ejemplo real de persona parásito
Me reuní con un antiguo amigo. Me contó un problema que tenía y me preguntó cómo podía solucionarlo. Le di unas pautas sobre cómo podía enfocar la situación. Cuando llegué a casa, empezó a picarme el cuerpo, por todos sitios, sin orden aparente. Me fijo y tengo una erupción cutánea, enorme, hasta en el cuero cabelludo, pies, espalda, todo. Me duró unos días. Y me dirás: «bueno, dicho así, no parece que haya habido ningún riesgo, quizás te sentó mal la leche del café» (que, por cierto, no tomé). El riesgo no está en lo que se ve, está en la parte que no conoces, en la parte que solo yo puedo conocer. Este amigo está hambriento de ser alguien que realmente no es, tiene un agujero emocional en su interior que es absolutamente insaciable; yo ya lo sabía, pero cuántas veces puede uno rechazar a alguien que le pide ayuda. Nada es suficiente, quiere poseer todo lo tuyo, a ti misma, y tampoco será bastante. ¿Cómo lo sé? No me da para explicarlo con pelos y señales, sencillamente, lo sé. Las personas insaciables a nivel emocional nunca pueden estar tranquilas, la inquietud interior se manifiesta sutil, pero es gritona para personas como yo, habituadas a lidiar con los que siempre toman y nunca dan. No trato de darte pistas de cómo solucionar tus asuntos con ese entorno que a ti te parasita, sino dejarte entrever lo que a mí me pasa para que tú comiences a sacar tus conclusiones. Pero estas conclusiones no son acerca de mi persona, sino de la tuya.
a él, a quien llamo amigo, le pasan estas cosas:
Egoísmo encubierto. Siempre buscando un beneficio propio.
Falta de reciprocidad. Siempre pide, nunca da. Como es insaciable, como la herida infantil es tan enorme, ni siquiera sabe que la tiene, le ha invadido. Cualquier cosa que le des, será insignificante y lo insignificante ni se agradece, porque no importa.
Energía drenante. No solo me sentí agotada cuando quise irme, sino que durante el encuentro estaba incómoda, acalorada, nauseabunda. Se lleva mucho de mí. Y, cuando llegué a mi casa, sentí el escozor, la hinchazón, la picazón. Puede que no creas que tu cuerpo responde a los parásitos emocionales de tu ambiente, pero sí que lo hace. Algunos hasta enferman crónicamente. O mueren.
Hábil manipulador. Juega con la culpa, la lástima o el chantaje emocional para mantenerse en tu vida. ¡Ah! Muy cierto. Además, la quedada fue engañosa: me hizo creer que requería mis servicios profesionales, cuando lo que quería eran mis servicios profesionales, pero gratis, claro.
Evita la responsabilidad. No asume las consecuencias de sus actos y esto no lo sé por este encuentro en concreto, sino por mi relación con él a lo largo de los años. Una vez me atreví a decirle que no me gustaba cómo me había tratado y él, sencillamente, me dijo que no estaba de acuerdo.
las señales
Me he sentido obligada a ayudarle, a atenderle. por más que he intentado zafarme, no he podido. Esto no debería ser así. Cada vez he sentido culpa o me he visto como una persona horrible o severa. Todas las veces me he dado cuenta de que el intercambio no era bi-direccional, él nunca daba nada y, aunque ahora utiliza expresiones como «sé tú misma», «haze consciente» o «trabaja por lo que quieres», incluso, «te escucho», la realidad es que se adhiere al positivismo más tóxico y más barato del mundo. A su lado, pierdo confianza en mí, termino pensando que no lo hago bien, que tomo malas decisiones o que exagero. Lo más interesante de todo es que, gracias a profundizar en la idea del parásito, cada vez localizo con más agilidad estas relaciones. Las tenemos todos, hasta la persona más elevada a nivel emocional tiene sus líos parasitados. Y es así porque esto no es un sitio al que se llega y ya termina todo, esto es un camino de auto-descubrimiento. Como el otro día que acudo a una amiga para que me escuchase una preocupación y me lanza todo un rezo de frases de otros y consejos y directrices sobre lo que yo debería hacer (sí, sé que era con su mejor intención). Ya está bien de dar soluciones a los demás, solo hay que escuchar, dejarse uno a sí mismo al lado porque si no le quitamos el espacio al otro.
¿tiene solución?
No, no tiene solución. Tiene «darse cuenta», tiene «terminar esas relaciones», pero solución no tiene. El parásito siempre será parásito y hasta tú misma te puedes convertir en parásito de otra persona y ni siquiera fuera esa tu intención. Lo fatal de todo es que lo hagas sabiendo, aunque no te justifique del todo el hecho de serlo y no saberlo. Como lo de los delitos: que no te exime el no saber.
Es necesario ver el problema, la toxicidad, y es muy grave no poder admitir que el parásito sea tu madre, tu pareja o tu mejor amiga. Porque, si lo es, mejor que te hagas cargo como puedas, pero a más tiempo lo dejes pasar, más gordo se hace el bicho. Es cierto que hay que saber poner límites a estas personas y, cada vez que se establece un límite, hay un enfado (reconocido o no). Nadie quiere que le pongan límites, especialmente, si del hecho de no ponerlos sacan un beneficio propio. Deshacerse lo más que se pueda de la culpa. Para mí, lo de los límites es lo más difícil. A veces pongo el muro cuando ya lo que tengo que hacer es una fortificación y el otro se queda más que pasmáo. Pues, eso, poco a poco hacerte consciente de lo difícil que es, pero que nos afecta a todos. Hay un tema muy bestia con la dependencia emocional, si es necesario cortar la relación, córtala. Termínala. No importa la consecuencia. Lidia con ello. O, al menos, ese es mi mantra ahora mismo. Lidio con ello, como puedo. Lo que no quiero de ninguna manera es que posean mi voluntad ni me roben mi paz interior.
Una vez muerto el bicho
Una vez muerto el bicho toca limpiar la casa. A buen entendedor…


Que bien contado🌹, estos parásitos son vampiros de nuestra sangre emocional . Hay que aprender a no abrirles ni la puerta ni el wassap , ni el correo , ni mensajes de texto
cero contacto , cruzar de acera, incluso enseñarles el crucifijo 🙏
Enhorabuena , Esrher , ten cuidado , cuídate
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Jaja! El crucifijo.
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