Entrevista Brutal [Jose Meji]

Duc in altum.

Hace bastante tiempo que deseaba explorar el tema de las entrevistas. No me suelen interesar la mayoría, esas que hablan de un hecho en cuestión; quizás del estreno de una película o, incluso, de un libro, esas que tienen pocos minutos de desarrollo. A mí me han entrevistado incontables veces para la tele, la radio y la prensa. En gran medida, siempre acerca de algún evento solidario que debiera promocionar en mi antiguo empleo y algunas otras pocas veces han sido entrevistas más íntimas… la verdad es que me resulta complejo quedar satisfecha con el procedimiento de la televisión y la radio. Y eso que yo adoro el mundo de la radio, esa intimidad que concede el escuchar solo la voz. El tiempo es oro, es dinero, no puedes usar el tiempo que necesites y quien te entrevista tampoco. Sin embargo, hay una diferencia con las entrevistas de carácter escrito: pude que sean menos espontáneas, pero alimentan la introspección.

A mí hasta me gustaría pedir que me mandasen las preguntas escritas de puño y letra. Escribir con la mano activa zonas de nuestro cerebro y de nuestro instinto que pasan desapercibidas cuando tecleamos. Y, hoy, lo único que hacemos es teclear. El podcast me fascina y lo utilizo a menudo, sin embargo tengo la impresión de que todo vale en ese formato. Si se extiende demasiado, no importa; si se abusa de las interjecciones o las risas o las muletillas, tampoco. En fin, nada es perfecto porque el ser humano no puede ser perfecto. Pero esto de los podcasts y el perfeccionismo ya lo retomo otro día.

Me gusta presentaros a mi amigo Jose. Le he hecho una entrevista escrita y otras veces hacemos esto que nos gusta llamar «conversaciones brutales». Un ejemplo: https://www.instagram.com/p/C6JZ1eBtw2B/

Jose Meji y yo.
  1. Jose, preséntate, por favor.

Bueno, pues soy Jose, Meji,  papá, marido, enfermero, cañailla, soñador, poeta, también payaso, chistoso de los malos… Apasionado de los cuidados paliativos y de la espiritualidad, especialmente al final de la vida. Soy un cuidador, al que a veces le cuesta que le cuiden. Un aprendiz al que a veces le cuesta cambiar de planes, pero que se deja sorprender. Un “contemplador” de la vida. Un disfrutón de las cosas sencillas, que reivindica que estar en casa todo el día en pijama o en chandal debería ser Patrimonio de la Humanidad y que una buena barbacoa (bueno, vale, con verduras asadas incluidas!!!!) con sobremesa larga y buena conversación es una de mis 7 Maravillas del Mundo

  1. ¿Por qué has accedido a esta entrevista?

Unica y exclusivamente porque tu me lo has pedido. La amistad no necesita razones.

  1. Dime qué es eso que te está doliendo mucho ahora mismo.

Ufffff, me duelen muchas cosas, se ve que me estoy haciendo viejo. Lo que está pasando en Palestina me duele muchísmo. Cuando pones caras y rostros a la barbarie, cuando piensas en las personas en singular, la atrocidad que está ocurriendo es increible.

También me duele cuando la gente no ve a los demás, no los escucha, no los tiene en cuenta. Cuando cada uno mira solo hacia su propio ombligo.

Y el radicalismo. Me duele la gente que es tan extremista que no es capaz de respetar otras ideas, otras formas, otros pensamientos. Que aplasta y atosiga. Que tergiversa y manipula.

Se ve que me hago viejo.

  1. Si tuvieras acceso a mi mente, ¿qué habría dentro? ¿Y en la tuya?

Pues… en tu mente creo que hay mucha curiosidad. Una curiosidad creativa, una curiosidad que pienso que te tiene todo el día fabricando cosas, gestando proyectos. Un no parar, vamos.

En la mía quizás también hay proyectos pero creo que están demasiado serenos, demasiado asentados. Desde hace tiempo tengo mucha necesidad de escribir y no soy capaz de tener la ¿valentía?, ¿decisión? de hacerlo. Tengo un libro pendiente de escribir. Me lo debo y se lo debo a mi hijo. Y muchas mas cosas que contar. Hoy me estás ayudando con esta entrevista.

  1. ¿Qué significa para ti mi lema «Honestidad Brutal»?

A mí, “Honestidad brutal” me resuena a integridad, en el sentido de plenitud, de completud. A bondad natural. A eso que es así porque sí, sin tener que razonarlo. A autenticidad. Es como esa persona que se encuentra algo y busca de quién es, sin tener que pensar si quiera si quedárselo o no, si vale tanto me lo quedo o si cuánto lo devuelvo, sino que sin dudarlo ni un instante busca de quién es lo encontrado porque hacerlo así está en lo hondo de cada una de sus células. Significa también luz, claridad. Algo que brilla y que brillará mucho más aún.

  1. Desde que estamos haciendo nuestras «Conversaciones Brutales» y publicándolas en redes sociales, ¿de qué te has dado cuenta?

De que las cosas llegan a mucha más gente de la que yo pensaba, y de que a las personas les gusta escuchar cosas diferentes. Hay demasiado ruído  por ahí rulando y de vez en cuando algo diferente viene bien. Eso y también de que tienes mucho tirón.

  1. ¿Cuándo supiste sobre tu vocación? ¿Consideras haber conseguido desarrollarte en esa dirección? ¿Cómo ha sido este proceso para ti?

Creo que siempre quise ser enfermero. El hecho de cuidar a mis abuelos en su vejez y en su enfermedad me lo confirmó. Me costó conseguir entrar en la Universidad porque la nota de acceso a Enfermería es altísima pero mi primer día en la Universidad y el día de mi Graduación fueron muy especiales y los recuerdo como algo único.

Luego yo digo que los cuidados paliativos son mi vocación dentro de mi vocación. Y la vida se encarga de ponerme por delante ocasiones para corroborarlo. Me formé específicamente en ello con un master, y también con un experto en bioética. Ahora estoy profundizando en el acompañamiento espiritual, que es un tema que me interesa muchísimo y que es muy transversal. Todos tenemos un sentido de lo profundo, de lo transcendente, de la Vida, y de manera especial cuando se ve la muerte de cerca, cuando hablas con ella de tú a tú, ese sentido florece y poder acompañar ahí es un privilegio para mí.

  1. ¿Cómo te sientes cuando escribes estas respuestas?

Me siento muy bien. Como te decía, tengo muchas ganas de escribir y responder a tus preguntas está siendo como “romper el hielo”.

  1. Elige un momento transformador de tu vida y cuéntalo.

Hay un día cada año, el 23 de diciembre, que un grupito de personas van a llevar flores a una pequeña tumba en un precioso cementerio a las afueras de Arequipa, en Perú. Desde ese lugar se divisa una panorámica preciosa de toda la ciudad. Ese grupo de gente no es familia de quien está allí enterrado, ni tuvieron tiempo de entablar amistad con él, ni siquiera lo vieron en persona. Quien está allí enterrado es mi hijo Daniel, quien falleció repentinamente a las dos horas de nacer después de un parto precioso.

Estas personas ponen flores cada año en la tumba de mi hijo y lo hacen sin esperar nada a cambio, solo por amistad, por cariño, porque saben que yo no puedo llevar esas flores y ellos lo hacen por mí. Lo hacen porque son gente buena, sencilla, auténtica y brutalmente honesta.

Ese gesto es de los que cambian el mundo. Es algo realmente transformador. Al menos para mí.

  1. Regala una recomendación de una lectura y di por qué.

Hace poco alguien que me quiere mucho me regaló  La Hora Violeta, de Sergio del Molino. Él también perdió a su hijo Pablo y cuenta su vivencia con muchísima delicadeza y como un acto de rebeldía hacia el propio dolor. Coincido con el autor en que la muerte de un hijo produce una transformación radical y en que ambos somos profundamente distintos desde entonces, tanto que a veces cuesta reconocerse. La muerte de un hijo produce una “discapacidad emocional”, como él llama (yo digo una “cicatriz en el alma”) que no se puede, ni yo quiero quitar.

Es muy importante hablar de la muerte. Desmitificarla y derribar tabúes y muros. Todos nos estamos muriendo desde que nacemos.

Otro libro que me acaban de regalar y que tengo en la mesita de noche pendiente de leer es El niño que se enfadó con la muerte, de Enric Benito. El dr. Benito es un “maestro” en los cuidados paliativos, una fuente de experiencia y de sabiduría. He tenido la suerte de conocerlo en persona y es alucinante. Ojalá en breve pueda formarme con él. Pero de ese libro te hablo en la próxima que aún no lo he leído.

No hace mucho escuché en una entrevista, como última pregunta al entrevistado, qué te tatuarías en tu cuerpo o qué mensaje darías al mundo con ese tatuaje.

Yo no llevo tatuajes, pero si me hiciera uno sin duda sería una chakana. Es un símbolo andino milenario, preinca, en forma de cruz, con doce esquinas y un círculo en el centro. Su forma de escalera simboliza el puente entre el cielo y la tierra, y el círculo lo eterno, lo que no tiene ni principio ni fin.  Es una cosmovisión que cree que existen mundos simultáneos comunicados entre sí y en el que se reconoce una comunicación entre lo natural y lo espiritual.

Me haría ese tatuaje con la frase Duc in altum (rema mar adentro), que es una cita del evangelio de Lucas que siempre me ha cuestionado mucho. La elegimos para mi boda y sigue invitándome a adentrarme hacia lo desconocido, a abandonarme, a confiar.

Gracias, Jose. Tus ganas de acompañarme en mis cosas y mis escritos y mis ganas de expresión elevan a nuestros descansados. Duc in altum, y que sea brutal.

Duc in altum.

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