Eres un egoísta

Casi siempre me asalta el pensamiento de poner en duda esto de ayudar porque tengo una visión que seguro que suena bestia. Yo pienso que ayudar no tiene nada que ver con los demás o con el otro, sino con nuestros deseos más íntimos y nuestro dolor más profundo.

Escribir sobre la idea de que todo en la vida tiene un precio, incluso las acciones que aparentan ser desinteresadas, toca conceptos psicológicos, filosóficos y hasta sociológicos profundos. No sé por qué cuesta tanto admitir que todos tenemos intereses totalmente interesados sobre todo lo que hacemos. No nos podemos deshacer jamás del interés personal, es solo que lo que se relaciona con la palabra interés queda denostado y relegado a ese lugar pecaminoso, casi siempre inducido por tradiciones judeocristianas o preceptos religiosos que adoctrinan nuestro comportamiento. Tener interés está mal visto, punto. Pero es que hay algo que se llama «interés personal motor» y de esto no se puede pensar mal, a menos que las intenciones se salten los límites de la ética y la moral.

Es bastante lógico pensar que, desde el punto de vista de la psique humana, uno haga cosas por conseguir una especie de recompensa o resultado o efecto. Es el egoísmo de toda la vida, lo que sostiene que las acciones altruistas son impulsadas por una única fuerza: la del interés personal, aunque este sea emocional. hace mucho me leí un libro que me cayó como una bomba: bomba en el buen sentido, que apoyó todas mis sospechas con respecto al tema del que escribo ahora. El Gen Egoísta, de Richard Dawkins (no me acordaba del nombre del autor y lo he tenido que buscar): este libro fue una revolución para mí. Lástima que lo perdiese en aquella riada hace unos seis años por ahí por Benajarafe, en el quinto pino de mi casa. Fue el único trastero disponible que encontré tras mi separación del padre de mi hija y, encima de todo, vino una riada que arrasó con todos los trasteros. A quién se le ocurre construir un parking con trasteros en la desembocadura de un río, por mucho que estuviera seco desde hace más de treinta años. Perdí muchas cosas y todos mis libros de entonces, incluido El Gen Egoísta. No creo que aporte mucho este dato del trastero al escrito, pero al pensar en este libro me he trasladado inequívocamente a ese momento, a esa imagen de todas mis cosas inundadas por agua embarrada, los restos de mi antigua vida queriendo también morir.

Cita del libro El Gen Egoísta escrito por Richard Dawkins.

El caso es que este libro dice básicamente que el ser humano está biológicamente programado para actuar en interés de su propio bienestar y que se ven bajo este mismo prisma el amor y la solidaridad. A mí me dio mucho que pensar tras la satisfacción inicial de saber que no era la única que pensaba que las personas no pueden ser solidarias. Entraba en conflicto constante en mi interior con todas las personas que querían hacer eventos solidarios para dar a conocer su empresa o su proyecto o que necesitaban que les mencionásemos en redes constantemente o que esperaban desgravarse la donación, porque es legal hacerlo. Lo entiendo todo, aunque no lo comparto. Incluso yo utilizaba esto como gancho en mis reuniones con posibles donantes, organizadores de eventos o patrocinadores, es decir, si nos ayudas seguro que te podrás desgravar tu donación y una buena parte de este dinero te vendrá de vuelta… los sistemas financieros nunca han sido mi fuerte, quizás por eso desconfío como buena ignorante, pero me parece extraño el hecho de dar dinero para ayudar y también querer recibir un pago de vuelta o tu mismo dinero de vuelta solo porque sea legal hacerlo. Pero, ya digo, entiendo que es legal. Quizás no muy moral, pero sí legal. Tuve que desoírme a mí misma cada vez que escribía una carta de agradecimiento y, al final, contribuyó a no poder soportar más la incongruencia. Se me hizo demasiado juntándolo con el resto de cosas. Yo comprendo cómo es el mundo y, sí, soy muy idealista. En mi favor diré que no obligo a creer ni a pensar como yo, que solo reclamo mi derecho a callar o a hablar cuando yo así lo estime oportuno. Y si hablo y digo algo que no te gusta, no es por ofenderte, es porque quiero ser libre. La libertad tiene el precio más alto de todos.

Las acciones solidarias como ayudar a alguien o contribuir a una causa suelen percibirse como actos de bondad pura. Sin embargo, no soy la primera en saber y decir que la psicología social dice que la empatía y la satisfacción personal juegan un papel súper importante en el comportamiento prosocial (todo esto también se puede leer en El Gen Egoísta). La clave es sencilla y muy molesta: cuando ayudamos no lo podemos hacer por el otro porque nos hace sentir demasiado bien, es algo que buscamos casi como yonquis, nuestras hormonas se vienen arriba y nos va mejor. El ejercicio de honestidad brutal aquí sería admitirnos que invertimos nuestro tiempo en ayudar a los demás porque nos sentimos bien haciéndolo, independientemente del efecto que tenga sobre los demás. Digamos que sentirnos bien es una recompensa tan enorme que ya debería ser lícito poderlo decir tal cual. Ayudar nos da la sensación de control y de pertenencia, no es tanto acerca del otro, sino de mí. Es una carretera de doble sentido: te ayudo a ti porque me siento de maravilla haciéndolo y tú te dejas ayudar porque lo necesitas. De hecho, seguro que conoces a personas que lo único que quieren hacer es ayudarte. ¿De verdad es porque son tan buenísimas personas? Sin duda alguna, tienen buenos sentimientos, pero les falta hablarse más claro. Poner el foco en la necesidad ajena nos da a nosotros muchísimo control, otro estatus, incluso. Y esto me lleva a otra de las perspectivas en la que se observa cómo ayudamos en función de lo que nos sobra, no de lo que realmente tenemos para nuestra subsistencia (entendiendo la subsistencia no tan literal, sino algo como nuestro buen sueldo, nuestras comodidades, nuestras costumbres acomodadas a las cuales no vamos a renunciar, etc.).

El amor podría también verse como una relación de intercambio emocional, aunque a mí este intercambio pocas veces me ha salido bien (no sé si reírme ahora o compadecerme). Teóricamente, ambos actores de este intercambio reciben algo. Es decir, que si uno da algo y el otro nada, en teoría, esto no va. Y en la práctica tampoco va, otra cosa es que lo decidamos perpetuar en el tiempo porque nos interesen (¡oh! he usado la palabra interesar) otras cosas que obtenemos de mantener este intercambio. Yo lo digo en experiencia propia, porque todo lo que escribo aquí es porque lo he vivido yo de alguna forma, las relaciones amorosas son intercambios, aunque no necesariamente de amor. He leído por ahí que el filósofo francés Jean-Paul Sartre decía que las relaciones de amor inevitablemente contienen un elemento de posesión y necesidad. Así que, amar no es gratuito, implica un intercambio de expectativas y necesidades, consciente o inconscientemente. Esto sí, y sin leer a Jean Paul Sartre.

La chulada sería que ahora yo pudiera redefinir el concepto de interés. Se asocia demasiado alegremente al egoísmo y se ve demasiado negativo, pero un interés personal no tiene por qué ser algo demoníaco. Una de las cosas más bonitas que viví en Fundación Cudeca fue el aprender que en la ética del cuidado a otros (y a uno mismo), el cuidar a otros y el bienestar propio pueden ser aspectos interdependientes y no necesariamente contradictorios. Que actuar en interés propio no excluye siempre la posibilidad de actuar en beneficio de otros (con lo que escribí antes, yo solo le estaba poniendo un orden de prioridad). De modo que puedo entender el interés no solo como una fuerza egoísta, sino como una fuerza natural que dirige nuestras acciones hacia el crecimiento personal y colectivo. Como cuando me dice mi representante que me cuide la voz después de dar una charla.

Pero, me sigue explotando la cabeza, ¿por qué seguimos negando que tenemos interés personal por casi todo? A mí me parece que mi grupo tiende a apreciar el altruismo «puro» y a rechazar la idea de que las buenas acciones puedan tener una motivación interna. Seguro que tiene que ver con la religión, con los valores sociales, con las tradiciones, con la idea de que para ser una mujer aceptable es mejor someterse y no hacer ruido, o esa idea estrambótica con la que se quedan muchas personas casadas sobre la poca fiabilidad que les ofrece una mujer soltera con hija. Da igual el año en el que estemos, lo retrógrado sigue ahí, conviviendo con lo de ahora. Se pone al altruismo en un pedestal, y el altruismo no existe sin un previo examen honesto de las intenciones personales de cada individuo. Reconocer los intereses personales en las acciones solidarias no minimiza el valor de estas, sino que ayudaría mucho a desmitificar y a entender mejor nuestra naturaleza humana.

Dejo aquí las referencias que he usado para que no me tomes por una listilla, aunque tampoco tendría que justificar mis experiencias personales y las conclusiones a las que he llegado.

  • El Gen Egoísta de Richard Dawkins. Él dice que el altruismo tiene un sentido evolutivo cuando beneficia a familiares cercanos o a quienes comparten nuestra genética por una mera «selección de parentesco», que ya nos ayuda a cribar sin pensar demasiado a quién ayudar primero y a perpetuar nuestro linaje. De aquí lo de educar a nuestros hijos en la empatía y el altruismo, como prueba de mis acciones no solo me influyen a mí, sino a muchas otras personas. Además de poder influir en el bienestar de los demás a través del propio.
  • Artículos en Psychology Today: Este sitio cuenta con múltiples artículos sobre egoísmo psicológico, altruismo y la motivación humana. Puedes buscar artículos sobre «egoísmo psicológico» o «altruismo egoísta».

Lo de El Gen Egoísta ofrece una perspectiva muy chula que enlaza el egoísmo con la biología. Esto, a los más estrictos de mente, les gustará. Y a los que se parezcan a mí, les abrirá el campo de visión. A mí lo que me gustaría es que la gente se dijera la verdad más a menudo.

Una vez te quitas la máscara, aunque te la vuelvas a poner, ya has visto lo que hay debajo.

Feliz Honestidad Brutal.

Un comentario en “Eres un egoísta

  1. Ohhhh Mery. Eres una jabata por afrontar de frente los asuntos que escuecen. La solidaridad , de la que has sido víctima directa casi 10 años, comprometiendo tu historia emocional personal con todo su desgarro y su dolor siempre ignorado.
    El conservadurismo social que aún intenta caer sobre ti como madre soltera. A mucho hombres, las madres solteras les altera el morbo sexual y a muchas mujeres les da rechazo por lo que sospechan inadvertidamente que les provoca a sus maridos.
    Yo también reivindico el gen egoísta, tuve que hacer terapia para entender que podía tener derecho a la vida pese a haber cometido graves defectos y errores como madre incluyendo la muerte de mi amado hijo pequeño.
    No quiero olvidar un asunto , en este orden de cosas que presentas de manera tan exquisita y atractiva, la oportunidad que ofreces al mundo de leerte , de entender , de poder ser honestos de verdad , de quitarnos la careta y llorar por todo lo que hay que llorar a gritos.

    El asunto al que me refería es la espiritualidad comercial. Rezamos a cambio de que Dios nos conceda favores y hay gestos que reprimimos por miedo a que nos los quite. Esto es amor ?, amor a quien , a Dios ? Más bien me suena a esa rebaja fiscal de la que hablas cuando donamos . Rezamos a Dios a cambio de que nos perdone el Iva del saldo espiritual

    Gracias por reivindicar al egoísmo y devolverle su saludable sentido

    Gracias por amarte

    Gracias por tu valor

    Gracias por tu Modelo@

    Le gusta a 1 persona

¡Deja un comentario!