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la atracción como advertencia

Bienvenidas al artículo de hoy, feliz San Valentín.

¿Y si el amor no fuera conexión,
sino la separación más sagrada de todas?

Aprendí a creer que amar era fundirnos,
que el amor más puro era la disolución del yo,
que el verdadero amor borraba las fronteras entre mi alma y la tuya.

Pero, ¿y si el amor no floreciera en mi apego,
sino en el espacio que se respira entre tú y yo?

El amor no es un ancla.
El amor no es una jaula.
El amor no es la ausencia del yo por dentro.

El amor más profundo es aquel que deja espacio,
donde tú y yo caminamos lado a lado,
no enredados en la necesidad,
sino arraigados en nuestra propia soberanía.

Pero confundes apego con amor.
Confundes control con cuidado.
Confundes posesión con pasión.

Que el amor debe ser eterno,
que partir es fracasar,
que cambiar es traicionar.

Pero, ¿y si el amor fuera un río que fluye,
una fuerza que se expande,
y que a veces pide libertad?

Tememos independencia en el amor,
creemos que trae distancia,
pero te prometo que la independencia es el verdadero lenguaje de la intimidad.

Dos árboles creciendo juntos,
cada uno enraizado en su propia tierra,
extendiendo sus ramas hacia el mismo cielo.

Cuando el amor nace desde la carencia,
se convierte en adicción.
Cuando el amor nace desde la plenitud,
se transforma en libertad.

El amor no viene a completarme,
sino a ser testigo de mi expansión.

La verdadera tragedia no es el amor que termina,
sino el que se extingue por miedo.

Glorificas la resistencia sobre la evolución.
Idolatras la permanencia sobre la presencia.

Pero a veces, el amor pide partir.
A veces, el amor quiere soltar.

La separación no es la muerte del amor.
Es su prueba más sagrada.

¿Puedo amar sin aferrarme?
¿Puedo amar sin necesitar?
¿Puedo amar y, aún así, caminar mi propio camino?

El amor no es retener.
El amor es honrar la verdad,
incluso cuando esa verdad nos conduce por caminos diferentes.

(Este es un escrito inspirado en otro que ya existe de Chandresh Bhardwaj).

Plátano y pomelo en actitud sugerente.

UNAS NOTAS PERSONALES QUE COMPARTO CONTIGO

  • La atracción sexual es un fenómeno muchísimo más biológico de lo que crees, pero también responde a procesos inconscientes profundamente arraigados en nuestra historia emocional. Como explica la psicoterapeuta Ana Clavell (con quien me he tropezado por casualidad), la manera en que nos sentimos atraídos hacia alguien puede estar directamente relacionada con nuestras heridas de apego y las dinámicas que experimentamos en la infancia con nuestros cuidadores o nuestros padres. ¡Sí!

  • Cuando sientes una fuerte química con alguien, es posible que esa persona refleje comportamientos familiares que viviste en tu entorno infantil. Y si no lo crees, para un momento, examina con tu mirada adulta relaciones del pasado. Esto ocurre porque el sistema nervioso reconoce patrones y activa mecanismos de atracción basados en experiencias previas. Por eso confundimos la atracción con el amor, sin darnos cuenta de que en realidad podríamos estar repitiendo dinámicas disfuncionales que nos son altamente familiares. Y pienso también en esas dinámicas de aburrimiento en los matrimonios o parejas que ya son eternas, ¿qué pasa con esto?

  • La atracción no siempre es una señal de compatibilidad sana. Puede ser una alerta de que estamos buscando, de manera inconsciente, impresionar y obtener el amor que no recibimos de la manera que necesitábamos en la infancia. Esta es la razón por la que muchas personas permanecen en relaciones tóxicas, justificando su permanencia en base a una «chispa» que en realidad podría estar reabriendo antiguas heridas. Si este es tu caso, no te agobies, ¡pero sí comienza a mirar con recelo a aquellas personas por las que te sientes atraída! Y, por supuesto, no te lances al vacío de tratar de seducir, que la atracción no es de verdad el motivo principal para iniciar nada. Se nos va la olla un montón cuando nos atrae alguien, a hombres y a mujeres.

  • Por ejemplo, para una niña que experimentó abandono emocional, un simple gesto de afecto puede sentirse inmensamente significativo. Luego, de mayor, se idealizan pequeñas muestras de cariño de parejas emocionalmente no disponibles. Tu cerebro ha sido entrenado para aferrarse a los momentos positivos y minimizar el dolor, convirtiendo la intermitencia afectiva en una adicción emocional. ¡Socorro!

descubrimiento: confusión entre atracción y seguridad emocional

Antes me preguntaba mucho cómo era posible que las parejas sexuales con quien más disfrutaba fuesen esas con quien más he sufrido (ahora ya sé la respuesta). Y aquí te doy la respuesta (o mi respuesta, mejor dicho): me sentía atrapadas en la contradicción de experimentar el mejor sexo o los momentos de mayor conexión en relaciones disfuncionales, justamente por esa dicotomía. Esos instantes de intimidad me daban una gratificación instantánea (muy típico del eneatipo 8 que no está centrado, y así era para mí entonces) que contrasta con la constante ansiedad, abandono o desvalorización que también forma parte de la relación. Es un reflejo del mecanismo infantil de aceptar pequeñas muestras de afecto como compensación por la falta de presencia emocional.

¿cómo lo he ido solucionando?

Admito que estoy mejor de lo mío… pero, todavía patino de vez en cuando. Reflexionar sobre estos patrones me permite preguntarme desde dónde elijo relacionarme: ¿desde la niña herida que busca ser vista y amada, o desde la adulta consciente que prioriza su bienestar emocional? Tema súper, súper importante: mis parejas no me acompañan en estos procesos. Así, pues, no es un factor que ayude. Imagino que, conforme vaya asentando con solidez mis desafíos y mis procesos, aparecerán hombres y personas muchísimo más dispuestos a comprender mi evolución y mi propuesta de intimidad.

Sanar estas heridas emocionales no significa dejar de sentir atracción, lo clarifico por si acaso piensas que el camino más recto es censurar la atracción. Bien, es que he pasado por ahí. Ahora estoy muy enfocada en diferenciar entre una atracción sana y una que perpetúa el caos. Cuando tomas conciencia de tu historia y trabajas en tus heridas, puedes cambiar lo que te atrae y comenzar a elegir relaciones donde te sientas segura, respetada y valorada. Y, de hecho, he reclamado mi derecho a tener conversaciones adultas y he sido crítica con las actitudes que no me hacen bien. No porque el otro no pueda manifestarlas, sino porque esto mismo me ha dado fuerza para continuar adelante y ver lo importante de cada lazo afectivo.

mis locas ideas (por lo visto) sobre la pareja

El deseo y la sexualidad son aspectos naturales y esenciales para mí y para todos, pero también pueden convertirse en poderosas herramientas de autoconocimiento. La pareja no es un ejercicio de azar ni una simple coincidencia, sino una construcción mutua basada en la elección consciente. Uno construye a la pareja, no es que hace match y ya, mágicamente, todo fluye y fue el destino. la pareja requiere tiempo, confianza y mucho sacrificio. No fluye siempre y hay que trabajársela. Pensar que es de otra manera es una idea infantil que (lo sé, no es del todo culpa tuya si aún piensas esto) solo te hace daño, porque las cosas en términos de pareja no fluyen porque sí. Hay que ponerse de acuerdo y trabajar por el bien común, no por el bien de uno solo. Hace falta que seas honesta contigo misma y te reconozcas qué quieres de verdad. Y, cuando lo sepas, vuelve a revisarlo. El deseo no tiene nada que ver con la construcción de una pareja, pero el amor sí. El amor es la capacidad de generar intimidad y seguridad, y esto no es el deseo exactamente. Aunque te digo que, si eres capaz de construir esto con otra persona, te aseguro que sentirás el deseo más poderoso de todos. Y, encima, del bueno.

Cuando sanas, descubres que la verdadera conexión no proviene de la adrenalina de lo inalcanzable, sino de la seguridad de un vínculo donde puedes explorar el amor y la sexualidad con respeto y confianza. La adrenalina es enemiga del amor y de muchas cosas. La adrenalina nos vuelve impacientes.

Así que, ya sabes, hazme libre y te amaré por siempre.

Mujer exprimiendo pomelo.