Yo quiero ser esquimal y ponerme unas gafas de sol

Mi madre me pasó el otro día un artículo de Forbes que contaba que en el Museo Nacional de Antropología de Madrid se encuentran unas gafas de sol primitivas «con las que los pueblos inuit del Ártico se protegían del dañino reflejo que la luz solar les devolvía en el hielo», según dice el artículo Miradas a media luz de la edición impresa de Julio – agosto de esta revista (nº 130).

En la misma revista se encuentra un listado que tiene título a página completa: «100 mejores directores de RRHH». A mí es que se me ponen los pelos de punta. Esto de tener que estar siempre comparando me resulta agotador. Siempre con esto de saber quién es el mejor en algo, implicando irremediablemente que hay un peor en ese mismo algo. Pero, si es que, en el fondo de todo, las personas que necesitamos hacer las cosas a nuestra manera no nos importa mucho que haya mil maneras mejores. Si yo, cuando miro algo o miro a alguien, no estoy pensando si habrá otro mejor… ¿por qué me resultarían importantes estas listas? No creo que aporten mucha luz. O quizás sea porque yo misma no sea la mejor en nada por lo que me resultan estas listas tan irritantes. Y, ¿quién hace estas listas? Porque a mí lo que más me gustaría saber de estos 100 directores tan exitosos es cómo dirigen sus vidas, si son felices de verdad, si sienten el vacío existencial y si hacen algo con compasión verdadera.

Yo lo que creo es que no estoy cansada por lo que hago, sino por lo que dejo de hacer. Cada vez que tengo que lidiar a nivel profesional con asuntos que no comparto, estoy dejando de hacer cosas que sí comparto. Sigo esclava como cualquier otro de aquello que se supone que debo hacer, y eso que me cuesta el sudor de la frente, la arruga del entrecejo y el bolsillo escuálido con cada trimestre de impuestos y cada cuota de autónomo creciente con gracia y simpatía a costa de la pureza de mis intenciones. Por unas gafas milenarias y primitivas que justifiquen el dolor de mis ojos al sol (aunque mis pupilas sean totalmente ibéricas y más mediterráneas) y por unas cuantas listas de personas mejores que yo y que tú en algo, existe esa franja que es el abismo espiritual, el engaño del positivismo o la farsa de la maternidad consciente, del macho integrado, de si las estrellas tienen mensajes para ti. Yo lo que creo es que no estoy cansada por lo que hago, sino por lo que dejo de hacer.

Una cosa más que me apabulla demasiado es la forma en que le hacemos caso a nuestra mente, a pies juntillas. Lo que pensamos dirige nuestras acciones y no nos damos cuenta de lo mentirosa que es nuestra cabeza, que está todo el rato preparada para desviarnos de la percepción más certera. El filtro personal es de mucha ayuda, es casi el único filtro que yo sigo; pero es también el más peligroso. Como cuando nos hacemos una idea de una persona y es eso lo que creemos sobre ella. A mí me pasa todo el rato con los demás, y a los demás conmigo. Que piensan que soy la persona más sociable y amigable del mundo, pero no. Ni siquiera es que me haya esforzado en ser algo que no soy, lo mío tiene nombre. Se llama falso extrovertido. Una forma divergente de supervivencia social. Yo no soy muy normal, pero tampoco lo llevo con orgullo. A mí me gustaría tener menos conflictos personales, menos tribulaciones, ir por mi vida con más levedad, pero no puedo. Casi todo lo que se me instala me resulta un tema observable.

Qué interesante el tema de las gafas de sol, porque hay muchos que piensan que lo de las gafas de sol es un engaño, que hay que dejarse el ojo así expuesto, como que es la forma de fortalecerlo o algo así. No dudo del todo de que haya bastante verdad en ello, que sea una especie de desorientación como lo de que no se puede salir de casa sin protección solar (cuando sabemos que la protección solar tiene unos componentes extra tóxicos para el ser humano), pero qué sé yo de estas cosas. Que si las mujeres nos ponemos una media de 37 componentes artificiales en nuestro cuerpo (sin contar lo que va dentro de él) cada día, que si no se considera el efecto cóctel de estos componentes juntos unos con otros, que si todo es tóxico, que si todo es mentira, pero qué sé yo de estas cosas. Y si uno se fija en la foto del esquimal con sus gafas primitivas, pues ni Balenciaga habría hecho un diseño más moderno y rompedor.

A modo de apuntes personales, pongo unas cuestiones a continuación. Son para mí, porque, ciertamente, la audiencia, el público, es lo último. Y es lo último porque aunque uno siempre piensa en escribir algo y que en algún momento sea leído, al final de todo, no le importa quién lo lea ni qué piense. Hay algo que debe ser escrito y por eso se escribe. El asunto de escribir es por salud mental, porque lo haces para ti, porque es tu forma de sobrevivir ante el desgarro, ante el dolor. Y aunque no lo diga muy claro del todo, siento dolor. Siempre lo siento. Tengo momentos de lucha permanente, momentos de calma ligera. A veces me acuerdo mucho de mi hermano, de mi familia como era antes. Me angustian los jóvenes, no me parece que lo mejor esté por venir si depende de ellos. Los jóvenes son los que son más jóvenes que yo, bastante más. Y allí dejaré caer a mi hija cuando yo ya no esté. Me hace pensar la historia del mundo moderno, la inteligencia artificial siendo más inteligente que muchas personas (y esto lo digo sin paranoia, sino más bien con decepción), el acceso a la información, el peligro desinformativo, la realidad del consumo, el agobio de la costa del sol, mi ansiedad social. Todo el tiempo buscando la otra puerta, esa que no es la que se me presupone apropiada, esa que no me lleva a los grandes clientes, a las cantidades indecentes de dinero, a la corriente normal, esa que me lleva a la escalera de ascenso. Es que yo no quiero subir por esa, yo quiero subir por la otra, la que tiene los escalones sin mármol, la que no brilla, la que tiene la barandilla deslucida y los peldaños descascarillados, la que tiene la pared sin pintar. Porque tras esa puerta está lo que yo llamo éxito, un cuerpo tranquilo que acoge todo el amor que está delante. Quizás algunos clientes con aspiraciones sensibles. Alguna que otra alegría social. Si es que yo no soy normal. Yo lo que quiero es ser esquimal y ponerme unas gafas de sol y que tiemblen de envidia todos los que nunca más sabrán de mí.

Y los apuntes son:

  • Take life personally.
  • Quality over fucking quantity.
  • Lowbrow advice. Better.
  • La paciencia.
  • Importas.
  • En 1993, Sinead O´Connor fue cancelada por el mundo entero por denunciar públicamente y en directo los abusos de la iglesia hacia los niños, rompiendo una foto del Papa Juan Pablo II delante de todo el mundo.
  • Las puertas se abren cuando te das cuenta de que empezar de nuevo es una buena idea.
  • Honestidad no es sinónimo de transparencia.
  • Una lectura recomendada para perder la cabeza ya del todo: La Vegetariana, de Han Kan.

Y con las gafas de sol primitivas me voy a que me dé el aire, vaya a ser que me dé por querer pertenecer a una de esas listas de los 100 mejores en algo y me toque el primer puesto en obedecer siempre a lo que me dicen los demás.

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