Este es un artículo sobre mis pseudo-conflictos con la ira y en respuesta al último audio de mi amiga Paula, a la cual dejé a la espera.
Ese dragón latente.
Una fuerza que consume el cuerpo, la mente y el alma; que me invade por completo, que podría destruirme y hacer daño a los que quiero. Se me ocurrió que igual no era tan horrible manejarse dentro de los límites iracundos de mi personalidad; que, aunque suena bestia y bruto, una de las cosas más importantes de mi carácter es esa fuerza arrolladora pero contenida que nunca me abandona. Se me vino que no era algo de lo que huir, sino algo que utilizar en mi favor, no sin esfuerzo titánico, es decir, algo muy bueno que transformar en pura creatividad. Si yo no puedo ver la vida con otro prisma que no sea el creativo… ¿cómo no me di cuenta antes?
Ahí va el dragón interior.
La ira es respuesta a la frustración, dice algo del dolor y se pone de cerca con emoción de la injusticia. Puede comenzar como una pequeña chispa, una incomodidad apenas perceptible, y crecer hasta convertirse en un fuego que recorre todo mi organismo. Físicamente, la ira tiene efectos palpables: acelera el ritmo cardíaco, eleva la presión arterial, activa el sistema nervioso y desata una tormenta química que no puedo evitar. Lo más llamativo a nivel físico para mí es que creo que me puedes ver el corazón latir. Y, como consecuencia, la vida en mi intestino se desequilibra, los bichos que ahí viven se vuelven majaras, no saben si tienen que vivir o morir, y aquello dejar de ir bien. Me genera dolor, por tanto, sería justo decir que la ira duele. En el alma y en el corazón, se come mi paz interior, me confunde y me desenfoca la vista. Al final, solo queda el desierto de la violencia, aunque esa violencia solo haya sido expresada a modo de implosión. Y ahí es donde, por última vez, me doy cuenta de que no es tan horrible si empiezo a canalizar el fuego. Educación primaria sobre el manejo de la ira: la más efectiva energía transformadora. La ira es eso único que me ha movido hacia delante, incluso en todos esos años en los que solo podía hacer huída hacia delante, no podía permitirme quedarme en el sitio y morir abrasada. Ese dragón, aunque temible, también custodio de secretos, fuerza y resiliencia, en dirección hacia la creación y el control de su bramido de fuego, enviado a la acción creativa.
Energía transformadora disponible.
Para bien y para mal, la ira de dios en la Biblia no se describe como algo bueno, al menos hasta donde yo conozco el concepto en este libro (si se explica de otra forma en las escrituras y alguien lo sabe, que lo arroje por aquí). Casi nadie ve la ira como una cualidad positiva y, como es lógico, entiendo que es difícil hacerlo. Es difícil porque es muy seguido que nos muestran ejemplos de personas con ira en las películas o en las noticias y están siempre asociadas a un enfado tremendo, a una injusticia, ¡claro! y a personas que no pueden manejar tanta energía junta. No lo digo por juicio, lo quiero decir porque la ira es una emoción claramente primitiva y, si lo miramos desde este ángulo, no sería posible que fuese muy elaborada, sino que fuese tal cual es, fuego absoluto que arrasa con todo. Pero, profundicemos; hagamos el trabajo. Ponte a hacer algo que tengas pendiente o que te guste a hacer ese día que estás totalmente sacada de ti, cabreada y con ganas de romperlo todo. A mí la ira se me viene silenciosa y es cuestión de una línea muy fina cuando ya no tiene marcha atrás. ¡Ahí justo es! Ahí justo está la capacidad de la persona trabajada, el autocontrol, el saber cómo sacar esa emoción tan poderosa afuera, y en averiguar la manera de usar esa fuerza a mi favor. Hablaba con Paula de qué hacer una vez te das cuenta de que la ira acumulada, bloqueada, reprimida, te ha enfermado, cómo revertir ese proceso insano… y no sabíamos qué decir salvo reconvertir esa ira en algo contemplativo. Mirarla de cerca hasta que cada vez la podamos mirar más de lejos y, entonces, crear. Increíble su capacidad para modificar el ambiente a nuestro alrededor, el poder de la ira es infinito. Los que están afuera pueden sentirla y verla, hasta cuando la escondemos muy bien. Solo hay que fijarse un poco más. De verdad que el aire cambia, que se vuelve denso, y cualquier interacción puede desembocar en una auténtica reactividad emocional.
La ira puede levantar barreras o, por el contrario, despertar una ola de solidaridad, como hemos visto recientemente con la tragedia que ha traído la DANA. Frente a la devastación de la DANA, muchos han sentido una profunda indignación, una ira nacida de la impotencia y el dolor al ver la destrucción y el sufrimiento ajeno. Esa ira se convierte, entonces, en una chispa que enciende la voluntad de ayudar, de organizarse y de actuar. Es un fenómeno fascinante: cuando el dolor y la frustración nos alcanzan, muchas veces lo primero que hacemos es sentirnos solos en nuestra tristeza. Pero luego, pasado el impacto inicial, descubrimos que esa ira también puede unirnos y convertirnos en un cuerpo solidario, donde una persona toma la mano de otra, y esta, a su vez, toma la mano de otra, y así… «people help the people».
Aquí tienes un verso de Birdy, con su preciosa canción People Help the People, póntela, es preciosa:
People help the people
And if your homesick, give me your hand and I'll hold it
People help the people
Nothing will drag you down
Oh, and if I had a brain, Oh, and if I had a brain
I'd be cold as a stone and rich as the fool
That turned all those good hearts away.
Sólo hay que hacer una cosa.
No dejar que la ira se vuelva destructiva, sino convertirla en tu herramienta de salvación. A menudo, me debato entre ser esa persona tranquila que los demás ven por fuera y el fuego que siento en mi interior. No soy un remanso de paz; soy el fuego del dragón que mi hija se imagina, soy la ira de los fenómenos atmosféricos, soy ese renglón torcido de Dios que constantemente se mueve entre la creación y la destrucción. Soy tanto lo bueno como lo malo. Y si he llegado a aceptar que la ira forma parte de mí, también creo que puedo convertirla en una herramienta para construir, no para destruir. Aunque sea una verdad bastante absoluta lo que leías hace un momento, eso de que la ira es primitiva y devastadora.
Similar a cómo veo la hipocresía: no es necesariamente un defecto de carácter, sino otra herramienta de supervivencia y de comunicación subrepticia. A veces las personas se identifican demasiado con las herramientas que mejor manejan, al punto de que se vuelven su identidad. Esto sucede en los trabajos, donde es fácil definirnos por lo que hacemos. Si mi trabajo es relevante, yo también soy relevante. Si mi trabajo no lo es, entonces, ¿significa que yo tampoco importo? A veces pienso en este dilema, y me doy cuenta de que todos somos profundamente relevantes, aunque el mundo aún no lo haya descubierto.
Tampoco te acomodes mucho rato, solo para descansar.
Se supone que debemos estar cómodos, que vivimos en un estado confor que nos merecemos y que, a la vez, caminar un poco más allá porque no queda sitio en el parking es una malísima noticia (para mí la primera). La comodidad es una enfermedad en sí misma, como la diabetes, que es silenciosa y potencialmente letal. La comodidad es sinónima directa del nacimiento de tu ira. Todo funciona sin esfuerzo, le doy al botón y se activa la cisterna; le hablo a Siri o a Alexa y allá van las respuestas a mis preguntas existenciales del día. Y, sin querer, involuntariamente, nos cargamos el espíritu natural de la búsqueda por lo que nos nutre de verdad. Y un día estás enfadada y no tienes muy claro por qué, incluso podrías llegar a amasar una pequeña fortuna, y aún te sientes insatisfecha; ¡podrías llegar a conseguir la casa de tus sueños! o al hombre con el que siempre habías soñado, sin darte cuenta de la reificación de todos tus deseos: pero es que la comodidad no satisface el alma. [Pongo el enlace a la RAE porque es una palabra bastante nueva para mí y me ha gustado].
Cuando comparto estos pensamientos con personas cercanas, como Paula, que conoce incluso las intimidades de mi dolor físico y emocional, me doy cuenta de que encontrar comprensión en alguien que vive un dolor similar ayuda a manejar la ira que contengo. Es una conexión que va más allá de lo superficial; es un reconocimiento mutuo de esa ira latente que ambas sabemos que no puede simplemente desaparecer, que ambas sabemos que a esa ira nos debemos porque nos permitió sobrevivir.

La creatividad es toda tu ira convertida en algo mejor.
Catarsis, una liberación que no solo tiene un efecto positivo en mí que la experimento, sino también en ti, que podrías sufrirla si estás a mi lado. Date cuenta. Artistas, escritores, activistas y personas comprometidas con su comunidad han logrado transformar su ira en obras poderosas, en movimientos sociales, en actos de cambio. Divulgadores, comunicadores. Bloggers. La ira puede inspirar una pintura que revele la crudeza de la existencia humana, puede motivar la creación de un proyecto de ayuda comunitaria. Me atraen mucho los activistas, tantos dragones perdidos. En cada caso, la ira no se reprime ni se ignora; se convierte en algo más grande, algo que tiene el potencial de sanar tanto al individuo como a la sociedad o, como más me gusta a mí, a tu comunidad. Lo de la comunidad es más íntimo, tienes alcance, está a lo que te mide el brazo.
Y aún más elevado está el concepto de ser honestos, qué hay más revolucionario hoy día que decirse uno la verdad. Dime.
Un abrazo, Paula.


Esto es mirar tu sombra con amor 🧡
Gracias , perdón , lo siento , te quiero
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Gracias por acompañarme siempre😍
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Te releo y encuentro mas y mas cosas increíbles; me quedo perpleja de que este de hoy es un tratado sobre La sombra, sobre el inconsciente, un trabajo profundo y revelador, dificil arduro, que dura toda la vida. Amar lo que somos.
<Ser una misma tiene un precio, pero no serlo cuesta toda la vida>. Esta frase, que no recuerdo a su autor, la hago mía porque es como parte de la idea que transmites.
Escribe, ijamia, dilo, escribe todo lo que tienes ahí para dar al mundo
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Te releo y encuentro mas y mas cosas increíbles; me quedo perpleja de que este de hoy es un tratado sobre La sombra, sobre el inconsciente, un trabajo profundo y revelador, dificil arduro, que dura toda la vida. Amar lo que somos.
<Ser una misma tiene un precio, pero no serlo cuesta toda la vida>. Esta frase, que no recuerdo a su autor, la hago mía porque es como parte de la idea que transmites.
Escribe, ijamia, dilo, escribe todo lo que tienes ahí para dar al mundo
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