Etiqueta: amor

la atracción como advertencia

Bienvenidas al artículo de hoy, feliz San Valentín.

¿Y si el amor no fuera conexión,
sino la separación más sagrada de todas?

Aprendí a creer que amar era fundirnos,
que el amor más puro era la disolución del yo,
que el verdadero amor borraba las fronteras entre mi alma y la tuya.

Pero, ¿y si el amor no floreciera en mi apego,
sino en el espacio que se respira entre tú y yo?

El amor no es un ancla.
El amor no es una jaula.
El amor no es la ausencia del yo por dentro.

El amor más profundo es aquel que deja espacio,
donde tú y yo caminamos lado a lado,
no enredados en la necesidad,
sino arraigados en nuestra propia soberanía.

Pero confundes apego con amor.
Confundes control con cuidado.
Confundes posesión con pasión.

Que el amor debe ser eterno,
que partir es fracasar,
que cambiar es traicionar.

Pero, ¿y si el amor fuera un río que fluye,
una fuerza que se expande,
y que a veces pide libertad?

Tememos independencia en el amor,
creemos que trae distancia,
pero te prometo que la independencia es el verdadero lenguaje de la intimidad.

Dos árboles creciendo juntos,
cada uno enraizado en su propia tierra,
extendiendo sus ramas hacia el mismo cielo.

Cuando el amor nace desde la carencia,
se convierte en adicción.
Cuando el amor nace desde la plenitud,
se transforma en libertad.

El amor no viene a completarme,
sino a ser testigo de mi expansión.

La verdadera tragedia no es el amor que termina,
sino el que se extingue por miedo.

Glorificas la resistencia sobre la evolución.
Idolatras la permanencia sobre la presencia.

Pero a veces, el amor pide partir.
A veces, el amor quiere soltar.

La separación no es la muerte del amor.
Es su prueba más sagrada.

¿Puedo amar sin aferrarme?
¿Puedo amar sin necesitar?
¿Puedo amar y, aún así, caminar mi propio camino?

El amor no es retener.
El amor es honrar la verdad,
incluso cuando esa verdad nos conduce por caminos diferentes.

(Este es un escrito inspirado en otro que ya existe de Chandresh Bhardwaj).

Plátano y pomelo en actitud sugerente.

UNAS NOTAS PERSONALES QUE COMPARTO CONTIGO

  • La atracción sexual es un fenómeno muchísimo más biológico de lo que crees, pero también responde a procesos inconscientes profundamente arraigados en nuestra historia emocional. Como explica la psicoterapeuta Ana Clavell (con quien me he tropezado por casualidad), la manera en que nos sentimos atraídos hacia alguien puede estar directamente relacionada con nuestras heridas de apego y las dinámicas que experimentamos en la infancia con nuestros cuidadores o nuestros padres. ¡Sí!

  • Cuando sientes una fuerte química con alguien, es posible que esa persona refleje comportamientos familiares que viviste en tu entorno infantil. Y si no lo crees, para un momento, examina con tu mirada adulta relaciones del pasado. Esto ocurre porque el sistema nervioso reconoce patrones y activa mecanismos de atracción basados en experiencias previas. Por eso confundimos la atracción con el amor, sin darnos cuenta de que en realidad podríamos estar repitiendo dinámicas disfuncionales que nos son altamente familiares. Y pienso también en esas dinámicas de aburrimiento en los matrimonios o parejas que ya son eternas, ¿qué pasa con esto?

  • La atracción no siempre es una señal de compatibilidad sana. Puede ser una alerta de que estamos buscando, de manera inconsciente, impresionar y obtener el amor que no recibimos de la manera que necesitábamos en la infancia. Esta es la razón por la que muchas personas permanecen en relaciones tóxicas, justificando su permanencia en base a una «chispa» que en realidad podría estar reabriendo antiguas heridas. Si este es tu caso, no te agobies, ¡pero sí comienza a mirar con recelo a aquellas personas por las que te sientes atraída! Y, por supuesto, no te lances al vacío de tratar de seducir, que la atracción no es de verdad el motivo principal para iniciar nada. Se nos va la olla un montón cuando nos atrae alguien, a hombres y a mujeres.

  • Por ejemplo, para una niña que experimentó abandono emocional, un simple gesto de afecto puede sentirse inmensamente significativo. Luego, de mayor, se idealizan pequeñas muestras de cariño de parejas emocionalmente no disponibles. Tu cerebro ha sido entrenado para aferrarse a los momentos positivos y minimizar el dolor, convirtiendo la intermitencia afectiva en una adicción emocional. ¡Socorro!

descubrimiento: confusión entre atracción y seguridad emocional

Antes me preguntaba mucho cómo era posible que las parejas sexuales con quien más disfrutaba fuesen esas con quien más he sufrido (ahora ya sé la respuesta). Y aquí te doy la respuesta (o mi respuesta, mejor dicho): me sentía atrapadas en la contradicción de experimentar el mejor sexo o los momentos de mayor conexión en relaciones disfuncionales, justamente por esa dicotomía. Esos instantes de intimidad me daban una gratificación instantánea (muy típico del eneatipo 8 que no está centrado, y así era para mí entonces) que contrasta con la constante ansiedad, abandono o desvalorización que también forma parte de la relación. Es un reflejo del mecanismo infantil de aceptar pequeñas muestras de afecto como compensación por la falta de presencia emocional.

¿cómo lo he ido solucionando?

Admito que estoy mejor de lo mío… pero, todavía patino de vez en cuando. Reflexionar sobre estos patrones me permite preguntarme desde dónde elijo relacionarme: ¿desde la niña herida que busca ser vista y amada, o desde la adulta consciente que prioriza su bienestar emocional? Tema súper, súper importante: mis parejas no me acompañan en estos procesos. Así, pues, no es un factor que ayude. Imagino que, conforme vaya asentando con solidez mis desafíos y mis procesos, aparecerán hombres y personas muchísimo más dispuestos a comprender mi evolución y mi propuesta de intimidad.

Sanar estas heridas emocionales no significa dejar de sentir atracción, lo clarifico por si acaso piensas que el camino más recto es censurar la atracción. Bien, es que he pasado por ahí. Ahora estoy muy enfocada en diferenciar entre una atracción sana y una que perpetúa el caos. Cuando tomas conciencia de tu historia y trabajas en tus heridas, puedes cambiar lo que te atrae y comenzar a elegir relaciones donde te sientas segura, respetada y valorada. Y, de hecho, he reclamado mi derecho a tener conversaciones adultas y he sido crítica con las actitudes que no me hacen bien. No porque el otro no pueda manifestarlas, sino porque esto mismo me ha dado fuerza para continuar adelante y ver lo importante de cada lazo afectivo.

mis locas ideas (por lo visto) sobre la pareja

El deseo y la sexualidad son aspectos naturales y esenciales para mí y para todos, pero también pueden convertirse en poderosas herramientas de autoconocimiento. La pareja no es un ejercicio de azar ni una simple coincidencia, sino una construcción mutua basada en la elección consciente. Uno construye a la pareja, no es que hace match y ya, mágicamente, todo fluye y fue el destino. la pareja requiere tiempo, confianza y mucho sacrificio. No fluye siempre y hay que trabajársela. Pensar que es de otra manera es una idea infantil que (lo sé, no es del todo culpa tuya si aún piensas esto) solo te hace daño, porque las cosas en términos de pareja no fluyen porque sí. Hay que ponerse de acuerdo y trabajar por el bien común, no por el bien de uno solo. Hace falta que seas honesta contigo misma y te reconozcas qué quieres de verdad. Y, cuando lo sepas, vuelve a revisarlo. El deseo no tiene nada que ver con la construcción de una pareja, pero el amor sí. El amor es la capacidad de generar intimidad y seguridad, y esto no es el deseo exactamente. Aunque te digo que, si eres capaz de construir esto con otra persona, te aseguro que sentirás el deseo más poderoso de todos. Y, encima, del bueno.

Cuando sanas, descubres que la verdadera conexión no proviene de la adrenalina de lo inalcanzable, sino de la seguridad de un vínculo donde puedes explorar el amor y la sexualidad con respeto y confianza. La adrenalina es enemiga del amor y de muchas cosas. La adrenalina nos vuelve impacientes.

Así que, ya sabes, hazme libre y te amaré por siempre.

Mujer exprimiendo pomelo.

Carta a Pepe

Hoy he vuelto a hincar mis rodillas en el suelo. Ha pasado más de un año desde que Pablo murió y, aunque continúo mi vida y lo hago con la mayor alegría que puedo, el dolor no se atenúa. Hay días en los que la pena y mi amor por él me doblegan el alma y me encuentro desabrida, estropeada. Sigo escuchando el silencio de Dios.

He visto y leído tu última entrevista y me emociona cuánto lo amas y cuánto nos quieres a nosotros. No tengo muchas palabras ni mensajes importantes que dar; tampoco sé cómo comenzar a escribirte sin hacerme doler. Hace tiempo que quería decirte que te quiero, si es que no te lo había dicho ya. Esa forma de hablar de mi hermano pequeño me rompe en dos pero me llena completamente. Gracias por hablar de él y de su familia, de sus padres y de su hermana, que soy yo. Como tú bien sabes, los hermanos somos los grandes olvidados en estas historias. No para tí.

 

Pablo-3
Pepe, Padrino de Pablo, y mi hermano pequeño

 

A veces, desde mi gran ignorancia como ser humano, pienso en la justicia de que mi hermano no nos haya visto morir a nosotros. Pensaba tantas veces en cambiarme por él, también le habría dado mi médula y me habría vendido al diablo por su vida: no sé cómo podemos seguir en pie, pero en pie estamos. De alguna manera muy sutil, mi hermano era mi nexo más fuerte a la vida. Cuando yo era una jovencita y discutía con mis padres por cualquier asunto de adolescentes, mi consuelo mayor era abrazarme a él. Miraba la cama de al lado y él estaba ahí desde que era un bebé; me acostaba en su cama y él enredaba sus deditos en mi pelo mientras dormía. Mi hermano, sólo por existir, calmaba mi ansiedad.

Pero, Pepe, creo que no supe demostrarle mi amor tal y como lo sentía. Intento tranquilizarme pensando que no podía explicarlo porque era algo más grande que toda la humanidad entera. Yo nunca hubiese imaginado que él se iría delante de mí:

“Te cojo la mano y apoyo mi frente en tu hombro izquierdo. Ahora me arrodillo a tu lado y siento la piel fina de la palma de tu mano. Te miro y te animo a seguir respirando. Ya queda poco. Sé que estás muy concentrado en morirte y no quiero interferir. Estoy aquí, te acompaño con papá y mamá. Ahora inhala despacio, muy poquito, no te distrae cuánto duele. Morir es muy difícil, pero tú lo haces con suavidad e intensamente . ¿Es esta la última? Y ahora rompo a llorar.”

¿Te acuerdas del día del diagnóstico? Si yo lo hubiera sabido, si yo lo hubiese intuido… Ese día, cuando le dijeron que tenía que ingresarse porque tenía una leucemia galopante, entró en shock. Recuerdo su cara y no puedo quedarme mucho rato en esa imagen, pero ese es uno de los momentos de la vida en los que, literalmente, el tiempo se para. Ahí vuelvo a veces cuando el dolor me anestesia, sólo en contadas ocasiones, y es otra de las cosas grandiosas que esta experiencia de vida con mi hermano me ha concedido. Aprendí en mi terapia que hay muchas personas que, ante experiencias dolorosas, mantienen una especie de “anestesia emocional” que les hace de piloto automático; esto puedo identificarlo bien, a mí me ha pasado y, a veces ,aún me pasa. No todos tienen la posibilidad de reconocer ese “botón rescate”, ese recuerdo que te devuelve a tu carácter humano, esa imagen que te reanima el corazón para que vuelva a latir. Ese momento, la cara de mi hermano pequeño recibiendo tal noticia, es uno de mis momentos más oscuros, de dolor más intenso y, sin embargo, de recordatorio de humanidad y de sangre caliente. A la vez, también tengo muy presente el momento en el que comprendí esta dinámica, y esto se lo debo a mi Buen Doctor. La clave de todo está en comprender. Una vez comprendido, más fácil aceptado.

Me atrevo a escribirte públicamente porque quiero decidir cuándo quitarme la máscara. Hay muchas personas que siempre dan consejos, que siempre opinan olvidándose de que la opinión, realmente, tiene más que ver con una necesidad del ego que con una fuente de información real. La verdad de todo está siempre en el interior y, por eso, es necesario recluirse para encontrar la raíz de nuestro amor y de nuestro dolor. Me atrevo a decirte otra vez que eres muy importante para mí, que aplaudo y agradezco tu actitud y tu comportamiento, tu manera de estar. Y esto lo digo no sólo como cura, sino como mi familia que eres.

¿Sabes, Pepe? Algunos en mi entorno no entienden la religión, no entienden la fe ni nos pueden entender a nosotros. Mi hermano, como tú bien dices en tu entrevista, quiso complacer a mis padres y se bautizó, sólo fue una manera de comenzar. Esto le sirvió para unirse a ti como individuo y creció contigo y aprendió de experiencias que sólo tú podías acompañarle a vivir. Yo estuve recelosa de ti un tiempo, tú lo sabes, pero luego te entendí porque te vi. No sé si esto fue por mi hermano o si fue por ti; si tengo que aventurarme, diría que fuiste tú quien se ganó en toda regla mis afectos y lo hiciste con la mejor de las herramientas, la espera. Ahora ves que mi hermano era lo más valioso de mi corazón, qué pena siento más grande. Contigo me he acercado a la iglesia, porque realmente no ha sido a Dios. Yo ya sentía una fe espiritual, una especie de misticismo que abarca todos los credos, que pude abordar, también, en mi terapia. No entendí mi cercanía a Dios hasta que me entendí mejor a mí. Leí sobre asuntos del judaísmo y los rabinos, sobre la Biblia, sobre Buda, no sé… sobre Confucio, y sobre cualquier cosa en términos de religiosidad que explicase mi mirada. Al poco me vi yendo a tus homilías ignorando a los ignorantes que odian con radicalismos cualquier asunto religioso. Yo fui por ti, y jamás me he enfadado con Dios (si es que hay alguno), aunque sí que he sentido su silencio con mucha más fuerza que su palabra.

¿Quién podría hablar de mi fe sin unirla al amor? No he podido reconocerla hasta que he sentido amor puro. Es curioso que diga esto porque, el día que vi a mi hermano por primera vez, con la carita llena de pelo y las uñas blandas y largas, se instaló en mí el amor para siempre. Yo no tengo hijos aún, pero admiro el amor de los padres. Sólo les deseo a todos aquellos que lo son que no lo olviden en el camino, que miren las fotos de sus hijos cuando eran pequeños porque ahí están las semillas de todo. Son objetos materiales útiles para el corazón.

Quiero recordarte aquello que dijiste en la misa de Pablo, aquel día multitudinario tan extraño para mí: se olvida cuando se deja de amar. Esa frase se me clavó adentro. Igual que me apuñalé con el agua bendita que le echaste por encima a su féretro y que representa la imagen de lo imposible de imaginar. Tú, Pepe, has estado en los buenos momentos y en los malos momentos, nos has visto llorar y perder la cabeza. Nos has visto a los tres: a mi padre, a mi madre y a mí. Por esto sólo tengo agradecimiento hasta que yo me muera. Y por todo aquello que sigues toreando y por tus horas bajas en las que yo no te veo pero sé que, insomne, las atraviesas. Por tus momentos de tristeza y por acompañarme a La Soledad. ¿Quién me diría a mí que hacer procesión de penitente me conectaría con mi estado puro de salvación? Pues tú me lo has dado. Algunos no lo entienden pero tú en mi vida eres para siempre.

Hoy he vuelto a hincar mis rodillas en el suelo con tu entrevista, con las fotos y la voz de mi hermano, con su cara y sus ojos tristes desde niño, con nuestras fotos de familia; existe emoción y sentimiento que no se mide con índices de audiencia o producción. No quiero dejar una nota triste porque vivo mi vida con alegría, algunas mañanas son un reto (debo admitirlo), pero no cambiaría mi camino. Tengo amor a mi lado con cada amanecer y me repara cada té con leche que nos tomamos juntos en nuestros desayunos íntimos, además de a mi familia y mis amigos. La vida me da mucho, es sólo que mi hermano pequeño es demasiada emoción para un solo corazón algo ajado como es el mío.

Te quiere,

Esther

Entrevista de D. José López Solórzano, Pepe, Padrino de mi hermano pequeño Pablo

Contra la Estupidez los Propios Dioses Luchan en Vano (Schiller)

“Yo soy lo que no se ve”,

Hadasa, Pimpinela Escarlata, Ester

Le escribí a mi Buen Doctor. Le dije que me sentía en el mismo punto que hace un año. Una vuelta de rueda de hámster. Una broma pesada. Afuera y arriba se están riendo. Un desamor, una ruptura y la enfermedad.

Clica aqui para ver el clip: Dile Sí a la Vida

Yo ya sé que las cosas se entienden mejor hacia atrás. Lo he experimentado suficientes veces ya como para saber que todo cobra sentido cuando ya ha pasado. Estos momentos de ahora aún no han terminado y, por eso, crece la ira en mi torrente sanguíneo.

Me ocurre una y otra vez que mi cara refleja ese tipo de juventud que es la del  inexperto; no es que yo lo piense pero todos me dan consejos. Todos creen que deben aleccionarme. Y yo escucho, porque siempre he escuchado y siempre escucharé. Pero confieso que he decidido dejar de escuchar selectivamente para, en su lugar, poner en funcionamiento el acto involuntario de oír. Oír no es escuchar forzosamente. Por extraño que suene, establezco que mi entorno necesita que yo deje de escuchar.

Nadie me conoce, aunque no es que yo lo ponga muy fácil. Me sorprende (y a la vez no) que haya tantas personas tan dispuestas a ayudar en cualquier momento y ante cualquier tipo de circunstancia. ¿Cómo se puede tener una opinión y un juicio de valor sobre todas las cosas? ¿Es que acaso uno sabe todo lo que saben los médicos, por ejemplo? ¿O uno puede saber, también, cómo terminar con los conflictos bélicos? ¿O, quizás, es una ecuación tan simple como anunciar a los cuatro vientos que todo lo que necesitamos es amor? El amor, y por si nunca antes lo dije como un millón de veces, es la base pero no es suficiente. Me sorprende que cualquier persona, en seguida, sepa responder preguntas acerca de la salud de mi hermano, por ejemplo. O acerca de lo que yo debería o no debería hacer, acerca de si debo pasar página ante determinadas circunstancias o sobre el hecho de que el amor de mi vida mienta ante mi inmaculado rostro de la forma más antigua.

Otras veces me siento y pienso si esa canción de amor que es sólo para mí no habrá sido también sólo para otra persona, o lo está siendo en ese mismo preciso instante. La canción de amor en la que se vive cuando se está enamorado, también. Me siento y pienso. Y actúo. Actúo porque si no lo hago pereceré. Y es que ante la hipocresía del amor verdadero sólo puedo cederle el paso, que camine delante de mí y se aleje mientras me calmo y vuelvo al placer de mi fluir natural. El amor existe, es cierto. Pero existe, entre otras cosas, porque convive con su polo opuesto. Y, así, todo lo demás.

Nadie me conoce, pero no pretendo construir una queja. Lo que quiero es la advertencia. Lo que quiero decir ahora es que soy todo aquello que no se puede ver. Y estoy a punto de continuar siendo como creo que debo ser: a pesar de todo lo demás, a pesar de los consejos y las intromisiones, a pesar de las infravaloraciones y de las etiquetas y a pesar de las opiniones.

¿Por qué alguien cree que puede ayudar? ¿Por qué está tan extendida la idea de que hay que ayudar permanentemente al otro? Ayudar requiere de una conciencia plena en la responsabilidad que conlleva. No es algo que no deje huella. Ayudar es intervenir, de una o de otra manera, pero se interviene. Te mojas. Por eso hace falta preparación, conocimiento y entrenamiento de la intuición. No sirve cualquier tipo de ayuda en cualquier momento. Los humildes, los honestos, los que se ponen en el lugar del otro, acercarán su mirada a su corazón y sentirán que, la mayor parte de las veces, es mejor estar presentes y callados.

Yo misma me he negado a aceptar que quien quiero me miente, que la enfermedad está y que mi corazón no lo superará. Trato de vivir mi vida desde la fuerza de mi sangre y de mi corazón y de mi sexo. No utilizo mis encantos de mujer tan a menudo como podría ni atiendo al chantaje emocional tan a la mano de muchas de mis otras coetáneas. No puedo respetarlo, ni me disculpo por ello. Es cierto que no me pronunciaré, pero no respeto la manipulación hacia el otro. He nacido para encontrar el sentido de mi vida. Y no he nacido para utilizar al otro en mi propio y exclusivo beneficio.

Tengo un gran valor, un contrapoder. Por fin me permití decir que no, aunque tuve que recurrir a un burofax para demostrar que quizás tenga el rostro de una mujer que no sabe mucho pero una personalidad de individuo fuerte y comprometido consigo mismo. Estoy preparándome para poner fin siempre que sea necesario.

FullSizeRender
«Yo soy lo que no se ve», Hadasa, Pimpinela Escarlata, Ester

Seguro que mi destino es ese que no he planeado. A veces lo vivo con tristeza y a veces con expectación, aunque cada vez confío más en mí sobre todas las otras personas. Y lo hago a pesar de que no sé la mayoría de las cosas, de que me falta experiencia en el riesgo de vivir, de que no he entrenado todas mis habilidades ni he cometido todas las faltas que a mí me corresponden. Pero sigo preguntándome a mí misma todas las cosas que deben ser respondidas. Hago acopio de fuerzas y, sobre todo, de valor. Si yo un día supiese contar mi historia diría que, ante todo, tuve valor.

No importa cuántas veces me recuerde que existen las tragedias, las del corazón y las de la salud. Abrazaré mi luz y mi sombra de igual medida y volveré a abrir la puerta de mi corazón que, aunque zarandeado brutalmente, siempre espera latiendo poder abrazar el tuyo.

 

 

 

 

Glíglico Impetuoso

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Rayuela, Julio Cortázar

El pasado lunes, como viene siendo costumbre todos los lunes en el último tiempo en mi circunstancia, atendí a mi cita íntima con la radio. Ir allí es importante para mí, es una de esas cosas que uno no sabe a dónde le llevarán pero que le hacen sentir que el presente tiene sentido.

Elegí el fragmento del beso en Rayuela, la aclamada contra-novela de Julio Cortázar publicada en 1963. Es fascinante para mí que en 1963 alguien escribiese sobre un beso y que esa emoción sea absolutamente contemporánea. Tanto, que hoy llegue a mí y tiemble mi carne. Y la carne tiembla y es trémula y vibrante cuando algo le emociona.

A veces me pregunto cuál ha sido mi suerte en llegar hasta aquí. Durante un tiempo de mi vida aprendí a compadecerme de las tristezas hasta que ya no lo hice más. Y, sin embargo ahora, comprendo que es el mejor momento de mi vida. No sólo mi carne es trémula de emoción a menudo sino que además mi sistema de pensamiento se estimula a cada momento y ni puedo ni quiero frenarlo. Es un momento, sencillamente, espectacular.

Rayuela relata la historia de los amores frustrados de un intelectual argentino y una muchacha uruguaya en el París de los años cincuenta. Al perder a su amada, el protagonista debe volver a Argentina, donde la nostalgia lo vuelve loco. Y no deja de ser este uno de los temas más antiguos de la literatura y del mundo: el amor. Aplaudo la maestría del autor, Cortázar, pero sobre todo por haber sido capaz de canalizar su tiempo al mío. Recuerda que Julio Cortázar falleció en 1984 cuando apenas yo tenía tres años.

Rayuela
Source: Pinterest

Es probable que no sepas que en este momento soy aprendiz de locutora de radio y que seré aprendiz de locutora durante bastante tiempo. Con la ayuda genial de algunas personas llegué a contactar con una emisora de radio local (daré el nombre y el dial al final de este artículo) y fui puesta en contacto con el locutor de otro programa en la misma emisora (desde aquí aprovecho la ocasión para darle las gracias por toda su paciencia y dedicación y por ser fuente de conocimiento para mí y, además, inagotable). Y desde entonces vengo sintiendo de nuevo aquella explosión de amor literario que sentí por primera vez en la universidad: aquella vez en segundo de carrera cuando me di cuenta en clase de Textos Literarios de que aquella era una de mis pasiones más vivas y a la vez más ocultas y privadas. Es decir, cuando te hablo por la radio, en realidad, te habla un yo más privado, te habla más mi pasión y no tanto mi razón. Soy más vulnerable. Recuerdo el poema que me hizo despertar la chispa literaria, y ni siquiera es mi poema favorito ni mi autor de cabecera, pero funcionó:

Oda a una Urna Griega

Tú, todavía virgen esposa de la calma,

criatura nutrida de silencio y de tiempo,

narradora del bosque que nos cuentas
una florida historia más suave que estos versos.
En el foliado friso ¿qué leyenda te ronda
de dioses o mortales, o de ambos quizá,
que en el Tempe se ven o en los valles de Arcadia?
¿Qué deidades son ésas, o qué hombres?
¿Qué doncellas rebeldes?
¿Qué rapto delirante? ¿Y esa loca carrera?
¿Quién lucha por huir?
¿Qué son esas zampoñas, qué esos tamboriles,
ese salvaje frenesí?

Si oídas melodías son dulces, más lo son las no oídas;
sonad por eso, tiernas zampoñas,
no para los sentidos, sino más exquisitas,
tocad para el espíritu canciones silenciosas.
Bello doncel, debajo de los árboles tu canto
ya no puedes cesar, como no pueden ellos deshojarse.
Osado amante, nunca, nunca podrás besarla
aunque casi la alcances, mas no te desesperes:
marchitarse no puede aunque no calmes tu ansia,
¡serás su amante siempre, y ella por siempre bella!

¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes
que no despedirán jamás la primavera!
Y tú, dichoso músico, que infatigable
modulas incesantes tus cantos siempre nuevos.
¡Dichoso amor! ¡Dichoso amor, aun más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
anhelante por siempre y para siempre joven;
cuán superior a la pasión del hombre
que en pena deja el corazón hastiado,
la garganta y la frente abrasadas de ardores.

¿Éstos, quiénes serán que al sacrificio acuden?
¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante,
llevas esa ternera que hacia los cielos muge,
los suaves flancos cubiertos de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad a la vera del río o de la mar,
alzada en la montaña su clama ciudadela
vacía está de gentes esta sacra mañana?
Oh diminuto pueblo, por siempre silenciosas
tus calles quedarán, y ni un alma que sepa
por qué estás desolado podrá nunca volver.

¡Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe
de hombres y de doncellas cincelada,
con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!
¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede
como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral!
Cuando a nuestra generación destruya el tiempo
tú permanecerás, entre penas distintas
de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo:
«La belleza es verdad y la verdad belleza»…
Nada más se sabe en esta tierra y no más hace falta.

John Keats (1795 – 1821)

No trato de hablar de poetas románticos como Keats o de mostrar ningún otro aspecto de la literatura más allá de lo que me atañe ahora decir. Lo que necesito es decirte que mi amor por la literatura nació de mi madre pero floreció con mi pasión por mi carrera y la literatura inglesa; que recuerdo esa clase donde mi profesora explicaba y desglosaba los recursos estilísticos y literarios del poema y de la época y sentí la chispa en mi interior. Después resultó ser que John Keats, en particular, no me resultó tan atractivo pero ahora sé que aquel fue otro de esos momentos decisivos parecidos al del presente radiofónico que me acompaña hoy. En cualquier caso, es un bello poema que apela a la belleza de una urna clásica. Por todos es sabido que el mundo clásico es raíz de muchos de nuestros porqués.

Te invito ahora a retomar la lectura del fragmento del beso de Julio Cortázar. Vuélvelo a leer antes de continuar, por favor. Pero, ¿por qué este fragmento de entre tantos tan espectaculares de la novela? Porque destila erotismo y sensualidad, porque los que se besan se idealizan y existe la belleza para ellos de forma constante. Porque no debemos desconectarnos del amor auténtico, debemos buscarlo incesantemente y, una vez encontrado, regarlo y nutrirlo sin cesar. Porque no es sólo un ramo de rosas o una cena bonita lo que expresa un detalle de amor sino una canción, una carta escrita de tu puño y letra o un fragmento bonito de un libro que te impacte por el motivo que sea… estas son las cosas que nutren el amor. Y porque la literatura tiene el poder de conectarte y ablandar tu corazón, entre tantos otros poderes.

JulioCortazar
Source: Pinterest (Julio Cortázar)

Sublime la visualización de la boca del ser amado: “Toco tu boca […] voy dibujándola como si saliera de mi mano […] hago nacer otra vez la boca que deseo […]”. Y soy llevada mágicamente hacia la visión de la boca de mi propio deseo. Es el polvo de estrellas de la literatura, la imaginación. Es la curvatura del espacio-tiempo y la creencia de que un amor no es amor si no se ama y se es amado.

Y atiende ahora a la metáfora del Cíclope porque es en esto en lo que se convierten los que se besan, en un cíclope de amor. Los amantes que se acercan se unen en una única visión y en un único sentir tibio que es el beso. Y, entonces, el beso sabe a fragancia oscura y es la fruta madura que regala su jugo. Si no es arte el de Julio Cortázar para hablar de un beso, entonces será que soy ciega y sorda y muda y muerta.

Lo especial de este fragmento reside en su carácter antagónico y complementario entre amor y sexo. “Mis manos buscan hundirse en tu pelo”, preciosa descripción del placer de acariciar el cabello del ser amado, en este caso, el pelo de una mujer. Y continúa, “acariciar lentamente la profundidad de tu pelo”, con una impresionante carga erótica. El sustantivo profundidad es lo que añade la sensualidad al erotismo de la frase.

 “Y si nos mordemos el dolor es dulce”, que suscita la excitación de las dicotomías sexuales y del placer.“[…] Y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua”, y como no es difícil imaginarse, Cortázar me invita a la incertidumbre de si apela a una simple descripción poética y romántica de la excitación de un beso o si implica algo de carácter sexual más poderoso o el clímax per se.

Dejo ahora en el poder de tu imaginación ese beso que recuerdas, esa boca que anhelaste y esos labios que tuviste. Me retiro a pensar en el ímpetu del Glíglico y en el poder del amor. Pero antes de eso permíteme lanzar estas cuestiones a tu corazón:

¿Prefieres amar o ser amado?

¿Besar o ser besado?

¿Desear o ser deseado?

En la estructura gramatical del lenguaje Glíglico (tipología de la lengua utilizada en Rayuela y creada por Julio Cortázar) nada cambia demasiado de la lengua castellana tal y como la conocemos. El punto de inflexión reside en que todos pueden hablarlo pero sólo los amantes pueden comprenderlo.

Te invito a que mañana te atrevas a amar desde esa parte glíglica que reside en tu corazón.

También te invito a escuchar mi próxima participación en el programa radiofónico Estamos en las Nubes cada lunes de 19:00 a 21:00hs en el 92.2 o a través de la web www.gestionaradiomarbella.com.

Gracias por seguir a mi lado.

 

 

 

 

 

 

Twist & Shout

Brotó el llanto compulsivamente y volví a darme cuenta de la profundidad de la herida. Con frecuencia es inesperado el sentimiento y actúa a modo de válvula de presión dada mi tendencia a anestesiar mis sufrimientos. Un niño sin pelo, añade un desgarro más.

Gracias a Sergio y sus padres, Anabel Melguizo y Fundación Luis Olivares por la concesión de esta foto.
Gracias a Sergio y sus padres, Anabel Melguizo y Fundación Luis Olivares por la concesión de esta foto.

Esta es Anabel Melguizo y es psicóloga en la Fundación Luis Olivares en Málaga. Anabel también ha ayudado a mi hermano. Me pregunto qué será eso en su interior que la ha conducido hasta esta fotografía. No es acerca de su carrera profesional, o de sus decisiones a lo largo de su camino hasta hoy. Lo que me pregunto es acerca de esa pulsión que cada uno de nosotros tiene que nos dirige en una dirección o en otra. Está adentro del corazón y recorre la espina dorsal, a veces, con un calor intenso que llega hasta las palmas de las manos y, otras, está contigo cuando cierras los ojos. Un niño nunca debería estar calvo.

Atravieso una etapa de mi vida en la que casi todas las cosas que hago, digo y/o decido me resultan decisivas. Atravieso una etapa en la que, a pesar de haber perdido vista a una velocidad desorbitante, veo, paradójicamente, mejor que antes. Atravieso una etapa en la que confío en mí por encima de las otras personas para poder canalizarme hacia el bien. En esta etapa reconozco la pérdida de aquellos que creía eran mis amigos, pero no por causas exógenas a mí sino por mi propio cambio y evolución. Mis amigos siguen ahí, incluso, sonriéndome. Soy sólo yo, que ya no estoy.

A mí me impresiona que Sergio, el niño de la foto, hoy ya curado, haya pasado por una enfermedad grave. Me impresiona su familia porque no sé ponerme en su lugar. Y tú, que me conoces, dirás que yo he pasado por algo similar, que debería entenderles. Pero sólo puedo decirte que cuando la tormenta ha pasado y has recogido y limpiado los destrozos, una parte de ti se olvida de lo que sufriste para poder continuar. Así entiendo mi interior. Por eso no estoy capacitada para comprender a los padres de Sergio, y por eso admiro y me asombro con Anabel: estar tan cerca de tantos dolores y, todavía, volver cada mañana. Supongo que si hablase con ella me diría cuántas tantas otras cosas buenas ella ve. Yo, sin embargo, estoy tocada por la visión de mi hermano enfermo. De eso, quizás, nunca me recupere. Pero sigue a pesar de esto habiendo algo en mí que admira a las personas que están siempre en los momentos duros de otras personas, se convierten en testigos inamovibles de tragedias que cambian el rumbo de muchas vidas. Se convierten en personas cruciales.

Mi psiquiatra es una persona crucial para mí. Estuvo cuando me perdí, cuando me encontré y cuando me volví a perder todas las veces. Son casi cuatro años de terapia, de terapia sin medicinas y sin intromisiones; me ha dado tiempo a estudiar al lado y de la mano de mi médico, a aprender sobre el origen de la vida e, incluso, sobre el concepto de Dios. Su influencia en mi crecimiento es tan bonita que no se paga con dinero. He podido atreverme a abordar mis asuntos más dolorosos y he podido sacar de mi pecho espinas que me hacían sangrar, y aunque cada día es uno nuevo y las circunstancias siempre mandan, soy capaz de valorar cada vez con mayor intensidad la suerte que tengo. Me cuesta mucho enumerar las cosas que he aprendido junto a él, o más bien, decirlas todas ahora mismo… admito que, en el fondo, creo que no quiero decírtelas todas, me disculparás por esto, si quieres. Sí me nace contarte que he sentido siempre un respeto prístino y sólido de su parte cuando él me ha mirado, que sé que me ha visto y que sé que me ha reconocido. Al cabo de un tiempo me di cuenta de que había amor para mí en su corazón. No sé cómo lo ha hecho pero he entendido mi cuerpo de mujer y estoy ajustando mi mente femenina a las circunstancias que me visitan en mi vida con su ayuda. Y no sé cómo lo hace. No sé qué estrategias o qué modelos sigue para conectar conmigo, pero conecta.

«Quizás los poetas tengan razón. Quizás el amor es la única respuesta», Woody Allen. Source: Pinterest

No soy su única paciente, y seguro llegan historias a su mesa y a su sillón que no todas las almas soportarían. No me olvido de que es su trabajo, aunque sé que hay muchas personas que ponen su corazón en su oficio sin importar cuál es la tarea. Para mí es una forma de vida ir a terapia, y veo mucho por explorar tanto adentro como afuera de mí; como si yo misma fuese una fuente inacabable de asuntos por descubrir e intuyese que mientras esté viva seguirá siendo así. Sé que me expongo bastante al contarte acerca de mi terapia y acerca de lo que pienso cuando digo que todos deberíamos seguir una, al menos, una vez en la vida, pero no me quedan muchas más opciones que decir la verdad, tal y como en uno de mis artículos anteriores, La Estrategia, te contaba que decía Amy Winehouse. Y la verdad es que esta soy yo, tal y como aquí me lees y tal y como aquí me sientes.

Puedo ahora conectarte conmigo y con mi médico a la vez a través de la música. En mi terapia la música tiene un rol muy importante. Veo que es una herramienta bella y extremadamente poderosa que todos usamos (no sólo los médicos) para levantarnos y venirnos arriba o, incluso, para disfrutar un rato de nuestras penas cuando nos sentimos abajo. Mi médico y yo compartimos una atracción muy fuerte por la música y un amor nostálgico, yo por Inglaterra y él por la lengua inglesa, que no atiende a razones intelectuales sino, más bien, a las razones del sentimiento, si es que se pueden unir razones y sentimientos. A veces mi Buen Doctor me habla y/o me escribe en inglés, que es la lengua en la que mi corazón se abre mejor. Y esto es curioso porque yo no soy inglesa, pero te contaré el por qué de esta curiosidad en otro momento más adecuado. Lo importante para mí ahora es que sepas que averiguó cómo encontrar en el humor y en una lengua que no domina un canal de comunicación conmigo que le acercase a mi corazón mucho más directamente que indagando de otra forma. Pero, ¡no creas que hablamos en inglés todo el tiempo! Con sólo un poco de “gud-mornin-leidi” o “hau-ar-iu-tudei” se me relaja el gesto y me alegro de mi aquí & ahora, sea el que fuere.

Anabel, Sergio y mi Buen Doctor, cada uno en su parcela tocando las notas que suenan en mi interior. Los tres interconectados dentro de mí en mi camino singular, invitando a la mirada interior. Se anuncian cambios, podría ser que se avecinen turbulencias o que esté el viento callado… Podría ser que tuviese ganas de llorar otra vez, justo como cuando miro una foto de un niño sin pelo. Pero no quiero dejarte hoy sin contagiarte mi ritmo. Por si acaso el sol tarda un poco más en salir, Twist & Shout with me…

Clica aqui para Twist & Shout conmigo y los Beatles…