarás aplicar y más agallas habrás de encontrar. No es suficiente con escuchar a alguien hablando sobre el asunto únicamente, ni ver un documental o leer un libro. Lo que te hace aprender es la puesta en práctica, ser actor, ejecutar y, finalmente, errar.

A algunas o muchas personas esto no les interesará pero seguro que son aquellas que, casualmente, oponen la mayor resistencia al proceso de aprender; aquellas que permanecen recibiendo las clases magistrales no participativas de la escuela o de la misma vida, aquellas que son las más perfeccionistas. El perfeccionismo es un atraso. Equivócate.

44653b15c7c11d982b437bb3ee56c5ed
Un mar tranquilo nunca hizo experto a un marinero. Source: Pinterest

Hoy, 26 de Marzo de 2016, hace un año que mi hermano fue diagnosticado con Leucemia Mieloblástica M6. Ahora está ya recuperándose de lo pasado y reconstruyendo su vida, lo cual es un milagro divino atendido por los cuidados médicos de nosotros, la raza humana. Hay tanto por lo que estar agradecido. Ha sido un año de implementación constante, de poner en práctica lo aprendido hasta el día primero y último del suplicio, por tanto, un año de errores cotidianos y de dolores intensos. Pero este también ha sido mi año.

Y forma parte de mi vida casi a modo de confirmación de algunas cosas que ya sabía, pero a las que me volví altamente resistente. Ha sido un año de fugas de amor absolutas pero de reencuentro con el impulso de vivir. He presenciado terribles sufrimientos de los míos y faltó poco para darle la mano a la muerte llamando a la puerta de mi casa. Aún siento que está agazapada detrás de algún rincón…

Aprender sigue siendo uno de los grandes potenciales del ser humano, a pesar de la resistencia a hacerlo, a pesar del dolor que pueda producir el proceso, a pesar de la apatía, a pesar de las fugas. A veces las circunstancias no favorecerán nuestro apetito por saber pero nunca se termina de lidiar con ese cubo que con tanto esfuerzo queremos llenar. Y, tal y como a mí me ha pasado, a veces tienes que actuar de enseñante desde la sombra porque tus tiempos de alumno ya terminaron, aunque no estuvieses preparado, aunque creyeses que no tenías aún ni medio cubo lleno.

Comprendí que hay personas que se enfrentan al dolor de maneras muy dispares y muy contrarias a como yo lo hago. Es algo que puede sonar manido pero es una realidad tan aplastante que puede dejarte sin respiración. He tenido que luchar contra mi propio ego y posicionarme más arriba para poder esperar en paz, para poder ver a mi hermano salir del hospital. Y aún quedan esas pequeñas olas que deja tras sí el gran tsunami inicial y que parecen infinitas ahora.

He aprendido en un año acerca de mi fuerza y de mi espíritu férreo. Me he pasado muchos años cometiendo errores para llegar hasta este punto. Y ahora veo que sólo es una coma, ni siquiera un punto y seguido. En el acto de hablar y/o comunicarse existen tantos matices ocultos y tantísima acción de nuestras células y nuestro organismo que es casi un milagro que podamos hacerlo. Me alegra saber que supe pedir ayuda, que hablé y que callé cuando era necesario, y que aún sigo aquí tratando de ser mejor, que lamo mis heridas cuando sangro y que vuelvo al ruedo de la vida una y otra vez.

Antes decía que quien evita el error se esfuerza mucho por no aprender. Y me nace relacionarlo con quien no mira adentro de sí para enfrentarse a sí mismo y, en realidad, se esfuerza mucho por no crecer. Y esto se mantuvo a mi alrededor durante el último año, y lidiar con personas que no admiten sus emociones tanto de dolor como de decepción, de rabia y de ira contra las fuerzas de Dios o contra la horca que a veces representa la propia familia. Y mantuve el tipo en mi feria de los horrores, no sin algún cardenal o alguna herida que a veces se vuelve a abrir inesperadamente.

Ha sido un año imposible de olvidar. Ha sido duro y doloroso. Se me rompió el corazón. Me sentí olvidada y he sufrido lo justo como para hacerme más mayor a fuerza de dolor. He encontrado poca empatía en general, aunque afortunada por tener a unas pocas personas adecuadas y ubicadas en el respeto y la comprensión hacia mi circunstancia. Aprecio este año ya pasado, me construye como soy ahora y ha contribuido a mi posicionamiento tanto como individuo como mujer. He podido encontrar las contradicciones, las fugas de coherencia y los retrasos de aprendizaje. Soy la misma persona y muy diferente.

Quisiera dar las gracias a los médicos por apoyarse en la ciencia y en lo que no es ciencia para salvar a mi hermano. Por la dedicación, por el compromiso.

Quisiera decirle a mi hermano una vez más que siempre estaré con él, sin importar la distancia.

A mi familia que todo pasará, y que les quiero desde todos los lados de mi corazón.

Quisiera aplaudir el valor de las personas que se han dedicado a nuestro espíritu y nuestra salud mental incondicionalmente.

Y gracias a todos por contribuir a mi equilibrio al leer mis pensamientos en este blog.

 

 

 

Twist & Shout

Brotó el llanto compulsivamente y volví a darme cuenta de la profundidad de la herida. Con frecuencia es inesperado el sentimiento y actúa a modo de válvula de presión dada mi tendencia a anestesiar mis sufrimientos. Un niño sin pelo, añade un desgarro más.

Gracias a Sergio y sus padres, Anabel Melguizo y Fundación Luis Olivares por la concesión de esta foto.
Gracias a Sergio y sus padres, Anabel Melguizo y Fundación Luis Olivares por la concesión de esta foto.

Esta es Anabel Melguizo y es psicóloga en la Fundación Luis Olivares en Málaga. Anabel también ha ayudado a mi hermano. Me pregunto qué será eso en su interior que la ha conducido hasta esta fotografía. No es acerca de su carrera profesional, o de sus decisiones a lo largo de su camino hasta hoy. Lo que me pregunto es acerca de esa pulsión que cada uno de nosotros tiene que nos dirige en una dirección o en otra. Está adentro del corazón y recorre la espina dorsal, a veces, con un calor intenso que llega hasta las palmas de las manos y, otras, está contigo cuando cierras los ojos. Un niño nunca debería estar calvo.

Atravieso una etapa de mi vida en la que casi todas las cosas que hago, digo y/o decido me resultan decisivas. Atravieso una etapa en la que, a pesar de haber perdido vista a una velocidad desorbitante, veo, paradójicamente, mejor que antes. Atravieso una etapa en la que confío en mí por encima de las otras personas para poder canalizarme hacia el bien. En esta etapa reconozco la pérdida de aquellos que creía eran mis amigos, pero no por causas exógenas a mí sino por mi propio cambio y evolución. Mis amigos siguen ahí, incluso, sonriéndome. Soy sólo yo, que ya no estoy.

A mí me impresiona que Sergio, el niño de la foto, hoy ya curado, haya pasado por una enfermedad grave. Me impresiona su familia porque no sé ponerme en su lugar. Y tú, que me conoces, dirás que yo he pasado por algo similar, que debería entenderles. Pero sólo puedo decirte que cuando la tormenta ha pasado y has recogido y limpiado los destrozos, una parte de ti se olvida de lo que sufriste para poder continuar. Así entiendo mi interior. Por eso no estoy capacitada para comprender a los padres de Sergio, y por eso admiro y me asombro con Anabel: estar tan cerca de tantos dolores y, todavía, volver cada mañana. Supongo que si hablase con ella me diría cuántas tantas otras cosas buenas ella ve. Yo, sin embargo, estoy tocada por la visión de mi hermano enfermo. De eso, quizás, nunca me recupere. Pero sigue a pesar de esto habiendo algo en mí que admira a las personas que están siempre en los momentos duros de otras personas, se convierten en testigos inamovibles de tragedias que cambian el rumbo de muchas vidas. Se convierten en personas cruciales.

Mi psiquiatra es una persona crucial para mí. Estuvo cuando me perdí, cuando me encontré y cuando me volví a perder todas las veces. Son casi cuatro años de terapia, de terapia sin medicinas y sin intromisiones; me ha dado tiempo a estudiar al lado y de la mano de mi médico, a aprender sobre el origen de la vida e, incluso, sobre el concepto de Dios. Su influencia en mi crecimiento es tan bonita que no se paga con dinero. He podido atreverme a abordar mis asuntos más dolorosos y he podido sacar de mi pecho espinas que me hacían sangrar, y aunque cada día es uno nuevo y las circunstancias siempre mandan, soy capaz de valorar cada vez con mayor intensidad la suerte que tengo. Me cuesta mucho enumerar las cosas que he aprendido junto a él, o más bien, decirlas todas ahora mismo… admito que, en el fondo, creo que no quiero decírtelas todas, me disculparás por esto, si quieres. Sí me nace contarte que he sentido siempre un respeto prístino y sólido de su parte cuando él me ha mirado, que sé que me ha visto y que sé que me ha reconocido. Al cabo de un tiempo me di cuenta de que había amor para mí en su corazón. No sé cómo lo ha hecho pero he entendido mi cuerpo de mujer y estoy ajustando mi mente femenina a las circunstancias que me visitan en mi vida con su ayuda. Y no sé cómo lo hace. No sé qué estrategias o qué modelos sigue para conectar conmigo, pero conecta.

«Quizás los poetas tengan razón. Quizás el amor es la única respuesta», Woody Allen. Source: Pinterest

No soy su única paciente, y seguro llegan historias a su mesa y a su sillón que no todas las almas soportarían. No me olvido de que es su trabajo, aunque sé que hay muchas personas que ponen su corazón en su oficio sin importar cuál es la tarea. Para mí es una forma de vida ir a terapia, y veo mucho por explorar tanto adentro como afuera de mí; como si yo misma fuese una fuente inacabable de asuntos por descubrir e intuyese que mientras esté viva seguirá siendo así. Sé que me expongo bastante al contarte acerca de mi terapia y acerca de lo que pienso cuando digo que todos deberíamos seguir una, al menos, una vez en la vida, pero no me quedan muchas más opciones que decir la verdad, tal y como en uno de mis artículos anteriores, La Estrategia, te contaba que decía Amy Winehouse. Y la verdad es que esta soy yo, tal y como aquí me lees y tal y como aquí me sientes.

Puedo ahora conectarte conmigo y con mi médico a la vez a través de la música. En mi terapia la música tiene un rol muy importante. Veo que es una herramienta bella y extremadamente poderosa que todos usamos (no sólo los médicos) para levantarnos y venirnos arriba o, incluso, para disfrutar un rato de nuestras penas cuando nos sentimos abajo. Mi médico y yo compartimos una atracción muy fuerte por la música y un amor nostálgico, yo por Inglaterra y él por la lengua inglesa, que no atiende a razones intelectuales sino, más bien, a las razones del sentimiento, si es que se pueden unir razones y sentimientos. A veces mi Buen Doctor me habla y/o me escribe en inglés, que es la lengua en la que mi corazón se abre mejor. Y esto es curioso porque yo no soy inglesa, pero te contaré el por qué de esta curiosidad en otro momento más adecuado. Lo importante para mí ahora es que sepas que averiguó cómo encontrar en el humor y en una lengua que no domina un canal de comunicación conmigo que le acercase a mi corazón mucho más directamente que indagando de otra forma. Pero, ¡no creas que hablamos en inglés todo el tiempo! Con sólo un poco de “gud-mornin-leidi” o “hau-ar-iu-tudei” se me relaja el gesto y me alegro de mi aquí & ahora, sea el que fuere.

Anabel, Sergio y mi Buen Doctor, cada uno en su parcela tocando las notas que suenan en mi interior. Los tres interconectados dentro de mí en mi camino singular, invitando a la mirada interior. Se anuncian cambios, podría ser que se avecinen turbulencias o que esté el viento callado… Podría ser que tuviese ganas de llorar otra vez, justo como cuando miro una foto de un niño sin pelo. Pero no quiero dejarte hoy sin contagiarte mi ritmo. Por si acaso el sol tarda un poco más en salir, Twist & Shout with me…

Clica aqui para Twist & Shout conmigo y los Beatles…