«Manners maketh man», las maneras hacen al hombre.

 

«La cosa más aterradora es aceptarse a sí mismo por completo.»

Carl Jung

A menudo siento que volverse cuerdo produce las mismas sensaciones que volverse loco. Mi comportamiento ocasionalmente errático y esa virulencia por mantenerme conectada hacen de mí esa persona cabal que parece un poco extrema y estirada. A mí lo que me pasa es que me da pánico no importarle a nadie. A mi familia. A mi hija. No importarme yo.

 

Englishman in New York

(haz clic para ver el vídeo con subtítulos en español)

Sting

(primera estrofa)

I don’t drink coffee, I’ll take tea my dear

I like my toast done on one side

And you can hear it in my accent when I talk

I’m an Englishman in New York

 

(segunda estrofa)

See me walking down Fifth Avenue

A walking cane here at my side

I take it everywhere I walk

I’m an Englishman in New York

(estribillo)

I’m an alien, I’m a legal alien

I’m an Englishman in New York

I’m an alien, I’m a legal alien

I’m an Englishman in New York

(tercera estrofa)

If «manners maketh man» as someone said

Then he’s the hero of the day

It takes a man to suffer ignorance and smile

Be yourself, no matter what they say

(estribillo)

I’m an alien, I’m a legal alien

I’m an Englishman in New York

I’m an alien, I’m a legal alien

I’m an Englishman in New York

(cuarta estrofa)

Modesty, propriety, can lead to notoriety

You could end up as the only one

Gentleness, sobriety are rare in this society

At night a candle’s brighter than the sun

(quinta estrofa)

Takes more than combat gear to make a man

Takes more than a license for a gun

Confront your enemies, avoid them when you can

A gentleman will walk but never run

If «manners maketh man» as someone said

Then he’s the hero of the day

It takes a man to suffer ignorance and smile

Be yourself, no matter what they say

Be yourself, no matter what they say

Be yourself, no matter what they say

Be yourself, no matter what they say

Be yourself, no matter what they say

I’m an alien, I’m a legal alien

I’m an Englishman in New York

I’m an alien, I’m a legal alien

I’m an Englishman in New York

Me parece fácil caer en el auto sabotaje cada vez que he ido mejorando en algo porque, a la vez que me he hecho más fuerte en mis mejores pases, también he acusado algunas dudas sobre mi propio porvenir. Y esto es duro. Lo más curioso de todo es que no suelo dudar de mí misma y que tengo capacidad para tomar decisiones con relativa facilidad. Sin embargo, ahí queda una grácil brisa que me cuenta de mis juicios internos. Siento una gran pérdida de energía cada vez que decido no seguir mi voz interior, mi intuición, mi llamada. Para cada acción o circunstancia yo observo una reacción inmediata dentro de mí. Es como cuando sabes que con esa persona con la que estás no debes seguir pero desoyes con alegría tu propia cosecha de indicadores de alarma. ¿Por qué, a pesar de conocer el devenir habitual, sigo cayendo en la misma trampa? ¿Por qué sigo haciéndole caso a esa imagen virtuosa de mí misma, esa imagen que proyecto hacia fuera, si yo ya tengo datos suficientes? No es  siempre necesario pisar la mierda para saber que está detrás de ti. El auto sabotaje es altamente efectivo. Lo noto cuando pierdo los papeles, cuando alguien me presiona ese botón que sólo yo sé que no podré ignorar, cuando pido en voz baja y me frustra que no me oigan, cuando todos los gritos gritados en mi vida han venido de la más genuina frustración y me tomaron por loca o entregué mi dignidad. Y, cómo no, cuando, sin querer, me pasan el testigo de la propia neurosis familiar, esa que sólo vemos los de dentro y que todos queremos hacer como que no existe. Por todo esto es por lo que yo salgo afuera y me agarro a mi máscara o me presento, a veces, un poco estirada. Aunque yo sepa gritar, no me gusta que me griten, ni los malos olores ni las manos de nadie en mis cajones, ni la casa sucia ni hablar cariñoso a todo el mundo por igual, ni el pan tostado por los dos lados ni las canciones tristes.

Sting
Captura del vídeo clip de Sting, Englishman in New York

Siempre me gustó la canción de Sting, Englishman in New York. No es una canción triste en absoluto. Es reivindicativa. Y cuando, por fin, pude descifrar lo que decía quedé fascinada. Recuerdo esos momentos en la universidad, envuelta en mis textos y mis libros, con mi pasión académica y mi hambre de biblioteca, las clases odiosas de algunos y las clases de ensueño de otros pero, siempre, amando cada día un poco más lo que estaba estudiando. No hay nada como la realización de una tarea difícil, hacerte con ella, ir más allá de ti misma. Mis tiempos universitarios fueron complejos pero me llevaron a la época más feliz de mi vida antes del nacimiento de mi hija. Ya he escrito en otras ocasiones sobre mi pasión por las letras y mi cariño expreso hacia todas esas personas de aquellos años, mis amigos de carrera, quienes me ayudaron a forjar a la Esther académica con grandísimas muestras de admiración y respeto por su parte. Increíble pensarlo hoy pero, cuando los jóvenes aman, aman de verdad. La fuerza y el arrebato de la juventud no se equipara a nada, y la damos por sentada y nos olvidamos de ellos cuando nos ponemos a discurrir sobre “cosas de adultos”. Mi época universitaria fue viva y llena de luz y esperanza, sudor, esfuerzo. Fueron tiempos de expansión cerebral, de conocer un sistema paralelo al mundo real, fueron tiempos ricos llenos de conocimiento, entrega, energía, potencia, amores primeros, libros y apuntes, más libros y apuntes, esperanza por el futuro, esperanza per se, profesores, luchas internas y luchas externas, kilometraje entre Marbella y Málaga, pisos de estudiantes, mis padres, mi hermano siendo pequeño, deporte y trabajo, trabajo y deporte, exámenes, waterpolo, suspender y aprobar. Y el Reino Unido. Entonces no bebía café, tomaba té, my dear. Y mi acento era más británico que el de la Reina de Inglaterra. Cuánto extraño mi acento inglés… pero dejaré esta añoranza para otro escrito, ya que existe un océano entero entre Inglaterra y los Estados Unidos.

Lo que me conduce directamente a la primera estrofa de la canción, la cual, me describe casi a la perfección a pesar de no ser inglesa ni estar en Nueva York. Lo dejaré, si acaso, a la interpretación de quien lee; porque, aunque hoy sí tomo café, la versatilidad de la frase es simbólica ya que esa es mi actitud. Para los que hemos estudiado al detalle  más calculado y más profundo la idiosincrasia británica (y esto no se refiere únicamente a haber vivido allí, sino a haberlo diseccionado conscientemente y con manos de relojero), “I don´t drink coffee, I take tea, my dear” es, claramente, un reflejo de una pose de exquisitez muy del estilo inglés y muy costumbrista. Para mí, me va que ni que pintado. Esa frase no puede decirse a gritos, ni puede decirse perdiendo las maneras; aunque sí que puede arrojarse con desdén dañino y un buen aderezo de superioridad. Ni que decir tiene que, también, puede decirse con muchísimo amor. Y así podría continuar con cada verso… pero resumiré la segunda estrofa cuando va caminando por la Quinta Avenida con su bastón y el bastón lo lleva a todos los sitios consigo. ¿No es brillante? No se puede correr con un bastón, no se puede huir, ni siquiera habiendo peligro. El bastón obliga a mantener la compostura.

william-shakespeare-cke
William Shakespeare

La mayor carencia de mi historia es no haber sido vista por ninguno de mis padres (que sí mi madre), ni de nacimiento ni de puesta en escena, ni por ninguno de los hombres que han pasado por mi vida. Esto me ha hecho hacer muchas tonterías a lo largo de mi vida, de algunas me gusta acordarme y de otras no, pero todas fueron acometidas con valiente entusiasmo, dedicación e inocencia renovada. “Manners maketh man” o “manners makyth man” ya llevaba más de un siglo usándose por la Inglaterra isabelina en los tiempos de Shakespeare, pero él es para mí uno de nuestros grandes genios de la literatura a pesar de las leyendas, historias, conspiraciones y mitos acerca de su existencia real o no y quien la volvió a poner de moda, según tengo entendido. El caso es que alguien escribió toda esa obra prolífica, intensa y actual, válida hasta este siglo. Por supuesto, lectura súper recomendada. Yo misma he podido verme en Otelo por la violencia, en Noche de Reyes por la comedia bufa que es la vida, en El sueño de una noche de verano por la borrachera de la imaginación activa, en Hamlet por el dolor de la traición y la enfermedad de la familia, los soliloquios que me caracterizan, El mercader de Venecia por la avaricia y lo ruin del carácter sin terapia ni trabajo, y en otros muchos… reconozco emociones viles y otras no, el sentido del humor tan agudo, todo eso en mí a través de la obra de Shakespeare. Pero “manners maketh man” en una canción de Sting es algo que lo encumbra de gloria. Qué bonito homenaje, además de ser una gran verdad. Las maneras hacen al hombre al igual que lo hacen la falta de ellas.

Volviendo a esta tendencia del auto sabotaje. Creo que es algo que le pasa a muchísimas personas aparte de a mí. Las maneras nos dan un sentido de propiedad y de aceptación en el medio, pero nos pueden conducir a la máscara inamovible si no se tiene conciencia de uno mismo. Me he sentido muy atraída por personas que tienen maneras controladas, que son calmadas y delicadas al tacto, sensibles a las palabras de amor. Uno de mis secretos es la comida, observar a alguien comer. Y eso que desvelar secretos no está bien visto y lo considero un pecado casi insalvable. Pero sí puedo vigilar mi manera de comer, incluso, con mi bebé de casi un año requiriendo mis atenciones de manera permanente. Los modales, las maneras. No sólo por lo que se esté comiendo sino, más bien, por cómo se esté comiendo. Si atiende al momento, al lugar, al tiempo, a las personas y, por ende, el lenguaje. Mi manera de expresarme refleja mi capacidad creativa, mi deseo de mejorarme, mi atención al detalle, mi necesidad de buscar la palabra adecuada, esa que expresa con más exactitud lo que deseo declarar.

«Manners maketh man» o esta canción es una de mis maneras de hacerme visible, de ser vista y valorada por aquellos que nunca me vieron y nunca me verán. En terapia he tratado bastante esto de qué es ser vista por alguien. Los conocimientos me han dado seguridad y una especialidad; la academia y la universidad un registro que amar. No soy alguien que anime a la acumulación de datos ni de información, mi manera de vivir es a través del corazón, pero es que Picasso estuvo pintando bodegones una eternidad entera hasta que de pronto ya le salió el genio abstracto que le mandó al estrellato. Es decir, la práctica y la repetición sobre los contenidos aportan seguridad a la persona y elevan el espíritu, la habilidad. Mi querido Dr Salama (haz clic en el hipervínculo para conocer su nuevo blog, La Hermandad de los Gansos) es una persona sensible y amorosa conmigo, pero increíblemente mental y muy inteligente, lleno de conocimientos sobre psiquiatría y Cábala que le hacen ser una persona elevada a nivel espiritual. No existe cima sin suelo. No ser vista y, como consecuencia, mendigar el afecto masculino ha generado dolores espirituales y físicos en mí. Es sólo mi capacidad de aceptar cómo soy, qué hay en mí, todo lo horrible y lo maravilloso, lo que hace que mi actitud ante los años sea de alegría. Hasta habiendo visto morir a mi hermano pequeño después de todo su sufrimiento, hasta habiendo visto morir a mi abuelo una semana después, también de mi mano, hasta habiendo visto a mi familia fracturarse. Tengo un gran corazón que sabe amar, y en ello estoy.

Un comentario en “«Manners maketh man», las maneras hacen al hombre.

¡Deja un comentario!