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Espectro, por Ioseph Salama & Hadasa

«El Hombre Transparente, a quien se ve y a través de quien se ve, el loco, a quien no le queda nada que esconder, se ha vuelto transparente gracias a la aceptación de sí mismo; su alma es amada, totalmente revelada, totalmente existencial; él es sólo lo que es, liberado de ocultamientos paranoides, del conocimiento de sus secretos y de su conocimiento secreto; su transparencia sirve como un prisma para el mundo y lo que no es mundo. Porque conocerte reflexivamente a ti mismo es imposible; sólo la última reflexión de una nota necrológica puede decir la verdad, y solo Dios sabe nuestro verdadero nombre.»

El Cuidado del Alma, Thomas Moore

El alma alberga todos los colores del espectro conocido, incluidos el gris, el azul o  el negro y, a menudo, nos vemos en la encrucijada de tener que resistirnos a la tentación de creer  que únicamente los tonos brillantes del blanco, el rojo o el anaranjado, por ejemplo, tengan cabida en nuestra alma. Pero esto está muy alejado de la verdad.

Admito no haber intentado con demasiado ahínco decir lo que pienso, quizás haya dejado pasar muchas ocasiones en las que hubiese sido posible emitir un juicio y cambiar el transcurso de los hechos. O quizás no hubiese cambiado nada. Ahora ya no lo sabré. Pero me cuestiono tantísimas veces por qué está tan de moda opinar. Observo que muchas personas hieren cuando opinan, en multitud de casos, intencionadamente, a sabiendas del daño que se va a provocar. Y yo me cuestiono otra vez, ¿qué tendría que ver una opinión con herir a quien nos escucha? Desde el lugar donde yo me encuentro para opinar hace falta saber. Saber implica templanza para adquirir el conocimiento y la experiencia. Y de ninguna de las maneras una opinión debe ser una expresión de malicia o furia desmedida o manipulación descarada. Y esto lo sabes cuando has aprendido a opinar. El resto, el herir con las palabras es expresar una creencia. Las creencias no son necesariamente justificables con hechos contados sino más bien esclavas de nuestros sentimientos encontrados e ideas obligadas (o no tanto). Opinar con propiedad y coherencia requiere de gran valor e infunde respeto. Cuando opinas sabiendo de tus palabras no hieres sino que construyes un puente con el otro, aún cuando tu opinión se enfrente a la otra. El peso de la coherencia no tiene rival y no hiere. No aceptaré agresiones disfrazadas de opinión, ni maltratos en situación de expresión de misterio como si de una opinión personal se tratase.

Hacer frente a una depresión también requiere de asombrosa fortaleza puesto que es un estado anímico absolutamente afín a nuestra conciencia de mortalidad. No te das cuenta pero tu cuerpo es quien primero se deprime y de ahí que muchísimos terapeutas recomienden el ejercicio físico para combatir los estados depresivos. Al mover tu cuerpo y sentir tu vitalidad cambia tu percepción y te dejas iluminar de nuevo por el espectro luminoso de tu alma. Pero no sabrías que estás deprimido si no hubieras sentido antes la luz y viceversa. Es decir, que no existe el uno sin el otro. La depresión, según Thomas Moore (autor y psicólogo mencionado más arriba en la cita inicial de este artículo), puede ser entendida como una fuerte conexión con la sombra de la muerte que se acerca al cuerpo. Es muy fácil para cualquier persona caer en la trampa de negar la muerte, tan sólo has de pensar en la desgracia de algún ser querido y rápidamente tratarás de negar en tu mente y tu corazón que eso pueda ocurrir.

En el espectro cromático oscuro del alma habita también la depresión junto con otros asuntos del espíritu. Hay ciertos pensamientos y sentimientos que parecen emerger solamente en un estado anímico sombrío, y estoy segura de que no te resultará extraña esta afirmación. Escribí mi primera novela a la vera del dolor de mi primer desamor y, sin embargo, a pesar de lo que puedas presentir, es una historia con final feliz. Cada vez que escribo un artículo es porque por una temporada corta o larga me asaltan pensamientos y reflexiones que trato de entender y encajar tanto en mi forma de ser como en mi vida y, casi siempre, los mejores actos cotidianos pasan desapercibidos por el murmurar de la rutina. Pero si suprimes ese estado sombrío del que hablaba hace un momento, si lo evitas y lo reprimes por sistema, también estarás suprimiendo, evitando y reprimiendo magníficas ideas y reflexiones que podrían estar dando respuesta a cuestiones de raíz o abriendo puertas hacia caminos nunca imaginados.

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Luna en cuarto creciente. Source: Pinterest

Valorar y contemplar el espectro cromático de tu alma es un canal para tus sentimientos positivos pero es a la vez un canal para los negativos. Naturalmente, los sentimientos amorosos dan origen a gestos de afecto. De la misma manera, el vacío y la grisura movilizan y despabilan una forma de conciencia en ti que se conecta estrechamente con una consecuente expresión de pensamientos que, de otra manera, permanecen ocultos bajo el velo de estados anímicos más alegres.

Algunos piensan que sólo hacen terapia los locos, los lunáticos, o los que tienen “problemas”, o los suicidas o los adictos. Este es el típico miedo a lo desconocido, la típica opinión sin fundamento ni preparación previa, la creencia más absurda apegada a los miedos más antiguos. Ármate de valor y honestidad y muestra tu espectro cromático con la ayuda de quien sabe lidiar con esos asuntos. El alma se percibe diferente en los estados de ánimo más bajos y es menos frecuente tener la suerte de poder extraer el elixir en esos instantes. Esa parte de tu alma existe, aunque quieras esconderla detrás del escaparate de esa felicidad impuesta de la que a veces se presume. Esa parte de tu alma existe tanto como la cara oculta de la Luna, no la ves pero está. Si quieres conocerla y explorarla y llegar a dominar tu interior con maestría y auto-liderazgo eficiente tendrás que adentrarte en lo que se ve y, sobre todo, en lo que no se ve.

Aunque a veces asociamos la depresión con el hecho de envejecer la mayoría de las veces tiene más que ver con la maduración del alma.  Y aquí te presento la Fórmula Existencial:

Fórmula Existencial:

Edad + Experiencia = Maduración

Por tanto, si la edad me trae invariablemente alguna que otra decepción y la experiencia me dice que, tarde o temprano, “viviré un dolor”, no habrá maduración sin algo de tristeza o melancolía en mi alma y en mi cuerpo. Por el contrario, si niego la edad mi alma se desorientará y quedará perdida en un inadecuado aferramiento a la juventud.

El alma alberga todos los colores del espectro conocido. No explorarlos todos sería de ética ligera, de conciencia pusilánime, de plato roto. No quiero que se terminen mis días sin que haya podido decirles a los míos de aquello que construí en el lado oscuro de la Luna. No quiero que se me escape el tiempo sin haberme enriquecido de mi propia savia. No quiero que se vayan otros sin que sepan que yo tengo un alma. Que tengo un alma que sonríe todos los días y que se esconde a la sombra para germinar, que lo que crece sólo empieza en lo más oscuro y que allí es donde espero que todos los días salga mi estrella a respirar.

Y para que siga la introspección, mi Buen Doctor, Joseph Salama, y yo te invitamos a que continúes tu introspección y descubras esta maravillosa pieza de arte sedicioso de los  ingleses y elegantes Pink Floyd… Nos vemos en el The Dark Side of the Moon

Quisiera agradecer profundamente al Dr Ioseph Salama su apoyo, no solo a mi blog sino a mi persona, de manera constante y constructiva. Con su sabia y abisal aportación a este artículo inauguro y abro la puerta a futuras colaboraciones artísticas y necesarias conmigo y en este espacio.
Gracias por vuestra amable lectura.