De aniversario con mi activista interior. Esther Ráez Es noviembre, 2025. Ya hace dos años que lancé mi proyecto de vida y de trabajo, Comunicación y Creatividad Brutal. No me … Continúa leyendo El sombrero
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Casi siempre me asalta el pensamiento de poner en duda esto de ayudar porque tengo una visión que seguro que suena bestia. Yo pienso que ayudar no tiene nada que … Continúa leyendo Eres un egoísta
Que no te cuento aquí ni de qué van los libros en profundidad ni cómo terminan. Nada más que unas pinceladas de lo que me hicieron sentir. Este artículo es … Continúa leyendo Lispenard Street
Estoy convencida de todas mis contradicciones […] Me propongo hablar menos […] Chitón […] Un Quijote arrebatado, paciente: contradictorio sin más. Igual que yo.
Hoy mamá me ha contado que recordaba perfectamente lo que estaba haciendo un día como hoy, 23 de febrero, hace 40 años. Embarazada de mí de 7 meses, se veía huyendo a Francia ante el Golpe de Estado del 81. Ya sabes que mamá, por mucho que haya tratado de ocultarlo y aunque no sepa bailar, es una rebelde.
Suceden cosas diariamente y sucede nada diariamente, es según el ángulo desde el que se mire. Yo ahora quiero contarte algunas cosas importantes que han pasado desde que no estás y me sitúo en esa perspectiva en la que solo yo veo y nadie más puede. Una de las cosas más extravagantes con las que convivo es la idea de que, para poder tragar saliva cada vez que pienso en ti, he tenido que convencerme de que ya no existes. Muchas personas se acercan a mí y me hablan de eso que parece consolar a tantos, de eso de que tú estás siempre conmigo, de que jamás habrás muerto siempre que alguien te recuerde. También es eso verdad. Yo, por el contrario, he necesitado distanciarme para poder hablar de ti. Es paradójico porque puedo hablar de ti, pero no puedo mirarte ni hablar contigo ni escuchar tus vídeos ni pensar en ti, sería como mirar al sol. Me desintegraría. Sucede esto cada día, sin querer, a veces me doy cuenta, otras no. Pero sucede todos los días. Y, si esto pasa cada 24 horas, ¿cómo es que nadie se ha dado cuenta? Por eso, lo más importante es invisible a los ojos.
Me hubiese gustado haber tenido la oportunidad de explicarte quién soy, de haber podido reparar algunos de los daños que te causé, creo que todos ellos sin querer. Digo algunos porque todos sería imposible, quién puede reparar un corazón al completo. Cuando enfermaste se rompió mi corazón. Y cuando decidiste morir salí huyendo despavorida de tanto sufrimiento, pero todos me vieron en el mismo sitio. Me quedé con todas las palabras que tenía reservadas para ti atascadas en la garganta, me quedé con todo el amor inflamado en mi columna. Perdí. Yo te vi enfermar y sufrir hasta morir.
Te convertiste en noticia, no sé si sabes que todos querían un pedazo de ti. Los medios, los periodistas, los desconocidos, los conocidos, nuestra familia. Todos querían un trozo de tu carne. No supe hacer otra cosa más que proteger y ocultar ese poco que me quedó de ti, esos últimos momentos contigo, nuestra mínima parcela íntima. Tú y yo, hermanos. Yo sé que no aprobabas mi opacidad ante los medios de comunicación, sé que piensas que quizás no te apoyaba, pero yo sólo quería protegerte. Entiendo que te convertiste en propiedad de todos, pero que todos entiendan hoy que para mí tú eres mi hermano pequeño, ese que siempre quería hacerme reír, ese que se escondía en cualquier sitio, ese que me suplicaba que lo llevase con mis amigos a la playa, ese que me dibujaba con botas de suelas enormes, ese con quien me he reído hasta no poder reírme más y con quien he hecho playbacks y coreografías de todas las canciones más cursis de Britney Spears. Tú eras mi alegría. Y entiendo que pasaste a ser compartido por todos, pero incluso hoy, cuando te veo en las paredes de Lagunillas o en cualquier otro sitio me parece una broma pesada. Me he convencido de que ese que ha cambiado el curso de la historia de las donaciones de médula y ha dejado preciosos mensajes para todos, ese, no existe más.
Y admito que vivo en plena contradicción, Chico, porque tú sí existes. Te veo en mi hija, tu sobrina Sofía, a quien mamá te ha presentado muchas veces. Ella conoce tus fotos, y pronto, verá tus vídeos, leerá tus posts. Me hará preguntas. Y es que cada vez que me hago la valiente y pienso en ti, a riesgo de quemarme viva, me encuentro con esa realidad que eres tú, que fuiste en mi recuerdo de verte en la barriga de mamá, y de verte nacer. Naciste prácticamente en mi mismo día de cumpleaños. Mamá siempre nos dice que somos gemelos: uno nació en el 81 y el otro en el 96. Acuérdate de cómo nos parecemos a pesar de los caracteres tan diferentes. Te echo tanto de menos. Me falta tu presencia, verte con Sofía. Abrazarte. Y, sin embargo, no puedo verte.
Suceden más cosas, mamá ha hablado de ti. Ha hecho un trabajo precioso y muy valiente. Se ha formado y ahora es terapeuta y sabe mucho sobre los eneatipos y sobre el duelo. Ayuda a otras mujeres que también tienen hijos que han muerto y, sobre todo, quiere ayudar por encima de todas las cosas. Creo que eso lo ha interiorizado a través de ti. Estarías muy orgulloso de ella. Y, también, te reirías mucho de ella a tu manera. Y es que un hijo es quien mejor te conoce, no porque lo sepa todo de ti sino porque a través de él una madre cataliza. Una madre aprende de ella misma. Quería contarte que me habría encantado hacerme fotos embarazada y contigo, y que extraño no conocer a los hijos que tú habrías tenido. Eso me duele. Durante un tiempo estuve enfadada contigo, me dejaste con nuestra familia que, al final, se rompió. Me quedé sola, y sufro el dolor de mamá. Pero comprendí que este es mi camino y este es el sendero que yo debo caminar. En mí ha quedado ponerme las botas de trekking o dejarme las chanclas y clavarme cada chino rocoso. No valgo para perpetuarme en el sufrimiento. Así que continué. Tampoco conocerás al padre de Sofía. Más que nada, por saber del origen de ella. Él y yo nos separamos, pero hicimos una hija, que es tu sobrina, y viene a contarme de lo lista y lo bonita que es.
Sucedió que, cuando di a luz, no estuve contigo. Y si estuve un momento, fue sin darme cuenta. Me conecté irremediablemente con el proceso de vida más que con el de muerte. Quizás muchas personas no entiendan esto, pero no se trata de algo negativo. Se trata de vivir el presente con coherencia y toda la garra que hace falta. Parir es un ejercicio de arraigo y de expansión, de fuerza y de instinto. Estuve más conmigo que con nadie más. También tuve miedo, y mamá me protegió. Atravesé todos los dolores para, al final, parir por cesárea. Mi parto fue doloroso y tremendamente emotivo. También tuve mucho miedo y pensé que Sofía había muerto al nacer. Respiró líquido y vi cómo bajaba sus bracitos inerte. Se la llevaron y no pude ir a verla hasta que desperté en reanimación, aunque no voy a contarte aquí todos estos detalles. Luego, la vi y pensé que no había hecho nada tan grande en toda mi vida y me sentí pequeña e importante y, por solo un segundo, me imaginé que estabas allí.
La pena es compañera, es una frase que le robé a Anabel. Es una frase profunda y positiva, solo negativa en la superficie. No puedo estar cerca de ti, pero mi pena me acompaña y al sentir la compañía una ya está menos sola, aunque sea con ese peso que nunca leva. Se convierte en un conector tranquilo con el paso del tiempo y añade contundencia al sentimiento. No quiero decirte que estoy triste, Chico, yo te echo de menos y vivo momentos de dureza conmigo misma. Pero otros momentos, muchos de los momentos, son de alegría por haberte conocido, por haberte acunado. Cuando yo era adolescente tú eras mi roca. Tu existencia me mantenía presente, aunque no lo sabía en esos días. Entonces, yo solo quería irme a bailar a Puerto Banús con Tifenn y Jomer… y creía que un día sería libre de todo. Pero miraba a la cama de al lado y te veía pequeño, delgado, tan bonito y tan vulnerable, y me hacías sentar el corazón a tu lado. La pena es compañera porque añoro que estés vivo.

Y te subiste a La Concha y extendiste tus brazos, te veo en la foto. Y me imagino en la barriga de mamá el 23 de febrero de 1981 a 5 cms de piel del inminente peligro. Pero mamá es guerrera, mamá es de acero. Igual que tú, que te armaste de la fuerza de la templanza para sufrir tu calvario físico y tu despedida espiritual. Y me pediste que estuviera a tu lado, y me quedé hasta el último momento. Y sigo dándome cuenta de cuánto me importa reparar los daños que a ti te causé, los daños que yo sufrí, aun cuando no estás ya. Me siento ligada a los jóvenes y es ahora que entiendo que debo ayudarles a ellos a encontrar su motivación y a que lo hagan de la manera más creativa posible. A través de ti, Chico, sigo aprendiendo. Deja que siga un poco retirada, ya cada vez me queda menos. Tú ya sabes que mamá es la fuente, todas las madres lo somos, las que bailan y las que no.
Salama siempre me dice que yo amo sin que me importe si me aman a mí. Que quien ama, ama porque no puede evitar amar, que en eso no se manda. Pues eso.
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Hoy he visitado la librería de mi pueblo y, aunque no recuerda a la oferta de las grandes superficies ni tampoco tiene un sillón para sentarte a ojear páginas, me ha servido lo bastante como para recrearme ahora pensando en mis días de universidad: ese tiempo preciado que no volverá pero que se anuncia a modo de recuerdo bonito cada vez que veo a mis amigos de entonces o abro nuestro grupo de whatsapp. Todos nos hemos hecho mayores, ya hay cosas en nuestras vidas que, seguro, nos pesan a cada cual, pero estoy segura de que se sonríen cada vez que algo les recuerda a nuestro tiempo en la Facultad. Atesoro esa nostalgia que ellos me hacen sentir.
Así que allí me encuentro en la librería y me paseo por las estanterías que más me apetecen, como por ejemplo, las de filosofía y religiones o novela negra… pero la tienda no es tan grande, y ya estoy delante de las novelas románticas esperando encontrar un libro que me apetezca mucho mirar sin demasiado éxito. No rechazo ningún escrito, sólo me guío por el título… por el escritor… por el grosor del tomo… por cómo me sienta… puedo guiarme hasta por el aspecto exterior o el tamaño de la letra. Como todo en la vida: depende. He pasado por la sección de embarazadas y cómo educar a tu hijo sin presionarle, por la de las cartas del Tarot, la de cocina y viajes, novelas históricas, novedades, comuniones, he mirado hasta un libro de Miguel Ángel Revilla y su popular “Cantabria me pone”, más singular de lo que habría pensado. Y llego a los libros infantiles. Me encantan los libros para niños, es el mundo de la magia y de la inocencia, ahí existen todas las sorpresas y todas las cosas que son posibles. Cuando yo era niña ya hacían libros preciosos y mi madre me compraba cuentos de todos los tipos: de los tradicionales y de los más modernos que caían en sus manos. Mi madre siempre me compraba libros. A mí me gustaría saber escribir para los niños pero nunca lo he intentado, sinceramente. ¡Quién sabe si un día lo haré! Desde luego, si un día ocurriese, sería desde el amor más claro que estuviese en mi corazón teñido del amor que siento por mi propia infancia y de mis recuerdos tanto de la niñez como de mis tiempos de universidad. Y menciono la universidad porque allí fue donde terminé de esculpir mis virtudes literarias y mi gusto por estudiar, y donde conocí a ese grupo de personas buenas que más tarde serían compañeros de aventuras y pesares y futuros filólogos y amantes de cosas pequeñas como un texto literario, un momento con un profesor o un desayuno en la cafetería. Todas esas cosas (y las que se mantienen ocultas) me ayudarían a sacar lo más sabio que hubiese en mí, y confío en ello porque confío en ellos.
Compré dos libros, dos libros que son para niños pero que me han conmovido. Y, pienso, ¿acaso no seguimos siendo niños en el corazón? ¿Acaso no esperamos que nos amen y miramos hacia arriba esperando una caricia? ¿Acaso no nos gusta jugar? ¿Acaso no nos divertimos con nuestros amigos? ¿Acaso no nos gustan las fiestas de cumpleaños con tarta y regalos? ¿Acaso no esperamos siempre que nuestros padres estén orgullosos de nosotros? ¿Acaso no nos asustamos cuando las cosas salen mal? ¿Acaso no hacemos travesuras de vez en cuando? ¿Acaso no tenemos caprichos? ¿Acaso no tenemos berrinches y “hacemos pucheros” cuando se tercia? ¿Acaso no tememos al monstruo que viene por las noches a aterrarnos con nuestros mayores temores o a la misma muerte? ¿Acaso no pensamos que viviremos eternamente? Siempre seremos niños, y ojalá este fuera el mantra principal de nuestra capacidad de dar nuestros afectos a los demás. Y así fue como, entre pregunta y pregunta, cayó en mis manos Pequeña & GRANDE Jane Austen, de Mª Isabel Sánchez Vergara ilustrado por Katie Wilson, de Alba Editorial. Se trata de la colección Pequeña & GRANDE donde niños y niñas descubren quiénes eran y qué lograron las grandes mujeres de la historia de todos los ámbitos del arte y de la ciencia y la cultura, tal y como se describe en la sinopsis del libro. Y qué bella manera de aplicar la cultura y la literatura con fines educacionales y desde casa. Son unas pocas páginas con dibujos preciosos y la vida de Jane Austen contada para niños. Y en estos tiempos que corren, donde la figura de la mujer ha avanzado tanto en tantísimos aspectos y tan poco a ojos de algunos hombres y mujeres que aún actúan bajo el infame impulso de la fuerza bruta tanto física como verbal, es una semilla que se planta en el corazón de los niños y que habría de dar frutos benignos. Hablo de hombres y mujeres porque algunas mujeres aún siguen presas de ideas machistas igual que los hombres o se han olvidado de los esfuerzos que mujeres de nuestro pasado más cercano y lejano han derramado en la búsqueda de una justicia ética y moral que no es más que una coherencia aplastante con la esencia del ser humano. Pero, ¿por qué es Jane Austen importante?

Jane Austen es uno de los símbolos de la época victoriana y, aunque no precisamente esta fue una época de grandísimos cambios sociales para la mujer, Jane Austen tuvo acceso a la lectura gracias a la mentalidad abierta de su padre y la gracia del poder adquisitivo de su familia (así como también les pasó a las Hermanas Brontë, por ejemplo). Es esta una de las maneras en las que un ser humano, hombre o mujer, se inspira y desea crecer. Recuerdo (y, en esto, mis queridos amigos universitarios de Filología Inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras de Málaga me apoyarán) que cuando estudiábamos la obra de Jane Austen en 2º de carrera no nos parecía nada revelador ni feminista ni progresista que para un personaje femenino tipo en la obra de Jane Austen el hecho de no casarse fuese algo reivindicativo: en nuestro mundo, esto tampoco era para tanto. Al poco tiempo ya aprenderíamos la relevancia de estos escritos, la importancia de que una mujer encorsetada en su traje de encajes y botones a la espalda educada, idealmente, para servir bien el té y tocar el piano además de aprender algo de francés, hablase sobre moralidad y amor reflejando escenas de su propia vida e inspirada en los libros de la biblioteca de su padre, y sobre cómo hacer un retrato de la mentalidad de una mujer inteligente de su época. Ella es un ejemplo de feminismo y rebeldía, precisamente, por no querer seguir siempre las normas establecidas. Cierto es que los finales de sus obras siempre son de en los que se comen perdices pero, entendamos, todos hablamos desde nuestra propia experiencia y nuestros deseos más profundos. En su mundo, un hombre no podía casarse por amor y debía buscar una rica heredera para perpetuarse en su riqueza y su especie. La joven Jane Austen prefería un libro a dos muñecas y leía las historias que escribía a sus padres y sus hermanos cada noche. Las heroínas de Jane jamás se rendían… aunque hoy esta heroicidad nos parezca insulsa. Aún así, Jane Austen es otro peldaño más hacia la libertad de la mujer y otro valor positivo que me une a mis amigos de universidad, otro de los momentos importantes de mi vida y otro símbolo de la evolución del ser. Admito que una vez que leímos Orgullo y Prejuicio sentimos que ya lo habíamos leído todo con Sentido y Sensibilidad, Persuasión, Emma… hasta que llegamos a Mansfield Park. Es curioso, porque Mansfield Park tiene pasajes de una gran perversión sexual y una gran oscuridad, siendo una gran dicotomía para con el resto de su obra. Si no la habéis leído, aquí tenéis un clásico que no es para niños.
“Una mujer, especialmente, si tiene la desgracia de no saber nada, debe ocultarlo lo mejor que pueda”, Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.
Típica frase lapidaria victoriana de Jane Austen, así como los ingleses en su estado más agridulce, tal y como es usual en ellos; como si aún no hubiesen salido de la época victoriana. Yo diría, más bien, que mejor que una mujer lo oculte si sí sabe algo… más que nada, por la amenaza que suele suscitar una mujer que sabe. Pero dejemos este tema para otra ocasión más polémica. Muchas cosas, si no todas, dependen del prisma.
Los libros de Jane Austen se siguen leyendo hoy en el siglo XXI y son objeto de debates en clase y de postulaciones sobre el feminismo y el machismo, la lucha de poder en la sexualidad, la esclavitud entendida literal y metafóricamente, el matrimonio, la libertad de acción y decisión, el poder de la mujer y su necesidad intrínseca de evolucionar, la necesidad de afecto y cultivar las emociones de la mano de la ética y la moral y un largo etcétera de cuestiones que nos siguen sirviendo hoy para reflexionar sobre las cuestiones más preocupantes de nuestro tiempo. Mirándolo así, tampoco hemos cambiado tanto.
“Ninguno de nosotros quiere estar en aguas tranquilas durante toda la vida”, Persuasión de Jane Austen.
El segundo libro, que ahora está en mi mesita, es John Lennon Imagine ilustrado por Jean Jullien con prólogo de Yoko Ono Lennon, de la Editorial Flamboyant en colaboración con Amnistía Internacional. Se trata de una idea preciosa que inspira y enternece, tal y como es la canción Imagine: el libro presenta la famosa canción en inglés, su idioma original, y en español acompañada de unas ilustraciones de colores brillantes que cualquier niño querría mirar.

Esta canción no necesita mucha presentación, hablamos de los derechos humanos. En el prólogo, Yoko Ono recuerda que todos queremos ser felices y sentirnos a salvo, y que debemos compartir y practicar la paz. A mí me gusta esa filosofía, independientemente de las opiniones que todos podamos tener de Yoko Ono, John Lennon, los Hippies, Los Beatles y tantas otras cosas. Ni siquiera les conocemos personalmente y, aún así, no sólo somos capaces de tener opiniones válidas para nosotros sino que, además, también podemos juzgar. A mí me gusta lo que finalmente estudié (aunque yo deseaba ser periodista, cubrir conflictos bélicos, viajar, informar, vivir al límite… un poco como en las películas, creo yo, pero siendo más realistas, hubiese amado el Periodismo igual que amo la Filología), y simpatizo con las acciones públicas que conozco de John Lennon a pesar de que él murió justo cuando yo iba a nacer. De alguna manera, sin saber muy bien cómo, también he recordado a mis amigos de la universidad con este libro, y su mensaje de amor hacia mí cuando mi hermano enfermó.
Me parece precioso haber aprendido y estudiado con ellos, mis amigos. Me conmueve recordar mi primer viaje a Inglaterra, mi calidad de Estudiante Erasmus y estar en clase con ellos. No quiero decir vuestros nombres aquí, sólo quiero que sepáis que sois muy importantes en mi vida y que nunca olvidaré el colchón y el abrazo de calor que sentí (y aún siento) cuando me acompañasteis durante la enfermedad y muerte de mi hermano pequeño. Y no sólo por esto, sino por todo lo que he vivido con vosotros y gracias a vosotros, cómo habéis tallado esos recuerdos y esa necesidad de mantener viva esa llama de juventud y la gratitud que siento de poder contar con vosotros.
Y, como no podía ser menos, recordemos una de las palabras más bonitas del inglés antiguo (que, de hecho, se sigue utilizando hoy aunque no demasiado) que habla del placer que se siente en invierno cuando te calienta ese rayo furtivo de sol… justo lo que vosotros sois para mí: apricity to my soul.