Etiqueta: ego

El Propósito (por Anabel y Hadasa)

«What if nothing exists and we´re all in somebody´s dream?», Woody Allen.

(¿Y si nada existe y estamos todos en el sueño de alguien?, Woody Allen)

Una vez me dijeron que en esta vida todos los seres que convivimos en el planeta venimos con un propósito, hasta el ser más diminuto y aparentemente más insignificante, tiene un propósito en la Tierra. Por consiguiente, respetar la vida y el camino de cada uno de los seres con los que nos cruzamos ya sean personas, animales, plantas, árboles, aire, agua… es respetar y aceptar cada uno de los propósitos de su existencia.

Nunca comprendí este mensaje con tanta claridad como soy capaz de comprenderlo ahora y por eso me complace poder compartirlo desde mi humilde experiencia con todos vosotros, por si en algún momento puede dejar una semilla en vosotros, como en su día lo hizo en mí.

Todos venimos al mundo con un propósito, y nos han regalado nuestro tiempo ya sea largo o corto para que disfrutemos del camino aprendiendo y buscando nuestro propósito en la vida.

El propósito a diferencia de lo que muchos creen no es nada extraordinario ni grandilocuente, suele ser tan sencillo y divino y a la vez tan sumamente esencial y sencillo como el propósito de una planta, o el del agua o el de un mosquito. El propósito de cada uno de nosotros no es un trabajo, ni unos estudios concretos, ni una casa nueva, ni un coche último modelo, ni un grupo de amigos, ni una pareja, ni ser exitoso o respetado o triunfador, ni siquiera ayudar a los más necesitados, ni ser bueno o malo, es mucho más profundo que todo eso, te conecta con tu verdadera esencia, con tu ser.

El propósito es el motor que te mueve cada día, por el que respiras, por el que tu corazón decide seguir latiendo en este mismo momento y tiene que ver lo primero contigo mismo, con el más necesitado de todos para ti mismo, que eres tú. No venimos a dar ejemplo, ni a ser abanderados de ninguna causa, ni si quiera a ayudar a los demás… eso viene después, viene solo, si es que tiene que venir…la primera causa de tu existencia eres tú. Esfuérzate a fondo en conocer a esa persona con la que vives todos los días de tu vida, tú.

A pesar de lo que muchos creen, en los últimos años he podido comprobar, que no existe un “ayudador” y un “ayudado”, más bien un conjunto de caminos y de personas que se cruzan y en el que casi siempre me he sentido más ayudada que lo contrario, y si además por ese camino pude tender mi mano a alguien y ésta le dio calor, siento alegría por esa persona, al igual que lo siento por mí misma por todas aquellas manos que yo recibí. Las apariencias, lo que nuestros ojos ven, nos puede confundir muchas veces, (yo diría que siempre), y si en algún momento pude ser de ayuda, y recibo un “gracias”, me sentiré bendecida por ello, no exploro en qué grado ese “gracias”, es fruto de mi trabajo o no, simplemente me siento afortunada por recibirlo.

Esta forma de entender el mundo, a las personas y la ayuda al otro, cambia mucho el concepto de altruismo y solidaridad que manejamos actualmente, que, a mi parecer, muchas veces responde más al ego. Es una verdadera paradoja lo que escribo y lo que pienso, precisamente si ponemos todo nuestro empeño en ayudarnos a nosotros mismos primero, es más probable que en algún momento alguien se pueda sentir ayudado por nosotros y es precisamente este modo, el que muchos calificarían de egoísta, el que más carece de ego.

IMG_6706

Es un trabajo duro, lleva su tiempo, el autoconocimiento. Una vez conozcas ese propósito del que hablaba, todo cobrará sentido y podrás entregar tu existencia a aquello que desees de corazón, sea lo que sea, esté fuera de ti, o esté dentro.

Cuando conoces tu propósito en esta vida, la muerte ya no da miedo, ya no asusta, deja de ser mala y triste, la muerte se convierte en una amiga que, como la vida, van de la mano permitiéndonos y regalándonos cada segundo para que aprendamos y recorramos nuestro camino.

Tener la certeza de que me voy a morir en cualquier momento y aceptarla desde lo más profundo de mi ser, ha sido el regalo más importante que he recibido en lo que llevo de camino. Al contrario de lo que muchas personas piensan saberte perecedero en este cuerpo y en este lugar, más que hacerte infeliz, te hace la persona más completa y viva que pueda existir, porque cuando aceptas a la muerte como parte de esta vida, ya no importa cuando tenga que llegar y como lo haga, porque llegado ese momento, ten por seguro que tu propósito se habrá cumplido, al igual que una mariposa en toda su belleza cumple su propósito en apenas unas horas.

Esto que ahora escribo, puede ser mal interpretado, hacia el tan recurrido, “carpe diem”, “vive intensamente cada momento”, o “disfruta de la vida”, tan vacíos, superficiales y carentes de sentido, si no se profundiza y no se entiende el mensaje. Vivir el momento es aceptar que no todos los momentos van a ser buenos, que hay momentos malos, momentos duros, que no siempre voy a estar feliz y alegre, que puedo sentir, miedo, pena, tristeza, vacío, dolor, sufrimiento… vivir el momento es un compromiso con la vida más allá de lo que ocurra en ella… en fin, nada que ver con lo que nos venden, requiere de “algo más” que querer una vida “perfecta” y es un aprendizaje mucho más profundo de lo que significa vivir.

Creo que somos tremendamente afortunados por ser capaces de descubrir y explorar todos los entresijos de nuestro paso por aquí, y aunque no es algo fácil y parece no estar muy de moda, a lo largo de estos años, solamente he aprendido a acompañar en el camino a las personas que se cruzaron en el mío ya fueran niños, jóvenes, adultos o familias, ya acabara su camino por esta vida con la muerte en ese momento en el que ofrecí mi acompañamiento, o continuaran su camino por aquí, ya estuvieran enfermas, sanas, felices, tristes, solas, acompañadas, solamente he aprendido, cuando de corazón y desde lo más profundo de mi ser, sin ataduras, ni ego, ni superficialidades de nuestra vida cotidiana, he aceptado mi propio propósito y por ende el propósito de todos los seres que me rodean y en comunión con todos ellos comparto esta existencia.

A pesar del dolor, de la pena y del sufrimiento tan humanos como el mismo respirar, y tan necesarios como el alimento, a pesar del miedo a lo que no conocemos y a la muerte, tan terrenales como nuestro propio cuerpo, toda vida ya sea corta o larga, complicada o sencilla, dura o fácil, sea como sea, tiene un propósito en sí misma y desde ese sentido y en unidad, si es que ha de ser ese tu camino, si serás capaz de tender tu mano a aquel que, quien sabe, la pudiera necesitar.

Gracias, Anabel Melguizo Garín, por estar a mi lado y construir nuestra amistad de mi vera. Es precioso que sientas el deseo de dejar tu huella en mi blog. Bendiciones para ti y que nuestra fuerza nos acompañe.

Hadasa

 

 

Jusi

“What can not be said will be wept”, Sappho.

(Lo que no puede ser dicho será llorado”, Safo)

 

He tratado con tanta fuerza luchar contra mi don que aún ahora, cuando ya no quiero luchar más, sólo sé moverme en la batalla.

Son muchas las formas en las que una persona sabe llorar. La más conocida es, sin duda, el llanto con lágrima. Esa no es, sin embargo, la más común en mí. A veces siento el llanto en mi interior, y la mayor parte del tiempo me lo guardo. Puedo poner un ejemplo, o más de uno: he llorado en mi interior muchas veces ya cada vez que he luchado contra la aceptación de mis dones, y también he llorado en mi interior cada vez que he deseado florecer mi naturaleza femenina en contra de los planes de Dios. A veces es un llanto consciente, y a veces es un llanto anterior a mí que empieza a oírse casi a modo de baja frecuencia hasta que me ensordece y tapa mi luz visceral. No es bonito llorar hacia dentro ni tampoco es sano.

Me di cuenta de que mi vocación era de enseñante pero de que mi don residía en otro aspecto de mí. Y, en contra de mi voluntad consciente, pasé muchísimo más tiempo desempeñándome en mis dones que en mi vocación. Es probable que te preguntes en este punto por qué no parezco muy satisfecha con haberme dedicado a mi don. He sanado los dolores físicos de muchas personas con mis manos, con el calor de mi energía sobre los músculos de otros cuerpos, con mis conocimientos y, sobre todo, con mi intuición, que se manifiesta a través de las palmas de mis manos y el costado de mis brazos. Y, verdaderamente, en algún momento, mucho tiempo atrás, descubrí que no necesitaba saber más. Cada vez que interactuaba con una persona sabía cómo situarme para hacerle el mayor bien. Esto no es una cuestión de estudios anatómicos o datos, es una cuestión de ver con los ojos del alma y actuar con las palmas de las manos del corazón. Ahí estaba mi don.

Soy licenciada en Filología Inglesa, soy profesora, soy Coach y soy masajista, además de otras cosas que no son necesarias mencionar aquí y que quizás no sean de mucha relevancia. Eso es, masajista. Y si especifico un poco más, soy rehabilitadora (respetando las diferencias con los fisioterapeutas y compañeros del gremio). He trabajado con personas de todas las edades y sólo he podido encontrar cierto consuelo en la tercera edad. Si mejorar la calidad de vida, devolverle a una persona un destello de esperanza es algo maravilloso e importante, ¿por qué he llegado a odiar con todas mis fuerzas desempeñar esos trabajos? ¿Por qué me digo a mí misma que ya no puedo ser masajista? «Masajista»… en realidad, siempre me he considerado más una «rehabilitadora» que una masajista.

Es cierto y verdadero que llegué a estar muy cansada tanto física como mentalmente, que llegué a plantearme el sentido del trabajo y que casi me vuelvo loca castigándome por no ser profesora. Es probable que tuviese mis razones para sentirme vacía durante ese período de mi vida, y hoy, que ya no soy como entonces, creo que aún deseo serlo con mucha fuerza pero ya no me maltrato por lo contrario. Tengo en mi haber un conflicto, sin embargo, con compartir no tanto mis conocimientos sino mis dones, como decía un poco más arriba.

El don. Ahora mismo no estoy segura de si lo aprendí en terapia, o en Cábala, o sólo es una idea mía. Tengo la creencia de que cuando averiguas cuál es tu don estás automáticamente destinado a dárselo a los demás. Pienso que debes concederlo porque, realmente, no es tuyo. Los dones suelen ser asuntos concedidos a las personas para que ayuden a otras. No veo que sean herramientas para la autosatisfacción personal sin tener en cuenta al otro. Muchos confunden el don con la profesión, aunque otros muchos tienen dones que convierten en profesiones. Pero, a pesar de que ese ha sido y, en cierta manera, es mi caso, el don no es necesariamente una profesión reglada por nuestra sociedad. Por eso decía antes que averigüé que no necesitaba aprender más normas formales o datos acerca del cuerpo humano; que el cuerpo humano es cuerpo, mente y alma, y sólo el cuerpo se puede tocar con las manos.

Dentro de mí late una vida secreta que sólo algunos se permiten el tiempo de descubrir. Esa vida secreta me conecta inevitablemente con mi don y con mi vocación, ambas cosas. Quizás, si no hubiese entrometido mi don en mi trabajo hoy no estaría en esta posición de desagrado ante lo que se entiende que pertenece a la humanidad que me rodea y no a mí. De todos modos, no soy alguien que se instale con comodidad en sentimientos que duelen, tiendo a querer resolverlos antes o después. En esos momentos secretos de los que nadie sabe hablé conmigo y concluí en que mis dones no serían ya mi forma de vida, precisamente, por darles el valor real que tienen que no suele corresponderse con el valor económico. Decidí calmar los dolores de las personas que quiero con mis manos siempre que me fuese posible y solo y exclusivamente por amor, y aún habiéndome decidido de esta forma he podido conocer a Juhani Lahtinen (Jusi).

Jusi es un señor finlandés muy mayor, ex jugador profesional de hockey sobre hielo, que ha perdido movilidad, flexibilidad, fuerza, psicomotricidad, etc. a causa de algunas enfermedades graves que no contaré aquí. Jusi es cliente, no es mi familia. Pero Jusi es un hombre de intenciones honestas y que se entrega a mí cada vez que es su día para venir a verme. Cuando Jusi y yo estamos en contacto la magia sucede. Y hablo así como si de un amor se tratase porque eso es lo que sucede. Su mirada y sus manos mayores me dicen que es feliz el rato que pasa conmigo; cuando estiramos su cuerpo se producen reacciones químicas invisibles a los ojos pero sensibles al corazón. Mejora. A Jusi no le conozco, pero le quiero lo suficiente como para desearle un bien. Mi don es un bien.

Juhani Lahtinen (Jusi) con Ester @AlohaHealthClub
Juhani Lahtinen (Jusi) con Ester @AlohaHealthClub

Todavía sigo batallando en mi interior para aceptar que aquello que me ha sido concedido es aquello a lo que debo dedicarme muchas veces, aunque no necesariamente de manera profesional. Sigo luchando contra algo que es de sentido común, pero dejaré de hacerlo. Esconder las cosas buenas que tengo dentro de mí no es un camino adecuado. Es el reflejo de mi yo más egoísta, y esa es la verdad. Mi incomodidad por querer ser una buena profesora de inglés y conseguir, por el contrario, ser alguien diferente que alivia dolores a personas mayores es la pura imagen de mi ego diciéndome que mi don no es importante; que lo que importa es mi esfuerzo por haberme licenciado, mis conocimientos sobre Shakespeare y mis cualidades comunicativas. Pero eso sólo es conocimiento. El conocimiento únicamente no es suficiente para mí.

Sólo quiero decirte a ti que estás leyéndome que aceptar tu don, si es tu don de la forma más pura, podría causarte conflictos con tu ego más narcisista tal y como a mí me pasa (o quizás no), pero vale la pena identificarlo. A veces, tu don podría estar simplemente en hacer una buena paella o en cosas aún más sencillas; o podría estar en otros lugares elevados. No lo sé. Pero sí sé que se parece a algo que no sueles querer aceptar de primeras, quizás porque lo infravalores, quizás porque no te hayas dado cuenta de que ese es tu don. Te animo a buscarlo y a explorarlo y después compartirlo si aún no lo estás haciendo. Porque, como Safo decía, lo que no puede ser dicho será llorado y si no cuentas lo bueno que hay en ti se enquistará en tu interior hasta que ni siquiera tú tengas acceso.

No deseo llorar más hacia dentro, ni quiero guardarme las cosas más bellas. Quiero decirte lo que he aprendido y quiero tocarte con mis manos. Quiero seguir con Jusi, y quiero impregnarme de otros como él que vendrán después. Posiblemente, entienda mejor a los ancianos que a los que son como yo y, también, posiblemente, esto sea así porque mi ego no me permita acercarte más. Pero debes saber que sí te deseo cerca y que te espero.

Quisiera hacer un pequeño apunte de agradecimiento a mi centro de trabajo actual y a mis compañeros porque ellos son quienes ahora me ofrecen la posibilidad de conocerme mejor frente a los desafíos que mi propia personalidad atrae hacia mi relación con ellos. Gracias a Jusi siempre por confiar.

«A mí, personalmente, me encantaría tener el honor de disfrutar de tu don…», Hadasa.